El mejor regalo de Navidad

Por Mónica Carvajal


Una semana antes de Noche Buena, Teresa estaba llorando y frustrada porque su madre le había dicho que no podía escribir más peticiones en su carta para Papá Noel y los Reyes Magos.


La situación se repetía año tras año, ya que Teresa era una niña que siempre quería más y más cosas. Si veía un juego nuevo, lo quería. Si sus amigas tenían ropa bonita, la quería. Si en la televisión mostraban algún lugar especial para divertirse, ella les pedía a sus padres que la llevaran a conocerlo.


Teresa no sabía poner límite a sus deseos. Siempre quería más, más y más. Nunca estaba satisfecha con nada y en su corazón no había gratitud por todas las bendiciones de las que disfrutaba.


Su mamá siempre se preocupaba durante estas fechas, ya que veía que su pequeña hija no entendía el verdadero significado de la Navidad.


Para Teresa la Navidad se trataba de regalos, comida, dulces, reuniones familiares y vacaciones del colegio.


Paola, la mamá de Teresa había visto que Linda, una vecina un poco mayor que Teresa, tenía un corazón generoso y dispuesto siempre a ayudar a los demás, así que decidió invitar a Linda a casa para que jugara con Teresa. Cuando Linda vio que el árbol de Navidad de su amiga estaba lleno de regalos y de paquetes, se sorprendió y decidió preguntarle:


“Teresa, veo que hay muchos regalos debajo de tu árbol de Navidad. ¿Sabes cuál ha sido el regalo más maravilloso que he recibido? te daré una pista, mi regalo no estaba envuelto en papel”.


Teresa la miró sorprendida, y respondió con un rotundo “¡no!”, y continuó: ¡no puede ser un regalo si no necesitas destaparlo! Todos los regalos tienen que estar envueltos en papel”.


Linda, con calma y paciencia empezó a explicarle: