Las pantallas, mis hijos y yo
- Escritora Invitada

- 10 feb 2025
- 4 Min. de lectura

Los científicos siguen estudiando el impacto de las pantallas en nuestra salud física y emocional y, mientras más las estudian, más implicaciones negativas encuentran. De hecho, las Sociedades Científicas y de Pediatría intentan hacer recomendaciones para limitar su uso.
Es bueno que podamos informarnos y también tener en cuenta dichas recomendaciones, pero hoy quiero que consideremos algunos aspectos que nos puedan dar una visión más amplia del tema, para que podamos ver que es aún más profundo de lo que parece porque es un asunto de nuestros corazones.
Una batalla
Lo primero que necesitamos tener bien en claro es que las pantallas, antes de ser una batalla con nuestros hijos, han sido una batalla en nosotras mismas. Antes de poder ver la debilidad de nuestros hijos, debemos ver la nuestra. Debemos examinarnos como mamás en esta área y preguntarnos cómo estamos nosotras en relación a las pantallas. De esta manera, podremos darnos cuenta que, fácilmente, somos absorbidas por los dispositivos electrónicos, nuestros corazones son cautivados por estos y nosotras somos engañadas por el enemigo, ya sea en el contenido que vemos como en el uso que le damos a estos aparatos.
El apóstol Pablo decia: «Todas las cosas me son lícitas, pero no todas me son de provecho. Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna» (1 Co 6:12). Puede ser difícil vivir esta Palabra, pero no es imposible en el Señor. El apóstol Pablo podía decir que él no se iba a dejar dominar, que nada iba a tomar el control de su vida excepto Dios y, en Cristo, nosotras también podemos hacerlo. Este es un desafío para nuestras vidas.
No podemos exigir a nuestros hijos moderación con las pantallas cuando nosotras no la tenemos. Debemos pedirle al Señor que nos dé la sabiduría y el valor en el uso de las mismas. Como dice 2 Pedro 1:3 : «Dios, en su gran poder, nos ha concedido lo que necesitamos para llevar una vida piadosa». Éstas son las cosas que tu hijo también necesita saber y vivir, pero no podrás guiarlo hacia la ayuda que él necesita sin que antes la experimentes en tu vida.
No expongas a tus hijos al enojo
Hoy sabemos que cuando los niños son expuestos a las pantallas pueden experimentar cambios en el comportamiento, dificultad para regular sus emociones, menos tolerancia a las frustraciones y otras cosas en relación a su conducta.
Debemos entender que, muy posiblemente, cuando permitimos a nuestros hijos un exceso de pantallas los estamos exponiendo al terreno del enojo; y en esto hemos recibido instrucción específica de parte del Señor. Como dice Efesios 6:4: «Ustedes padres, no hagan enojar a sus hijos, sino que críenlos en la disciplina del Señor».
Si vemos los efectos de las pantallas en nuestros hijos, pongamos un freno. Por más que el contenido no sea dañino, tal vez es demasiado el tiempo que pasan frente a ellas. Con lo cual, podemos proponer otras actividades para ellos e incluso involucrarnos y disfrutar juntos en familia. Volver a conectar con sus necesidades.
Recuerda cuán importante es pasar tiempo juntos. Si son niños pequeños, poder separar el tiempo para jugar con ellos será muy valioso; si son adolescentes, poder compartir tiempo de charlas, paseos y tiempo de calidad generará mayor confianza y mejorará los vínculos.
Deseo que puedan ser abiertos nuestros ojos y que podamos identificar estos efectos negativos en nuestros hijos. Que el Señor nos dé la gracia de encauzar el curso de las vivencias en nuestro hogar. Recordemos que, como esposas y mamás, somos animadas a esto. Como dice Proverbios 31:27: «Ella vigila la marcha de su casa…»; somos instadas a observar con cuidado lo que sucede en nuestros hogares, y en la vida de cada miembro de la familia.
No duermas
Mateo 13 nos relata que Jesús les contó otra parábola a Sus discípulos: «El reino de los cielos puede compararse a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero mientras los hombres dormían, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue».
Mamá, tal vez el Señor está sembrando la buena semilla en los corazones de tus hijos y tú misma seas un instrumento en las manos de Dios en esa labor, pero ¡no te duermas! ¡No te descuides! Porque el enemigo de las almas de tus hijos está buscando sembrar en ellos la mala semilla y va a usar los dispositivos electrónicos para hacer su trabajo.
No te olvides que, mientras nosotras dormimos, el enemigo va a querer hacer su trabajo estratégicamente. Va a querer sembrar pornografía, mentiras en cuanto a Dios y Su diseño, mentiras en cuanto a su identidad, y muchas más ideas falsas. Por eso nosotras debemos estar atentas. Debemos estar velando. La victoria de ayer no nos garantiza la victoria de mañana, ésta es una batalla de cada día.
Al crecer en dependencia del Señor, Él nos va ayudar a estar despiertos, a estar atentos. Oremos al Señor que nos dé ojos espirituales para ver las realidades espirituales que rodean a nuestros hijos.
Hay esperanza en el Evangelio
Y por último, quisiera decirte que hay esperanza en el Evangelio y que podemos hablar de esta esperanza con nuestros hijos. Necesitamos contarles que nuestro mayor problema no son las pantallas, sino nuestro corazón que se aleja de Dios, que no le ama y no quiere obedecerle.
Sin embargo, la buena noticia es que Cristo conoce nuestras debilidades y debido a que Él murió y resucitó, abrió un nuevo camino al Padre. Si creemos en el don de la salvación, Él nos da un nuevo corazón que puede amarle y obedecerle. Incluso, el Espíritu es el que nos da el dominio para usar con moderación las pantallas, o apartarnos de ellas si fuese necesario. Nuestra esperanza es que pronto llegará el día en que estaremos para siempre con el Señor, y la Palabra dice en Apocalipsis 15:21 que las primeras cosas pasaron y que todas serán hechas nuevas. Pronto viene el día en el que ya no seremos más absorbidas por nuestros celulares, ni las pantallas nos alejaran de las cosas buenas que el Señor nos dio. Sino que Él mismo cautivara nuestro corazón y todo nuestro ser.
¡Mamá, ánimo! Recuerda en tu corazón que puedes cumplir con la labor que el Señor te ha encomendado estando en dependencia de Él y disfrutando de Su gloriosa presencia.
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Diseños: Frida García




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