El rol de la esposa en el cuidado familiar
- Ana Zenón

- hace 7 días
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Si bien el cuidado de la familia recae principalmente en el varón como cabeza, es necesario recordar que la esposa no debe quedarse de manos cruzadas, pues el Señor también tiene un mandato para ella en el cuidado de este regalo tan hermoso llamado familia.
La mujer de Proverbios 31 es una mujer que se ocupa realmente del cuidado familiar, es una mujer que sirve como ejemplo para cada una de aquellas mujeres cristianas cuyo deseo es agradar al Señor cuidando de los suyos. Cabe señalar que, más que una lista de consejos para las mujeres, este proverbio es un llamado a los hombres para saber qué buscar en una mujer, puesto que fue escrito por una madre hacia su hijo, Lemuel.
La madre de Lemuel le habló acerca de las cualidades de una esposa virtuosa, de su carácter y actividad, dándole a Lemuel una idea de la mujer que debía buscar y apreciar. Es por eso que hemos tomado este, y otros textos bíblicos, para mencionar cuál es el rol de la esposa ante el cuidado familiar, de modo que los varones puedan orar y buscar una esposa así, y que las mujeres podamos orar y convertirnos en una mujer así que un hombre piadoso quiera tener.
Amar a la familia (Tit 2:4; Pr 31:11-12; 1 Ts 2:7)
«Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos» (Tit 2:4). Amar es el primer deber de la mujer para con la familia. Pablo ordenó a las ancianas que enseñaran a las mujeres jóvenes a amar mucho antes que a organizar una casa, preparar alimentos nutritivos, tener a sus hijos bien vestidos. Obviamente, todo esto emana de un amor por tu familia, sin embargo, puedes hacer esto y no amar ni a tu esposo, ni a tus hijos, pero, cuando los amas, todo lo demás lo vas a hacer por amor a ellos.
Aunque ambos deben gozar de tu amor, tanto tu esposo como tus hijos, la verdad es que hay un orden y niveles en que debes otorgar ese amor a tu familia. Muchas mujeres piensan que su amor por los hijos debe ser incluso más grande que el amor hacia su esposo, pero, bíblicamente hablando, esto no es así.
A diferencia de lo que muchos piensan, la prioridad de la mujer casada después del Señor es su propio marido, y no sus hijos. Dios ha hecho el matrimonio como la relación que más une (Gn 2:24).
Amar tiene que ver con una decisión más que con un sentimiento, aunque no estamos diciendo que no se vale sentir. Dios nos ha hecho seres con sentimientos que, por la caída, no son del todo lícitos. Sin embargo, en Cristo, esos sentimientos pueden ser redimidos. Por lo que la mujer cristiana debe decidir amar a su familia, incluso a pesar de que ellos no merezcan su amor, a pesar de que no sienta como antes, a pesar de ver pasar los años. Entonces, ¿cómo puedo amar a mi esposo?
Respetando su liderazgo (Ef 5:22-23)
Practicando la sumisión a él (1 P 3:1)
Dándole bien y no mal (Pr 31:12)
Mostrar amor a tu esposo no solo honrará a Dios, sino que además traerá bendición sobre la relación que cultiven con los hijos que el Señor les dé, ellos serán felices siendo testigos del amor que sus padres se tienen. De hecho, hay un mayor bien para los hijos después de Cristo, y ese bien consiste en ver que sus padres se aman profundamente. Por lo tanto, ¿cómo puedo amar a mis hijos?
Predicándoles el Evangelio (Mr 16:15; Dt 6:7).
Enseñándoles la Biblia (1 Ti 1:5; 1 Ti 3:15; Dt 6:7).
Orando por ellos (1 S 1:11).
Siendo un buen ejemplo para ellos (Pr 31:28).
Disciplinándolos (Pr 29:15; Pr 19:18; Pr 13:24).
