Crisis, afán y ansiedad: ¿amigas o enemigas?
- Saray Jaimes

- hace 25 minutos
- 3 Min. de lectura

Hace más o menos tres años viví una de las crisis emocionales más grandes de mi vida. Crecí siendo perfeccionista y meticulosa. Crecí haciendo horarios y calendarios estrictos de todas mis actividades, hasta el punto de que un cambio en mis horarios implicaba terminar en un «mal día». Creía que el llenar cada espacio de mi día con actividades me hacía muy productiva delante de Dios. Sin embargo, el constante deseo de asumir un rol que no me correspondía, creyéndome dueña del tiempo e incluso de mí misma, fue, sin lugar a duda, una gran ofensa hacia Dios. Cuando pensaba que estaba «honrándolo» por hacer todo perfectamente, en realidad lo estaba deshonrando. Comencé a preocuparme más por complacerme a mí misma y olvidé que no hay nada más importante que involucrarme en las cosas del reino: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal» (Mt 6:33-34 RVR1960). Preferí lo carnal por encima de lo espiritual.
La carne vs. LAS COSAS DEL REINO
El sermón del monte, el primero de los discursos más importantes de Jesús en el libro de Mateo, ¡es toda una obra de arte! Jesús, con Su sutil manera de enseñar, presenta varios aspectos de la conducta humana, los cuales tenían como propósito llevar a todos esos judíos presentes a reflexionar con respecto a ellos mismos, llevándolos también a la fe salvadora y verdadera. Una de esas grandiosas enseñanzas, tiene que ver con esto que mencioné anteriormente: el afán y la ansiedad. En palabras más prácticas, Jesús animaba a sus oyentes a no preocuparse por nada, sino creer en que el poder soberano de Dios es suficiente para cubrir cualquier necesidad.
Esto me lleva a pensar: ¿se tiene afán y ansiedad solo en medio de situaciones extremas? ¡No! Es común ver cómo, de manera cotidiana, nos afanamos por las necesidades básicas (comida, bebida, vestido) por alguna interrupción en nuestro horario, incluso por días que ni aún han llegado y, de esa manera, centramos toda nuestra confianza y fe en nuestra «más grande voluntad». Sin embargo, Jesús fue muy explícito con respecto a eso:
«Miren las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas? ¿Quién de ustedes, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? Y por la ropa, ¿por qué se preocupan? Observen cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan. Pero les digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si Dios así viste la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará Él mucho más por ustedes, hombres de poca fe?» (Mt 6:26-30).
¿Es normal sentirse así? ¿Debería el afán y la ansiedad formar parte de nuestros días de crisis? ¡Claramente Jesús nos dice que, aunque podamos experimentar momentos difíciles, no debemos dejarnos dominar por ellas! El final de ambas emociones simplemente nos deja en un lugar peor al que nos encontrábamos; el afán y la ansiedad no producen alegría y esperanza, al contrario, producen tristeza y desesperación. La unión de ambas es la perdición emocional. Y ese fue muy seguramente el sentimiento que yo tuve hace tres años. Me engañé en creer que lo que hacía era para Dios, pero al final solo buscaba complacer mi carne, mi orgulloso y altivo corazón. Así pues, confirmamos que esta triada (crisis extrema, afán y ansiedad) son nuestras enemigas, pues su único fin es hacernos dudar de la providencia de Dios en Su creación.
Esperanza en el Reino
Pero ¿quién sino Dios para proveer en la vida de Sus hijos preciados?. Querida lectora, sentirse afligidos, muchas veces por ambas emociones (afán y ansiedad), pudiésemos decir que es normal, sin embargo, la verdad es que lo único que demuestra es nuestra falta de fe y confianza verdadera en Aquel que nos escogió, lavó y selló, dándonos la dicha de tener una vida nueva (nuevo nacimiento). Desde el principio el Padre se encargó de todo y no hay otra cosa por hacer, sino obedecer a Su Palabra y confiar en Sus promesas.
¿Que si vamos a tener momentos de crisis? ¡Por supuesto! De eso no vamos a escapar. Lo único que cambia es que dependerá de ti el cómo enfrentes dicha situación, si permitiendo que tus emociones (afán y ansiedad) te consuman, o buscando primeramente el reino del Padre Celestial para que sea Él quien te dé la paz que tú necesitas.

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