¿Mi vestimenta habla de mi relación con Dios?
- Azul RamĆrez
- 14 jun 2024
- 4 Min. de lectura

Seguro has escuchado que existen códigos de vestimenta que implican que de acuerdo al tipo de evento depende la ropa que debes utilizar. Por ejemplo, si es un evento formal o de gala, en las invitaciones se suele colocar una leyenda Ā«etiqueta rigurosaĀ», que significa vestir ropa muy elegante. Tal vez el evento de este estilo que tenemos mĆ”s presente es el denominado Ćscar,Ā donde incluso hay un desfile de vestidos y trajes para ser apreciados por los espectadores y muchas veces evaluados sobre la pertinencia de su uso.
Ćltimamente, al pensar en cómo vestirme, me he cuestionado cuĆ”l es mi motivación. ĀæSerĆ” tal vez seguir algĆŗn código de vestimenta? En verdad, puedo dejarme guiar por muchas razones y opiniones, ignorando la Ćŗnica voz que debe dirigirme, la de Dios, desestimando asĆ que fui llamada para adorarlo.
Nuestro corazón puede desviarse al querer seguir tendencias, voces e incluso al obstinarse en su propia voluntad, lo cual se refleja en elecciones, actitudes y conductas. Dentro de todo esto, entran las decisiones sobre la ropa que usamos.
Es necesario recordar que la motivación para vestirnos, y para cualquier actividad, debe ser glorificar a Dios. La Palabra nos revela: Ā«Asimismo que las mujeres se atavĆen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedadĀ»(1 Ti 2:9-10).
Una vida piadosa
Podemos notar que, la Biblia, al hablar de la vestimenta, nos llama a mirar que ésta es algo mÔs que simplemente un accesorio, refleja una actitud del corazón invitÔndonos a llevar una vida de piedad.
Juan Calvino desarrolló el concepto de la piedad y ayudó a mostrar cómo impacta en la dimensión teológica y prĆ”ctica de la iglesia. Para Calvino, la piedad es una actitud correcta ante Dios que comprende conocerlo, adorarlo genuinamente; la fe en Cristo, un temor reverente al Padre y una obediencia en el espĆritu en amor. Significa temer ofender a Dios, mĆ”s que temer a la muerte (Beeke, La espiritualidad puritana y reformada, 2).
Tomando en cuenta estos elementos, podemos seƱalar que ser una mujer piadosa implica tener un conocimiento de quiƩn es Dios y cuƔl es Su voluntad. AdemƔs, se trata de una fe que se practica, pues impacta cada Ɣrea de nuestra vida en las decisiones que tomamos; es un estilo de vida que busca agradar a Dios y teme desobedecerle, no por miedo, sino por amor.
Ahora bien, cabe preguntarnos ¿de nosotros nace naturalmente buscar a Dios, conocerle, amarle y obedecerle? Es decir, ¿un corazón piadoso se alcanza con mis propios esfuerzos?
Sólo en Cristo puedo ser una persona piadosa
La verdad bĆblica apunta a lo que Pablo nos dice en su carta a los romanos: Ā«no hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inĆŗtiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera unoĀ»(Ro 3:10-12).
Por eso, Dios mismo diseñó un plan de salvación donde el Ćŗnico justo y bueno, Cristo, tuvo que cargar con nuestro pecado para hacernos justas y buenas delante de Dios. Solamente en Cristo somos rescatadas de nuestra vana manera de vivir y capacitadas para amar a Dios. AdemĆ”s, por Su EspĆritu Santo somos guiadas para adorarle genuinamente con todo nuestro ser.
Cristo nos dio vida nueva, y en Ćl tenemos poder para vencer el mal con el bien y para agradar a Dios con todo lo que pensamos, hacemos y decimos. En Cristo somos competentes para alabar a nuestro SeƱor con nuestra vestimenta, para ser mujeres piadosas, vestidas de amor y temor reverente.
Mi código de vestimenta es el amor a Cristo
Siendo salvas para una vida nueva, entendemos que nuestro parĆ”metro para vestirnos no es un código social, no es una opinión, mucho menos puede ser algo que contradiga a Dios.Ā
Es Cristo mismo quien nos hace libres. Por un lado, del libertinaje, porque hemos sido rescatadas de nuestra vana manera de vivir y ahora somos revestidas con poder para elegir sabiamente. No buscamos saciar nuestros deseos porque nuestro deleite estÔ satisfecho en Cristo, la única fuente que nos sacia por siempre. Por otro lado, también nos libera de cualquier tipo de legalismo, pues la modestia no se trata de cumplir la ley por apariencia, pensando que por las obras seremos salvas. Sino que se trata de entender que estamos sujetas a la gracia de Dios quien, sin merecerlo, nos llamó a una nueva vida y ahora somos renovadas para poder obedecer Su ley por amor. Es decir, somos rescatadas y ese cambio lo proporciona Cristo, por el poder de Su sangre que nos revistió de amor.
En el amor de Cristo encontramos libertad para que, incluso con nuestra vestimenta, adoremos a nuestro Creador y no a lo creado. Bajo esta tesis, podemos disfrutar tener variedad de colores, estilos y modelos de ropa porque lo hacemos teniendo en mente la gloria de Dios y el propósito de nuestras vidas.
Somos libres en Cristo para adorarle y agradecer con todo nuestro ser, carÔcter y decisiones, Su amor incomparable y lo que hizo por nosotras en la cruz. Vivimos para Cristo y nuestras elecciones sobre las prendas reflejan un corazón piadoso, uno que estÔ alineado a la voluntad de su Padre.
Te invito a que, de ahora en adelante, al mirar tu ropero, el código de vestimenta del amor de Cristo, asà como el temor reverente a Dios, sea lo que dirija tus decisiones sobre la ropa que usas.

DiseƱos: Valeryn Adam