Ayudar a la familia (Gn 2:18; Pr 31:1; 2 Ti 2:14-15; Mr 7:25-26)
«Ezer» es el verbo que se usa para la palabra ayuda. Este verbo se usa para referirse a ayuda militar o a un tipo de rescate. De hecho, en los salmos, se usa la palabra «ezer» para referirse a Dios como nuestro ayudador. Así que, amada hermana, ser ayuda idónea para tu esposo no tiene nada que ver con falta de valor, capacidad o pensar que eres inferior a él, sino que el varón necesita de su esposa para ejercer correctamente su rol dentro del cuidado familiar. Hermana mía, tu esposo te necesita, como Abraham necesitaba de Sara, Lutero de Catalina, como Spurgeon de Susana. Ninguno de ellos serían recordados como lo son ahora si no hubiera sido por la ayuda de sus mujeres. Una esposa no puede ser una «ayuda», a menos que sea «idónea». Lo cual tiene que ver con una ayuda adecuada, algo que se necesita para funcionar bien y, para ello, tiene que tener mucho en común con su pareja. Si el esposo es un obrero, muy probablemente sería una locura que escogiera una mujer perezosa; si es un hombre erudito, una mujer sin conocimientos tal vez sería inadecuada. Amadas hermanas, no solo los varones deben abrir bien los ojos al elegir esposa, sino que también las mujeres deben abrir bien sus ojos al aceptar ser esposa de un varón ¿Seré realmente una ayuda idónea para él? ¿Seré capaz de seguir su liderazgo y someterme a él?
Ahora bien, ¿en qué puedo ayudar a mi esposo?
A ser un hombre piadoso (1 S 1:21-22; 1 S 25:3): Ana dejó que Elcana fuera a ofrecer sacrificio a Jehová y ella se quedó con Samuel.
A cumplir con el llamado que Dios le ha dado como cabeza (Pr 31:11): Respeta sus reglas, no lo critiques o hables de lo mal que lo hace solo para difamarlo.
En la crianza de los hijos (1 S 1:23; Pr 14:1; Pr 31:15).
En la administración de los recursos económicos (Pr 31:15-28): No despilfarres todo el dinero en compras compulsivas, haz rendir el gasto, cuida su salario.
En el hogar, la mujer no solo es la ayuda del varón sino que, de cierta manera, también es ayuda para sus hijos. Ella es quien pasa la mayor parte del tiempo con los hijos cuando el padre sale cada día para proveer materialmente para sus hijos. La mujer es quien está presente y es ella quien escuchará varias vocecitas por ahí diciendo: «¡Mamá, mamá! No puedo hacer esto»; «¡Mamá no me sale!»; «Mamá ¿me ayudas con la tarea?»; «¡Mamá! ¿Cómo se hace?». Y es ahí donde la mamá, con mucha paciencia y dedicación, deberá acudir y otorgar auxilio a sus hijos. Como Dios, que cuando escucha el clamor de sus hijos no hace oídos sordos sino que viene a nuestro auxilio prontamente (Sal 46:1; He 13:6), así también la madre va y otorga su ayuda a los suyos.
Agustín, uno de los mejores teólogos de la historia, cuenta en su famosa obra «Confesiones» que poco después de su conversión al cristianismo leyó los salmos por primera vez y contó también cómo su madre Mónica los leyó con él. Agustín le pidió «ayuda» para entenderlos, «porque ella caminaba segura en la senda en que yo apenas estaba encontrando mi camino», dice Agustín. Las mujeres tienen esas maravillosas oportunidades de ayudar a sus hijos a perseverar en los caminos del bien. Una mamá que está ayudando a sus hijos a ser piadosos no solo está trayendo gloria al Señor, sino que además está beneficiando a toda una sociedad tan necesitada de hombres y mujeres temerosos de Dios.
¿En qué puedo ayudar a mis hijos/hijas?
Amar a Dios (Mr 12:30).
Cultivar una relación viva con el Señor (Tit 3:15-17)
En las labores del hogar (Tit 2:4): limpiar y ordenar su cuarto.
En la elección de esposa/ esposo (Pr 31; Pr 23:22).
En la elección de sus amistades (Pr 16:28; Pr 17:17). Ellos apenas están creciendo y aún no saben muchas cosas, por eso es que es bueno que los ayudes a elegir amistades que los acompañen en su crecimiento con Cristo y no lo lleven a pecar.
Cuidar a la familia (Pr 31:15, 21, 28)
Jocabet cuidó de Moisés, Ana de Samuel y Eunice de Timoteo (Ex 2:8-9; 1 S 1:22; 2 Ti 1:5). Uno de los llamados de Dios para con la mujer es el cuidado de la familia. Aunque la mujer no debe tratar al esposo como un hijo, porque definitivamente no lo es, si es necesario su cuidado para con él, en aspectos físicos y espirituales también. De igual manera, para con los hijos, la mujer debe estar vigilante como la guardiana del hogar que es.
