La sumisión de la mujer en el matrimonio
- Yeimy de Robainas
- 24 jun 2025
- 5 Min. de lectura

En el contexto del matrimonio, la sumisión es un Ôrea que puede generar diversos conflictos. Hay mujeres que se incomodan al encontrarse con este mandato y se encuentran profundamente resentidas, pues se ha tergiversado el significado de la sumisión.
Erróneamente se asocia sumisión a soportar abuso, ser inferior al hombre y ser tratada como una esclava que debe hacer todo en la casa, sin tener voz ni voto. Pero esto NO es la sumisión.
A continuación, me gustarĆa describir lo que la sumisión NO es:
La sumisión no significa que nunca puedes tener una opinión o que nunca puedes estar en desacuerdo con tu esposo.Ā
La sumisión no significa que tú no puedes ser una mujer inteligente, con dones y habilidades.
La sumisión no significa que tienes que someterte a tu esposo si Ć©l te lleva a pecar.Ā
La sumisión no significa que nunca puedes confrontar a tu esposo cuando éste se equivoca y toma una mala decisión, o estÔ haciendo algo que va en contra del Señor.
La sumisión no significa que tu vida y crecimiento espiritual como creyente dependen de tu esposo. Esta falsa idea puede llevar a una mujer a malinterpretar que, si por ejemplo, si su esposo no lee su Biblia, no ora, deja de congregarse y no crece en santidad; entonces ella tiene que someterse a su esposo al descuidar su propia vida espiritual.
La sumisión no significa que como mujer tienes menos valor que el hombre.Ā
La sumisión no significa que tienes que soportar abuso fĆsico o emocional por parte de tu esposo y mantenerte callada.
La sumisión no significa que tu esposo va a ejercer siempre su liderazgo perfectamente y que siempre va a ser fÔcil someterte a él.
La sumisión no significa que tĆŗ esposo se merezca siempre tu respeto o incluso que tenga siempre mayor conocimiento intelectual o preparación bĆblica que tĆŗ.
Ahora déjame decirte algunas cosas que la sumisión Sà es:
Una mujer sumisa puede tener una opinión diferente. TĆŗ eres un ser que piensa, siente, y decide, porque fuiste creada por Dios. Tienes opiniones, gustos y una forma propia de ser, siempre y cuando te expreses adecuadamente.Ā
Una mujer sumisa puede tener y emplear los dones y habilidades que Dios le ha dado para el bien de su esposo y familia. Como la mujer de Proverbios 31 ella es una mujer diligente, laboriosa y sabia que usa sus recursos para darle bien y no mal a su esposo, todos los dĆas de su vida. Parafraseando al pastor John Piper: Ā«una mujer que es ayuda idónea y se somete a su esposo es aquella que afirma, anima y apoya el liderazgo de su cónyuge, poniendo a disposición de Ć©l y de su hogar todos los dones, talentos, energĆa y recursos que ella tieneĀ».
Efesios 5:22-24 enfatiza claramente que la sumisión de la mujer es «como al Señor». De manera que el primer compromiso de toda mujer como creyente es con Cristo. Su sumisión a su esposo debe ser para honrar a Cristo, como si estuviera sometiéndose a Dios directamente. Por lo tanto, no debe someterse a ninguna cuestión pecaminosa que la lleve a deshonrar el nombre de su Señor.
Quiero hacer un parĆ©ntesis aquĆ para decir que, el hecho de que la sumisión sea Ā«como al SeƱorĀ», nos puede dar estĆmulo, Ć”nimo, valor y aun gozo, para poder abrazar este llamado en obediencia a pesar de lo difĆcil que sea muchas veces. Podremos someternos de una mejor manera si recordamos que lo estamos haciendo Ā«como para al SeƱorĀ», por Ćl y para Ćl, como si fuera a Ćl mismo a quien nos estamos sometiendo. Esto en especial es muy oportuno en esos momentos de tensión, donde la sumisión se hace una carga que parece insoportable de llevar. Recordemos que no podemos hacerlo solas; es Ā«como al SeƱorĀ» y en Su EspĆritu, fortalecidas por Su poder y auxiliadas por Su gracia.
