top of page

Una mujer fuerte


¿Qué viene a tu mente cuando escuchas estas palabras: «una mujer fuerte»? Bueno, no sé qué piensas, pero considero que la respuesta a esta pregunta puede ser muy diferente, dependiendo de quién la responda o desde qué perspectiva y cosmovisión se dé la respuesta. 


Para el mundo, una mujer fuerte es una mujer «empoderada», considerada una mujer agresiva y dominante, capaz de igualar o incluso superar a los hombres. Es independiente y decidida, que no le teme a los retos; o bien, es esa mujer físicamente hermosa que vive para cuidarse y tiene éxito en todo lo que emprende.


Pero para Dios, una mujer fuerte dista mucho de lo que el mundo piensa. A decir verdad, lo que Dios dice es lo que realmente importa, porque Dios es el Creador que ha diseñado a la mujer con un propósito específico: Su gloria. Por lo tanto, es en el diseño de Dios para la mujer donde se encuentra la verdadera fortaleza que Él le ha otorgado. Veamos algunas formas en que se refleja esa fortaleza.


La fortaleza de un diseño diferente


Las diferencias existentes en cuanto al diseño del hombre y la mujer, están dentro de esas cosas que el mundo se ha empeñado en destruir. Según los mensajes populares, se considera injusto que la mujer sea diferente al hombre. Con esta premisa, el feminismo ha surgido como un movimiento que busca la igualdad de las mujeres, así como defender los derechos y la emancipación de yugos de discriminación y violencia.


Sin embargo, son las diferencias de la mujer con respecto al hombre, las que la hacen verdaderamente fuerte y especial. En la creación, al inicio de todo, Dios creó al hombre y a la mujer: varón y hembra los creó, a Su imagen y semejanza (Gn.1:27; Mt. 19:4; Mc. 10:6). Ambos son iguales en valor y dignidad, pero tienen roles diferentes. De esa forma, podemos ver que desde el huerto del Edén, las funciones de Adán y Eva están claramente delimitadas.


El propósito del Señor era que tanto el hombre como la mujer, pudieran darle gloria desde su diseño. Es decir, de un modo particular y único, diferente, pero igualmente importante y necesario. Ambos reflejan el carácter de Dios de forma no intercambiable: un hombre no puede glorificar a Dios como lo hace una mujer, ni una mujer no puede glorificar a Dios como lo hace un hombre. ¡Y Dios dijo que eso es bueno en gran manera! (Gn. 1:31)


Una de las fortalezas principales del diseño de Dios para la mujer, es precisamente eso, que sea diferente al hombre. Como expresó el pastor John MacArthur: «Decir que una mujer es igual a un hombre, es decir que no hay nada de especial en ser mujer». Si Dios hubiera querido que la mujer fuera igual al hombre, entonces no habría tenido necesidad de crearla, porque ya había creado a un hombre.


El hecho de que la mujer tenga un diseño diferente al del hombre hace que su papel dentro del plan de redención de Dios, sea único y valioso. En su diseño, la mujer tiene rasgos y funciones que Dios le entregó intencionalmente para poder complementar al hombre en el encargo que Él le dio. Asímismo, esto le permite apoyar y afirmar el diseño del hombre en formas distintivamente femeninas que él no posee, pero que necesita para ejercer eficazmente su masculinidad bíblica. Si las mujeres fueran iguales a los hombres, no podrían hacerlo, pues en ese caso, el hombre no necesitaría del complemento preciso y oportuno que ella le aporta.


La fortaleza de ser ayuda idónea


Según el designio de Dios para la mujer, hemos sido creadas para ser una ayuda idónea para el hombre. Hoy, estas palabras son motivo de rechazo, disgusto, comentarios incómodos e incluso resentimiento, no sólo en ambientes seculares, sino también en contextos cristianos, dentro de la propia iglesia. Para muchos, decir «ayuda idónea» significa que la mujer pertenece a un rango inferior o de segunda categoría porque el hombre fue creado primero, y ella fue creada para ser su ayuda, lo cual se interpreta erróneamente como una grave ofensa. Sin embargo, decir que las mujeres somos ayuda idónea no significa que el hombre sea el centro y protagonista, ni que la mujer sea una ayudante sin importancia, cuya opinión y valor no cuentan. 


