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Eduquemos a nuestros hijos sin pantallas


El cerebro de un niño y un adolescente está en pleno desarrollo, a diferencia del cerebro de un adulto que ya ha alcanzado su madurez. Durante esta etapa, el cerebro infantil funciona como una esponja, absorbiendo información y experiencias del entorno de manera significativa.


Por esta razón, es esencial promover un desarrollo cognitivo saludable para que el niño crezca de manera equilibrada, en lugar de exponerlo a influencias perjudiciales. Estoy segura que no permitirías que tu hijo fume, beba alcohol o consuma sustancias tóxicas, porque entiendes el daño que pueden causar a su mente y organismo ¿verdad? Sin embargo, ¿te has detenido a pensar en los efectos negativos que tienen las pantallas digitales en su desarrollo cerebral, e incluso en el tuyo?


Según el INA (Instituto de Neurociencias Aplicadas):  «Una de las zonas más sensibles a la influencia del medio ambiente es la Corteza Prefrontal (CPF). La CPF es responsable de la planificación motora, concentración, inhibición de impulsos, memoria operativa, planificación, autorregulación emocional, etc. Exponerse a temprana edad y, por largos periodos de tiempo a pantallas puede llegar a enlentecer la CPF, generando en el niño un mayor riesgo de presentar conductas impulsivas, agresivas, adictivas, y no tomar decisiones adecuadas por una disminución de la capacidad de hacer encadenamientos». 1


El impacto de la tecnología en la salud mental


Desde la aparición de la tecnología digital, en especial los teléfonos móviles y las tabletas, la salud mental de niños y adolescentes ha mostrado un declive alarmante. De acuerdo con Sapien Labs:  «Actualmente existe una tendencia bien documentada de un progresivo deterioro en el bienestar mental de cada generación más joven que comenzó en algún momento entre los años 2010 y 2014. Un cambio mundial destacado que ha seguido esta tendencia ha sido la llegada del smartphone que brinda acceso las 24 horas del día, 7 días de la semana al internet y ha cambiado los hábitos cognitivos y sociales de los usuarios». 2


Estudios también confirman el incremento de los niveles de ansiedad, depresión e insomnio en jóvenes. La situación empeoró drásticamente con la pandemia, donde el uso de pantallas se volvió aún más excesivo.


En el Perú, según el informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), Estadísticas de las Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares:  «La población infantil es la que ha aumentado en mayor medida el uso de internet y aparatos electrónicos entre el 2019 y 2020, con un incremento de alrededor del 15% en general, y 28,7% en niños y niñas de 6 a 11 años». 3


El problema radica en que las pantallas actúan como una droga silenciosa. Muchas veces, los mismos creadores de estas tecnologías admiten que su diseño está pensado para generar este tipo de adicción. Redes sociales, videojuegos y aplicaciones como Instagram y TikTok, están diseñadas con algoritmos que manipulan el cerebro, provocando una liberación constante de dopamina, cuya función principal es la recompensa, la misma sustancia que interviene en el mecanismo de adicción a las drogas.


Es impresionante como la misma definición de un proceso de adicción de sustancias tóxicas es semejante a la de adicción a las pantallas, dejándonos ver cuán alarmante es esta situación.


La sociedad hiperestimulada y el peligro de la gratificación inmediata


Vivimos en una era de hiperestimulación, donde todo está diseñado para satisfacer impulsos de manera inmediata. Por naturaleza, el cerebro de un niño es impulsivo, ya que su corteza prefrontal (encargada de la regulación de los impulsos y la toma de decisiones) no alcanza su madurez completa hasta los 25-30 años. En ese sentido, los cerebros de los niños reciben de forma natural grandes cantidades de información sin procesarla adecuadamente. Si desde temprana edad se acostumbra a recibir gratificación instantánea a través de pantallas, las consecuencias posteriores serán fatales.


¿Qué ocurre en el cerebro de un niño expuesto a pantallas?


