Jesús, el mejor Maestro

Por Izumi Durán

¿Cuál era tu materia o asignatura preferida de la secundaria? La mía era historia, era mi materia favorita porque el maestro disfrutaba mucho enseñar. Recuerdo que no era el más ordenado en los apuntes que hacía en el pizarrón, era un tanto olvidadizo porque frecuentemente no pasaba la lista de asistencia. Sin embargo, el entusiasmo con el que enseñaba hacía que te trasladaras a la época o momento histórico que explicaba.


Algo que me impacta de la vida de Jesús es Su forma de enseñar, no por nada le decían “Maestro”. Jesús no perdía oportunidad para enseñar a todo aquel que estuviera cerca, fuera una multitud o una sola persona. Sus enseñanzas no eran teóricas o académicas, sino vivas porque Su palabra es viva. Cuando enseñaba, también confrontaba, pero siempre con amor y justicia.

Escogió a 12 discípulos y con dedicación les enseñaba día a día.


De todos Sus discípulos, había un en particular que se distinguía por su fuerte personalidad, por hablar sin pensar y por hacer promesas a la ligera, ¿sabes quién era? así es, Pedro. Simón, este hombre pescador que dejó su oficio para seguir al Maestro y a quién después Jesús le cambiaría el nombre y le llamaría Pedro. Él era del círculo más cercano a Jesús, en diferentes ocasiones fue amonestado por Jesús pero la lección más importante que Pedro necesitaba sería después de la muerte de su Maestro.


La última vez que Jesús y Pedro se vieron antes de que Jesús resucitara, fue cuando Pedro le negó por tercera vez momentos previos a la muerte de Jesús:


“El Señor se volvió y miró a Pedro. Entonces Pedro recordó la palabra del Señor, de cómo le había dicho: «Antes que el gallo cante hoy, me negarás tres veces». Y saliendo fuera, lloró amargamente”. Lucas 22:61-62 NBLA


Puedo suponer que después de negar tres veces a su Maestro, Pedro sintió vergüenza, frustración, confusión y otras emociones con las cuales tu y yo seguramente nos identificamos. Sólo puedo imaginarme qué habrá pasado por la mente de Pedro cuando vio la tumba vacía y cuando Jesús se le apareció; “que decían: «Es verdad que el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón»” Lucas 24:34 NBLA.


Pero sabiendo que para los que le amamos todo obra para nuestro bien y que nada sucede por casualidad, tenemos la certeza de que Jesús también tiene mucho que enseñarnos, y Él buscará la mejor forma y el momento adecuado para hablar a nuestro corazón.


El momento de enseñarle de forma personal a Pedro había llegado. Estaban siete discípulos reunidos, pasaron toda la noche en una barca en el mar y no pescaron nada.


“Cuando ya amanecía, Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dijo: «Hijos, ¿acaso tienen algún pescado». «No», respondieron ellos. Y Él les dijo: «Echen la red al lado derecho de la barca y hallarán pesca». Entonces la echaron, y no podían sacarla por la gran cantidad de peces”. Juan 21:4-6 NBLA


Juan reconoció que era Jesús y le dijo a Pedro: “«¡Es el Señor!». Oyendo Simón Pedro que era el Señor, se puso la ropa, porque se la había quitado para poder trabajar, y se echó al mar”. Juan 21:7 NBLA. Cómo estudiante nervioso y cómo si hubiera reprobado un examen y que ahora se encuentra frente a su maestro reaccionó Pedro, pues hizo algo absurdo, se vistió para echarse al mar.


Jesús estando en la orilla del mar ya les había preparado el desayuno, los discípulos ya sabían que era su Maestro pero ninguno se atrevió a preguntarle directamente quién era.


“Cuando acabaron de desayunar, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó Pedro. Jesús le dijo: «Apacienta Mis corderos». Volvió a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». «Sí, Señor, Tú sabes que te quiero», le contestó Pedro. Jesús le dijo: «Pastorea Mis ovejas». Jesús le dijo por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: «¿Me quieres?». Y le respondió: «Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero». «Apacienta Mis ovejas», le dijo Jesús”.