En Génesis vemos que, cuando Dios creó a Adán, no se encontró en toda la creación una ayuda apropiada para él (Gn. 2:20). Entonces, el Señor decidió crearle una ayuda idónea, porque vio que no era bueno que el hombre estuviera solo (Gn. 2:18). Así es como la mujer entra en la escena de la creación (Gn. 2:21-22). Ella vino a ser una compañera: hueso de sus huesos y carne de su carne, tomada de él y para él (Gn. 2:23). Por eso su rol es de extrema importancia y belleza. No para que este diseño la hiciera sentir angustiada, menospreciada o abusada, sino para que encontrara su verdadero propósito conforme al diseño de Su Creador.


El diseño de la mujer como ayuda idónea es tan hermoso, además, porque se asemeja al carácter de Dios, quien no se avergüenza de ser el ayudador (EZER) de Su pueblo. En la Palabra encontramos múltiples evidencias de esto (Ex.18:4; Sal. 10:14; 20:2; 28:7; 33:20; 72:12; 86:17; 146; Jer. 14:8).


Entre el hombre y la mujer hay una igualdad en valor y dignidad delante de Dios, pero entre nuestro valor y dignidad y el Señor hay una diferencia abrumadora y gigantesca. Nosotras éramos enemigas de Dios, incapaces de ayudarnos a nosotras mismas, carentes y necesitadas de Su gracia e intervención en nuestras vidas (Ef. 2). No teníamos nada más que ofrecerle, que nuestra maldad (Ro. 3:10; 23). Aún así, Dios, por su voluntad, quiso ser nuestra ayuda Roca y sostén. Él se ha compadecido de nosotras y nos ha provisto a Su Hijo Jesucristo (Ro. 5:8), ofreciendo la ayuda idónea para nuestros terribles problemas que no tenían solución lejos de Él: el pecado y la muerte.


Cristo no consideró demasiado inferior u ofensivo, siendo el Rey y Señor, venir a este mundo y sacrificarse en la cruz por nosotras. Por el contrario, decidió despojarse de toda Su gloria y humillarse hasta lo sumo para dar Su vida a nuestro favor (Flp. 2:5-11).


Ser ayuda idónea es un llamado y un ministerio para la mujer, que no se limita al matrimonio ni a una etapa de vida determinada. La mujer, como ayuda, puede glorificar a Dios reflejando su carácter. Lo hace al ofrecer compasión, comprensión, apoyo y esperanza. Ella es capaz de crear un hogar para acoger a los suyos, no sólo en su casa, sino también en la iglesia y en las relaciones con otros. Sí, ella es muy cercana y relacional. Tiene la capacidad de crear conexiones profundas y de ser un puente de paz y unidad. Su hogar va más allá de cuatro paredes: es un espacio seguro y cálido; unos oídos atentos; un corazón amoroso y sensible que se goza con los que se gozan y llora con los que lloran; unas manos dispuestas a abrazar, levantar, sostener y servir.


La fortaleza de ser dadora y sustentadora de vida


Otra de las fortalezas más importantes del diseño de la mujer, es la capacidad dada por Dios de dar vida, y por Su gracia, de nutrir y cuidar de esa vida. En Edén, Dios creó a un hombre y a una mujer, pero después determinó, que sería la mujer la que seguiría procreando a nuevos hombres y mujeres portadores de Su imagen, para poblar toda la tierra. ¡Qué enorme privilegio y bendición que el Señor dé vida a través de nosotras a las próximas generaciones de hombres y mujeres que adorarán y servirán a Dios!