El cerebro produce neurotransmisores responsables del placer y el bienestar, como la dopamina. Entonces, cuando se expone a dispositivos electrónicos, los niveles de dopamina y endorfinas se disparan de manera artificial, cuando lo recomendable es que se produzcan de forma natural mediante un estilo de vida saludable, y no mediante la realización de actividades nocivas. 


A largo plazo, esto provoca en el cerebro y conducta del niño y adolescente:


  • Dificultades en la concentración y atención.

  • Mayor impulsividad e hiperactividad.

  • Desregulación emocional.

  • Disminución de la mielina, sustancia clave para la transmisión de información en el cerebro.

  • Baja tolerancia a la frustración.

  • Problemas de socialización y habilidades comunicativas.

  • Alteraciones en los patrones de sueño, provocando insomnio y fatiga crónica.

  • Ansiedad, depresión y trastornos de conducta


De hecho, este último es una de las consecuencias más alarmante ya que, en los niños que pasan demasiado tiempo frente a las pantallas, se ve gravemente afectada su capacidad para regular sus emociones, lo que puede derivar en agresividad, irritabilidad y falta de empatía.


El «chupete emocional» y la represión de emociones


Cabe destacar que cada vez es más común ver a padres que le entregan un dispositivo a su hijo cuando llora o está inquieto, sin darse cuenta de que esto funciona como un «chupete emocional». Al hacer esto, estamos enseñando al niño a reprimir sus emociones en lugar de aprender a gestionarlas de manera natural. Un niño necesita expresar su enojo, tristeza o frustración y a regularlas a través de la comunicación y el contacto humano, no a través de una pantalla.


¿Qué podemos hacer como padres?


No se trata de demonizar la tecnología, sino de hacer un uso consciente y saludable de ella. Para eso, me gustaría compartirte algunas recomendaciones que podemos tener en cuenta para hacer frente a esta batalla. 


  • Los niños no necesitan adaptarse ni aprender a usar las pantallas. La droga no se debe consumir ni con moderación ¿verdad? Aunque suene drástica y algunos expertos recomienden que no se les debe dar pantallas a los niños de 0 a 6 años, yo no recomiendo que tengan ningún contacto con pantallas de forma independiente, sino hasta que tengan la capacidad de decidir si esos dispositivos son buenos para ellos y los sepan usar de forma sabia, independientemente de la edad.


  • Fomentar actividades al aire libre y juegos tradicionales acorde con cada edad, que estimulen su desarrollo cognitivo y social.


  • Priorizar la interacción cara a cara con la familia y amigos.


  • Evitar el uso de pantallas antes de dormir, ya que la luz azul interfiere con la producción de melatonina, afectando el sueño.


  • Ser un buen modelo como adultos, reduciendo nuestro propio tiempo de pantalla y promoviendo momentos de calidad en familia. La solución no está en prohibir, sino en educar y acompañar.


  • Enseñar a los niños a reconocer y gestionar sus emociones en el Señor sin recurrir a dispositivos electrónicos. 


Querida lectora, los niños merecen una infancia sana, llena de interacciones reales y experiencias enriquecedoras. Ésta es una batalla difícil, pero no debemos librarla en nuestras fuerzas, sino en total dependencia del Señor. Esfuérzate en brindarles a tus hijos lo que necesitan para crecer y desarrollarse plenamente, pero recuerda que, al final, su futuro está en las manos del Señor y Él tiene cuidado de ellos.


Si toda esta información es nueva para ti, te animo a buscar en el Señor la misericordia y la gracia que necesitamos para acudir a Él, recibir su perdón y caminar descansando en Su perfecta voluntad.


2 Sapien Lab, Mayo 15, 2023 Resultados sobre edad cuando se adquirió el primer smartphone y bienestar mental



Descargar a continuación el siguiente documento para que pueda colorear: ¡es gratis!




Diseños: Vianela Valerio

 
 
 

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