Juan 21:15-17 NBLA


Jesús, como buen Maestro, requería toda la atención de los discípulos, especialmente la de Pedro. Lo primero que le dice es “Simón, hijo de Juan”, ¿sabes por qué? porque nuestro Maestro nos conoce de forma personal, sabe cuáles son nuestras debilidades y la forma en la que te enseña a ti seguramente es distinta a la que me enseña a mi porque somos diferentes, tenemos distintos gustos y personalidades, Él nos conoce y sabe perfectamente lo que necesitamos.


“¿Me amas más que estos?” ¡Wow! Frente a los demás discípulos Jesús le está diciendo a Pedro que compare su amor por Él con el amor que los demás discípulos le tenían. Sin embargo, recordemos que antes de negarlo, el mismo Pedro había afirmado amar más a Jesús que los demás discípulos; “Pedro le respondió: «Aunque todos se aparten por causa de Ti, yo nunca me apartaré»” Mateo 26:33 NBLA. Pedro creía que su amor por Jesús era tal, que nunca lo abandonaría pero esto no fue así.


Tres veces Jesús le preguntó a Pedro si lo amaba, las primeras dos veces Jesús empleó el vocablo griego “agapao” cuyo significado es muy profundo, es el amor más puro y sublime, un amor que no puede ser igualado, amor por el cual una persona entrega su vida en bien de otros, es decir, el amor que Jesús expresó en la cruz.


Pedro le respondió a Jesús con una palabra diferente, él le dijo “Tú sabes que te quiero”, empleó un vocablo griego distinto, “phileo” que describe en general un amor afectuoso, basado en emociones y afectos, es el amor que tenemos por nuestra familia o amigos. Al emplear este vocablo, Pedro está reconociendo que su amor por Jesús es distinto. Pedro ya no está hablando a la ligera ni sin pensar, los sucesos le habían hecho madurar, las enseñanzas de Jesús estaban dando fruto en su vida, un fruto que no se dio de un día para otro, sino que llevó tiempo.


Finalmente, la tercera vez que le pregunta a Pedro, Jesús empleó el mismo vocablo que Pedro había usado para contestarle; “Jesús le dijo por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: «¿Me quieres?». ¿Por qué se entristeció Pedro? seguramente porque cayó en cuenta de las tres veces en que lo había negado, de cuán presuroso había sido para hablar. Jesús le estaba enseñando la importancia de ser honesto y de reconocer cuánto aún tenía que aprender.


Y le respondió: «Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero». Tal vez antes Pedro pensaba que amaba a su Maestro por encima de todo y de todos, pero este diálogo con Jesús le dio la oportunidad de humillarse y decirle a Jesús “Tú lo sabes TODO”. Pedro estaba reconociendo que Jesús le conocía mejor que él mismo y siendo el mejor Maestro se lo enseñó con amor y paciencia.


Las tres veces que Jesús cuestionó a Pedro le dio una instrucción, “apacienta y pastorea Mis ovejas”. Parte de lo que Jesús quiso mostrarle a Pedro con Su enseñanza era que si bien había pecado y fallado, eso no lo descalificaba para la obra para la cual Dios lo había apartado. De la misma forma, tu y yo fallamos pero eso no hace que Jesús nos deseche o nos descalifique porque sabemos que en Él somos capaces de hacer lo que Él ha dispuesto para nosotras:


“No que seamos suficientes (idóneos, dignos, competentes)

en nosotros mismos para pensar que cosa alguna

procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios”.

2 Corintios 3:5 NBLA


Nuestro Maestro es bondadoso, paciente, amable, amoroso, Él renueva Sus misericordias en nuestras vidas cada mañana. Sus enseñanzas no son para alimentar nuestra mente sino para transformarla y para hacernos día a día más dependientes de Él. Seamos discípulas diligentes y dóciles, recordemos que lo que cada una está viviendo hoy, ha sido dispuesto desde la eternidad con el propósito de que nuestra fe sea fortalecida y de que siempre y en todo, Él sea glorificado pues Jesús es nuestro mejor Maestro.