Verdades bíblicas para animarte durante la crianza

Soy mamá de un bebé de 16 meses y, como mamá primeriza, han venido a mí muchas dudas y miedos en relación al cuidado y la crianza de mi hijo. Agradezco a Dios porque, por medio de Su Espíritu, en esta nueva etapa me ha dado más hambre de leer Su Palabra y de conocer la verdad que las Escrituras nos enseñan sobre la crianza.
Quiero compartirte algunos elementos bíblicos que han sido una herramienta sólida durante el ministerio de la maternidad y que deseo te brinden seguridad en Cristo en la tarea de la crianza.
Recuerda que tienes un Padre que te sustenta
«Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen» (Sal 103:13).
No olvides que Dios mismo está contigo, nunca te deja. En medio de la crianza Él es quien te sustenta y te ampara. Eres Su hija, Su especial tesoro, la niña de Sus ojos. Puedes vivir segura de que tienes un Padre en quien descansar, a quien acudir y entregarle todo tu cansancio, miedos e incertidumbre. Gracias a la obra de Cristo, Él ya llevó toda carga y temor en la cruz, por ello, puedes acercarte confiadamente al Padre y descansar en que Él te mira, te escucha y obrará a favor de ti y tu familia.
No olvides que Dios mismo te entregó el ministerio de la maternidad
«Un don del Señor son los hijos, y recompensa es el fruto del vientre» (Sal 127:3).
La Biblia apunta al diseño de la familia y, dentro del mismo, el ministerio de la maternidad. Dios te ha concedido ser madre y te dio al hijo o los hijos que tienes para su cuidado y crianza. Ciertamente somos madres imperfectas, con pecado, fallas y debilidades, pero Cristo cubrió esa imperfección gracias a Su vida perfecta. En Él somos nuevas criaturas preparadas para buenas obras (Ef 2:10) y una de ellas es la crianza.
Cuando estés cuidando a tu hijo, cuando le estés enseñando, cuando le hagas de comer, cuando lo vistas, cuando laves su ropa, cuando le cantes una canción, cuando le leas la Biblia, mira a Cristo y recuerda que Él entregó Su vida por amor a ti y que ese amor te capacita cada día para criar a tu hijo.
Ten presente que estás pastoreando un alma
Saber que Dios me concedió un hijo y que lo hizo con un propósito, que lo guíe para Su gloria, fue una verdad que impactó mi mente y cambió profundamente la idea superficial de la crianza. A su vez, entró en mí cierto miedo al dudar si realmente podría criar a mi hijo de manera correcta.
La crianza no es fácil y cometeremos muchos errores, pero nuestro descanso no son nuestras obras, pues nunca serán perfectas. Nuestra paz es que al final Cristo será quien moldee el corazón de nuestros hijos.
Partiendo de ello, tenemos seguridad para su crianza, pues confiamos que Dios completará Su obra en nuestros hijos por lo que podemos actuar sin temor.
Ahora bien, teniendo en cuenta todo esto, quisiera invitarte a:
Cuidar el corazón de tu hijo. Muchas veces nos concentramos en garantizar a nuestros hijos una buena alimentación, una escuela de calidad, un espacio seguro para vivir, entre otras cosas que no son malas, pero que, al enfocarnos en ellas estamos idolatrando lo creado en lugar del Creador y desviando el propósito de cuidar el corazón de nuestros hijos. Es precioso saber que Dios nos encargó una tarea incomparable de cuidar corazones, una labor que es para el Reino de los cielos, y apunta a la eternidad, a almas redimidas para Su Creador. Por ello, te animo a trabajar en lo más importante, el corazón de tu hijo. Estudia la Palabra con él, oren juntos, promueve que acuda a la iglesia, que se integre a los grupos, etc.
No centrarte solo en reglas. Muchas veces pensamos que las clases, las actividades, las reglas en casa, serán las llaves maestras para que tu hijo «se porte bien» o tenga una «buena conducta». Sin embargo, de esta manera dejamos a un lado la verdad bíblica de que lo que hay en nuestro corazón es lo que se revela externamente (Lc 6:45), en ese sentido, el reflejo de la conducta de tu hijo es lo que hay en su corazón. Por ello, más que tener una actitud legalista, te invito a ser intencional en pasar tiempo con tu hijo, toma tiempo para platicar con él o ella, conocer sus inquietudes y, que, ante su pecado, dudas, miedos y luchas, vayan juntos a la Palabra.
Modela el Evangelio en casa y fuera de casa. Esto implica reconocer que eres pecadora y que vas a fallar, no tienes que presentar una máscara de perfección ante tu hijo, más bien muéstrale cómo es más grande la gracia de Dios que cubre tus pecados y te invita a una nueva vida de arrepentimiento, fe y obediencia. Que la gracia y Su poder en tu vida sea el ejemplo que se viva en casa.
Procuren tiempos devocionales como familia. Te recomiendo apartar un tiempo como familia para estudiar y alabar juntos a Dios; elijan un tema o un libro para que, de forma unida, lo examinen a la luz de las Escrituras y compartan lo que Dios les muestra.
Deseo que estos elementos bíblicos y algunos consejos que he compartido sean de bendición a tu vida. Sobre todo, que descanses en Cristo quien, como tu Sumo sacerdote, te entiende mejor que nadie en medio de las luchas, el cansancio y los miedos que puedas enfrentar en la crianza. Recuerda que Él ya cargó todo en la cruz y que este precioso don de ser madre te lo entregó y será Él mismo quien te sustentará y te guiará a ti y a tu familia, hasta Su venida.

Diseño: Gabriela Rodríguez





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