 

Las mujeres también tienen la gran responsabilidad de discipular a esas nuevas generaciones y llevarlas a Cristo, nuestro Señor y Salvador, a través de la increíble oportunidad de presentarles el Evangelio de salvación, por el cual, en arrepentimiento y fe, pueden recibir el perdón de sus pecados y la vida eterna.


Este aspecto del diseño de la feminidad bíblica no se limita sólo a las mujeres que tienen hijos biológicos. Toda mujer puede ser dadora de vida espiritual. Tito 2:3-5 dice que todas las mujeres están llamadas a mentorear mujeres más jóvenes en la fe e invertir sus vidas en ellas. De esta forma, se transmite el legado de la feminidad bíblica a las mujeres que vienen detrás. Éstas necesitan recibir de ellas todos sus cofres de experiencias y testimonios en su caminar con el Señor, desafíos y aprendizajes. Todo ello mostrará de forma real, que por el poder de Dios, sí se puede vivir como mujeres verdaderas: mujeres que exaltan a Cristo en su rol bíblico mientras caminan en este mundo hostil, conforme al buen diseño de Dios.


La fortaleza de reflejar la gloriosa relación entre Cristo y la iglesia


Específicamente dentro del contexto del matrimonio, la mujer, tiene la hermosa y gloriosa posibilidad de reflejar la relación entre Cristo y Su iglesia. Esta es una gracia y fortaleza distintiva del diseño divino de la feminidad bíblica, que apunta al pacto que Dios hizo con Su pueblo. El Señor se ha comparado así mismo como nuestro Esposo, el Amado y el deleite de nuestras almas, y a la iglesia, como Su novia. En el caso del matrimonio, la mujer puede reflejar la forma en que la iglesia debe responder a su Rey Jesús: con respeto y sujeción. Por otra parte, tiene el privilegio de recibir el amor de su esposo como el de Cristo a la iglesia.


Debido a la caída, esta relación a veces puede verse distorsionada por nuestro pecado y el de nuestros cónyuges. Pero cuando, por la gracia del Señor, una esposa busca someterse en humildad a su esposo como al Señor –de la misma forma en que la iglesia se somete al señorío de Cristo– estará glorificando así a Dios abundantemente, y el Señor recompensará su obediencia y rendición a Él. 


Aun cuando la actitud del cónyuge no sea la de amarla como Jesús a Su novia, la iglesia, Dios puede hacer grandes cosas cuando nos disponemos con un corazón sumiso y gozoso a seguir Su voluntad. Dios sólo nos pide ser fieles con lo que nos ha encomendado a nosotras, Él se encargará del resto (Sal.37:5; Prov. 3:5-8). Una cosecha de hermosos frutos eternos podríamos obtener (Gal.6:9). 


Una mujer fuerte de verdad


Definitivamente la fortalezas del diseño de Dios para la mujer bíblica, superan con creces la forma de pensar que tiene este mundo sobre lo que es una mujer fuerte. El Señor no mide la fortaleza según nuestras medidas humanas. Para el mundo, mucho de lo que Dios ve como fortaleza, es considerado como debilidad. Sin embargo, es ahí donde en verdad se perfecciona Su poder (2 Cor. 12:9). 


Para Dios, una mujer fuerte de verdad, es aquella que vive plenamente el diseño con el que el Señor la hizo para vivir. Es una mujer humilde y rendida a Su voluntad y a Sus caminos; una mujer satisfecha con una vida libre y abundante sólo en Su Creador. Él define la forma y el rumbo de su vida; Él es su esencia, su propósito y su razón de existir. 


Una mujer verdaderamente fuerte es aquella que se ha arrepentido y ha creído en Cristo para salvación, y como resultado, busca honrarle y vivir para Él en todas las áreas de su vida. Es una mujer que se fortalece en el Dios fuerte y en el poder de Su fuerza (Ef. 6:10).




Descarga gratis el documento para colorear a continuación:




Diseño: Vianela Valerio / @vianela_valerio

 
 
 

Comentarios


  • Facebook
  • White Instagram Icon
© 2024 Ella Florece Internacional
bottom of page