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La historia de vida de Jonathan Edwards


Hablando de nuevos comienzos y vidas con propósito, nos pareció apropiado traer sobre la mesa el nombre de Jonathan Edwards. Primero te contaré quién fue y luego la razón por la que decidimos tomarlo como referencia para este tema.


Jonathan Edwards es un nombre bastante importante en la cultura estadounidense, ya que es considerado, por muchos, el teólogo más grande de América, además de ser un misionero clave para los nativos americanos.


Nació en Connecticut el 5 de octubre de 1703. Sus padres Timothy y Esther eran personas que estaban íntimamente relacionados con la iglesia y las enseñanzas doctrinales, además de ser personas brillantes a nivel académico. Jonathan recibió su educación en casa hasta los 14 años. A esa edad fue aceptado en la Universidad de Yale.

En su adolescencia sentía un profundo interés por las almas, la salvación, el patrimonio puritano, entre otras cosas (que probablemente ni tú ni yo teníamos en mente a los 14 años… o ahora). Uno de los filósofos a los que más frecuentaba era a John Locke, e interactuaba constantemente con científicos como Isaac Newton.


A partir de sus 20 años inició su ministerio. Primero fue asistente de su abuelo y, años más tarde, se convirtió en pastor. Al ser un hombre con muchísima educación e intelecto, generalmente sus sermones solían ser predicaciones llenas de profunda teología. No era considerado un pastor extravagante ni emocional, era caracterizado por enseñar de forma precisa y sencilla, con doctrina pura y Cristocéntrica.


Luego se dedicó a misionar. De hecho fue un personaje clave en la evangelización de los indígenas mientras escribía ensayos teológicos. Llegó a inspirar a misioneros como William Carey y Jim Elliot.


A los 54 años murió de tuberculosis pero, a pesar de haber fallecido a una temprana edad, el legado que dejó ha impactado generaciones, incluyendo la nuestra.


Ahora, tal vez te preguntarás, ¿en qué está relacionado Jonathan Edwards con «los nuevos comienzos»?


Generalmente, a finales o a inicios de año, nos proponemos objetivos o resoluciones a cumplir. Jonathan Edwards formuló 70 resoluciones para su vida. Éstas son muy famosas, puesto que, incluso, se pueden dividir en distintos aspectos de la vida. Edwards redactó las resoluciones cuando entendió que, al ser salvo por mera gracia, debía corresponder al Señor haciendo un buen uso de su tiempo, emociones, inteligencia, relaciones interpersonales.


Te invitamos a que puedas leerlas a todas, en los links que dejamos a continuación al final del blog, sin embargo seleccionamos algunas de ellas hoy para que las conozcas y examines. Éstas son:


Resolución 4: Resuelvo, nunca hacer ninguna clase de cosas, ya sea en el alma o cuerpo menos o más, que tienda a aminorar la gloria de Dios.


Resolución 12: Tomo la resolución de que si me deleito en algo como una gratificación para mi orgullo, o vanidad, o en cualquier medida, inmediatamente la rechazaré.


Resolución 23: Estoy resuelto con frecuencia a tomar alguna acción deliberada, la cual parece ser lo más adecuado hacer, para la gloria de Dios, y rastrearla a su intención original, los diseños, y fines de ella; y si encuentro que no sea para la gloria de Dios, juzgarla como una violación de la Cuarta resolución.


Resolución 28: Estoy resuelto a estudiar las Escrituras tan firmemente, constantemente y con frecuencia, al punto de que pueda encontrar y plenamente percibir, que estoy creciendo en el conocimiento de ella.


Resolución 43: Estoy resuelto, de aquí en adelante, hasta que me muera, a nunca actuar como si fuera mi propio dueño, sino entera y completamente soy de Dios porque será agradable ser hallado así.


Varias de las resoluciones fueron escritas entre diciembre de 1722 y enero de 1723. Poco a poco fue añadiendo más afirmaciones que revelan un firme deseo de vivir una vida cristiana integral, con propósito, metas en el Señor, pero sobre todo, a tener una conducta que apunten plenamente a la gloria del Señor y no a la suya propia.


En este sentido, Jonathan Edwards es un gran ejemplo de cómo debemos plantear nuestros proyectos. Es un indicio de la productividad que señala que es Jesús el fin último de cada uno de nuestros planes o metas.


Fuentes:



Imprimible-coloreable-Jonathan-Edwards
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Diseños: Vianela Valerio

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