Puedes ser una esposa sumisa y confrontar a tu esposo. Sin embargo, debemos recordar que no solo se trata de decir la verdad, sino saber decirla con amor: usando las palabras adecuadas, de la forma adecuada, y en el momento correcto. Muchas veces lo ideal va a ser que nos detengamos primero, y que oremos al SeƱor para que nos guarde de reaccionar impulsivamente diciendo palabras sin pensar, hirientes, ofensivas, acusadoras o manipuladoras, que es nuestra tendencia pecaminosa y natural. Y que nos permita responder con un espĆritu afable y apacible; con gracia y bondad; extendiendo misericordia y paciencia a nuestro cónyuge aunque no lo merezca;. Tampoco se trata deĀ intentar ser su EspĆritu Santo, ni creer que somos espiritualmente superioresĀ o mĆ”s santas que ellos, sino de dejar queĀ DiosĀ sea quien obre en sus corazones.
Ahora bien, es muy importante que una esposa tenga en cuenta que, para ser una ayuda idónea verdadera de su esposo, muchas veces y por amor a Ć©l, tendrĆ” que decirle lo que necesita oĆr y no lo que quizĆ”s Ć©l quiere oĆr. Si una esposa no hace esto, estĆ” desobedeciendo el mandato de amar a su esposo quien es tambiĆ©n su hermano en Cristo.
Independientemente de que debas someterte a tu esposo, tĆŗ eres una creyente delante de Dios y debes responder por tus actos. Tu esposo debe velar por tu vida espiritual y alentarte en Ć©sta, pero si no lo hace asĆ, no debes depender de Ć©lĀ para cultivar tu relación personal con el SeƱor.
La sumisión no es un asunto de quiĆ©n tiene mĆ”s valor entre el hombre y la mujer, sino de roles. Ambos son iguales en valor y dignidad, pero diferentes en sus roles y responsabilidades. El diseƱo de Dios es que el hombre sea la cabeza de la mujer, el lĆder de su hogar, y que la mujer sea su ayuda idónea. Juntos se acompaƱan y se complementan mutuamente, en sus funciones de reflejar la gloria y el carĆ”cter de Dios en sus vidas, matrimonio y familia.
Puedes ser sumisa pero no por eso soportar abuso y violencia fĆsica o emocional. El abuso degrada la imagen de Dios en el ser humano y Dios no lo aprueba. La vida de una mujer y de sus hijos pueden estar en peligro en situaciones asĆ. Si Ć©ste es tu caso, por favor no sigas callada y busca ayuda para salir de esta situación que es un ciclo de destrucción.
La sumisión muchas veces va a ser difĆcil. Esto, en primer lugar, por nuestro propio pecado de orgullo y rebeldĆa como mencionaba antes, pero debemos recordar que nuestro esposos tambiĆ©n lo son, ellos son pecadores igual que nosotras y lamentablemente, a veces no cumplen su rol de liderazgo como debieran.
El llamado de la sumisión debe ser puesto en prĆ”ctica aunque nuestro esposo no se lo merezca y sea difĆcil. En la Palabra no se dice que debemos someternos a nuestros esposos si se lo merecen o si se ganan nuestro respeto. Se trata de una posición de liderazgo que Dios les dio y nada les quita esta posición, aunque ellos mismos puedan incumplir su rol. Debemos someternos a ellos por fe, aceptando la autoridad que Dios les ha otorgado. Incluso, si un esposo tiene menor preparación intelectual o madurez espiritual que su esposa, debe someterse a Ć©l de igual forma. Esto no debe ser un impedimento para cuestionar sus decisiones o menospreciarlo.

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DiseƱo Ambar Arias