El cuidado al esposo en relación a lo material, tiene que ver con acompañarlo a:
Cuidar de su salud (Pr 31:21).
Cuidar su alimentación (Pr 31:15),
Cuidar sus responsabilidades laborales (Pr 31:23)
Y en relación a lo espiritual:
Animarlo a que priorice su relación con Dios: lectura de la Biblia, oración, congregarse (2 P 3:18).
El cuidado a los hijos en relación a lo material, tiene que ver con:
Cuidar su salud (Pr 31:21; Ex 2:9).
Cuidar su alimentación (Pr 31:15).
Cuidar su aprendizaje (Pr 4:20-23).
Y en cuanto a lo espiritual:
Que conozcan el Evangelio (Ro 1:16).
Que se nutran de la Biblia (2 Ti 3:15).
Que aprendan a pensar bíblicamente (Dt 6:6-9).
Que tengan buenas amistades (Pr 10:21; 1 Co 15:33).
Y cuidando todo aquello que ve, lee, oye etc. (Dt 6:8-9).
Procurar a la familia (1 R 17:12; Pr 31:15; Pr 31:21)
Tu primer ministerio como mujer es tu hogar, no tu trabajo, no la iglesia, ni las amistades; sino el hogar. Por eso quiero animarte a priorizar el cuidado del hogar y la familia.
Proverbios 31:13-14 dice lo siguiente:
«Busca lana y lino,
Y con voluntad trabaja con sus manos.
Es como nave de mercader;
Trae su pan de lejos».
Buscar lino y lana, en este contexto, es una labor que habla sobre el corazón de sierva de esta mujer tenía. Ella estaba entregada al cuidado y la protección de su familia. Por eso, cuando hablamos de procurar a la familia, hablamos de procurarnos, esforzarnos por nosotras mismas también, no en un sentido egoísta, sino en un sentido de responsabilidad y buena mayordomía (1 R 17:12).
Por ejemplo, con respecto a nuestro esposo podemos esforzarnos de la siguiente manera:
Pasando tiempo juntos (Gn 2:24).
Teniendo buena comunicación (Gn 2:8).
Manteniendo relaciones sexuales (1 Co 7:3).
Con respecto a nuestros hijos:
Compartir tiempo con ellos (Ex 2:9).
Hablar de temas difíciles (Dt 6:7)
Estar presente en momentos importantes (Ex 2:9).
Apoyar sus sueños y proyectos (1 Cr 29:23.
Dar afirmaciones continuamente (Gn 49:3-4).
Y, con respecto a mi persona, a mí misma, necesito:
Procurar mi tiempo en la Palabra (Lc 10).
Procurar la oración (1 S 1:10).
Cuidar mi salud física (Ex 20:13).
Cuidar mi alimentación (Ex 20:13).
Conclusión
En la Biblia se compara el amor de Dios con el amor de un padre por sus hijos, pero no solo eso sino que, además, se compara el amor de Dios con el amor de una madre. Cristo mismo es el ejemplo vivo de cuidado y amor por los Suyos, ese cuidado que una mujer debe tener por su familia (Is 49:15; Mt 23:37).
Amadas hermanas, si has descuidado a tu familia por cuestiones de éxito laboral, ministerios de la iglesia o simplemente por pereza y rebeldía, el Señor hoy te llama a arrepentirte. Él está aquí y quiere cambiarte. No dejes que el mundo te engañe, tu hogar es tu más grande proyecto, es tu más grande ministerio, tus hijos son tus más cercanos discípulos y tu esposo es tu más grande compañero.
Sin embargo, recuerda: nada de todo esto puedes hacerlo en tus propias fuerzas o por tus propios deseos. Lastimosamente somos egoístas y orgullosas, pecadoras por naturaleza, y nada de esto será posible si no buscas a Cristo Jesús para descansar en Él a cada momento y tomar las fuerzas necesarias para avanzar hacia la santidad. Somos débiles, somos incapaces de hacer, acompañar, amar, ayudar y servir a nuestras familias con excelencia. Pero Él es el que se hace fuerte en nuestra debilidad y nos sostiene para que esto sea posible.
¡Ánimo! En el Señor está nuestra fuerza y nuestra esperanza.

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Diseño: Gabriela Rodríguez






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