Quien me entiende en todo

Por Ana Maria Cardenas





Me es difícil pensar que Dios entiende nuestro dolor e incertidumbre, o el simple hecho de estar cansada y no saber cómo seguir. Juan en el evangelio, nos expone a un Jesús que es todo Dios y también hombre. Algo que me encanta en la narrativa de este libro, es la cantidad de veces en las que Juan mostró tan humano a su Maestro y la manera en la que centró todo el evangelio en guiarnos profundamente a contemplar quién es Jesús.


Algunos versos bíblicos que ponen esto en evidencia son:

  • "Jesús lloró." Juan 11 :35 NBLA

  • “y allí estaba el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía." Juan 4:6 NBLA


En estos dos versículos, Juan describe dos actitudes bastante humanas: llanto y cansancio.


Nuestra visión humana está ligada a diversos factores, esto debido a que nuestra mente tiene muchas limitaciones. Para mí, siempre ha sido un reto pensar que Dios me entiende y permítanme contarles un secreto; esto incluso me ha impedido acercarme con libertad a Él.


¿Notaste que escribí acercarse con libertad?, tenemos la constante impresión de que Dios está en el cielo, esperando que hagamos algo mal para que... ¡PUM! lluevan desgracias sobre nuestras vidas y ¡no! así no es Él. Lo anterior nos limita y nos cohíbe, así es cómo convertimos aquello que está destinado a ser una relación, en una carga pesada de llevar.


Lo que yo piense de Dios no lo cambia a Él, pero definitivamente juega un papel crucial en cómo nos relacionamos con Él. Cuando Sus discípulos le dijeron: “enséñanos a orar”, Jesús usó la palabra Padre para iniciar y nos marcó el camino, nos mostró la relación que tendríamos con Él. En otra ocasión dijo que ya no éramos sólo sus siervos sino Sus amigos.


Es impresionante lo intencional que Jesús fue para mostrarnos lo que quería para nosotros y decidió entregar todo a fin de darnos esos privilegios.


Nota: antes de seguir leyendo, te invito a activar el botón de la imaginación.


Volviendo al libro de Juan, vemos que Jesús sintió tristeza y cansancio las cuáles tú y yo comprendemos perfectamente. Puedo asegurarte que sabes lo feo que es caminar bajo el sol de mediodía y sí, Jesús había caminado un muy largo trayecto porque ellos no tenían carros y lo más parecido a esto, era andar en burro o caballo.


También sabes lo satisfactorio que es sentarse después de haber caminado durante mucho tiempo y poder estar en un lugar fresco para huir del sol, es una gran sensación ¿no? ¡Jesús entiende eso! Él tuvo un cuerpo, al igual que tú y yo y en ese mismo cuerpo padeció.


Piensa lo siguiente, la angustia de Jesús previa a Su crucifixión fue tanta, que Su sudor cayó como grandes gotas de sangre a la tierra, Lucas quien era médico, lo narró en el evangelio que escribió (Lucas 22:44). Lucas sabía que esto no era cualquier cosa, el cuerpo de Jesús somatizó Su enorme angustia en un fenómeno poco usual llamado hematidrosis.


Aunque Jesús es un gran ejemplo de cómo manejar nuestras emociones, Su cuerpo no podía soportar el peso de tanta preocupación porque Su cuerpo estaba ligado a la vulnerabilidad que nosotros entendemos. Nuestro cuerpo no sólo necesita descansar, necesita muchas otras cosas más y justamente eso nos hace humanos.


No quiero que te confundas, Dios es Dios y es soberano. No tenemos un sumo sacerdote que no se pueda compadecer de nosotros. Jesús es quien entiende la tentación pues fue tentado, entiende el dolor porque pasó por dolor en todas las formas y en cada situación nos dio ejemplo.


Hebreos 4:15 nos lo muestra:

"Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino Uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado".


Eso me da una libertad impresionante, no me imagino cómo sería acercarme a un Dios que no sabe cómo me siento porque entonces, tendría que fingir la mayoría de mis emociones y siendo honesta, eso nos haría llevar una carga horrible. Por eso es triste ver a Dios cómo lejano, cuando ÉL fue tan detallado para amarnos hasta el punto de entendernos en todo para que pudiéramos relacionarnos con Él. Soy feliz de ver a un Jesús que decidió ser humano para entenderme.


¿Puedes imaginar a ese Jesús humano?


Juan se autodenominó en repetidas ocasiones como "el discípulo a quien Jesús amaba" o "el discípulo amado", lo curioso es que no hay evidencia de que Jesús lo haya expresado con Su boca, pero Juan lo tenía claro.


Juan vio a Dios hecho hombre, lo vio llorar, cansado, con hambre, dormir y lo vio cubierto de sangre colgado en una cruz. A ÉL es a quien apunta su evangelio, al hombre que es Dios, a Quien entiende tu dolor porque fue tan humano cómo tú y cómo yo. Juan comprendió que nadie haría eso, si no fuera por amor. Un Dios que se hace tan bajo hasta hacerse humano, está loco de amor. Porque la humanidad es sinónimo de vulnerabilidad constante, ÉL aceptó esa vulnerabilidad y se humilló a sí mismo hasta el final y todo lo hizo por amor.


Conocer a un Jesús humano nos lleva a dar un salto de libertad al saber con quién nos relacionamos, vuelve tu mirada a Jesús, al humano que también conoce el dolor y cada una de esas emociones con las que a veces, no sabes cómo lidiar.


No trates de encontrar siempre las palabras correctas, Él sabe que hay lágrimas que expresan esa carga pesada que se quedó atascada en la garganta pero que pesa en el corazón. Él sabe que hay temporadas en las que las palabras no fluyen, pero las lágrimas sí. Respira y déjate abrazar por Aquel que aceptó ser humano para entendernos por completo. Jesús se conmovió por las lágrimas de María y lloró con ella, aun sabiendo que Lázaro resucitaría.


"Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna”.

Hebreos 4:16 NBLA.


Esto es posible precisamente porque Él me entiende en todo. Él sabe que la mejor manera de acercarse a alguien que no puedes ver, es compartiendo algo en común. Me conmueve pensar que Jesús se hizo hombre para conocer qué es llorar, dolerse y mezclarse con la locura de este mundo y sufrir para hacer un sacrificio semejante.


Él sabe qué es difícil para ti, Él varón de dolores sabe de qué hablas, o porqué lloras. Te aseguro que Él conoce tu dolor más de lo que puedes imaginar. Medita en esta verdad por unos momentos, para Aquel que lo sufrió todo no es difícil entender la incertidumbre y la soledad o el hecho de estar cansado.


Me gustaría que guardaras esto en tu corazón; el Dios al que rendimos nuestras vidas, es un Dios que buscó entendernos y fue tan determinado en amarnos que no se rindió sino lo entregó todo para poder sentarse contigo y con ojos rebosantes de gracia decirte, “está bien , yo te entiendo. Solo déjalo ahí, en esas manos que fueron traspasadas para darte libertad”.


Años de evidencia en las vidas de miles de personas que han vivido Su gracia, nos cuentan de Su amor y pienso que a veces, nos falta valor para dejar salir de nuestro interior la honestidad que nos permite respirar en paz y entender que ante Él podemos mostrarnos tal y como somos porque Él nos entiende, sólo acércate a Aquel que sabe cómo se siente cargar una cruz, tener profundo dolor y gran angustia.


Acércate para probar y ver cuán bueno es Él, para disfrutar la paz de saberte amada y de encontrarte sostenida por Sus reconfortantes brazos.