Cómo amar a los demás siendo diferente (parte II)
- María de los Ángeles Zeta Nima
- hace 6 minutos
- 6 Min. de lectura

En el artículo anterior sobre «cómo amar a los demás siendo “diferente”», se dijo que la neurodivergencia forma parte de esa gran diversidad reflejada en toda la creación, y que, cuando elegimos ver la diferencia con los lentes del Evangelio, nos abrimos a una riqueza que de otra manera yacería oculta a nuestros ojos. Así mismo, es una oportunidad para aprender a valorar la diversidad humana como un reflejo de la soberanía y la gracia de nuestro Señor y madurar en nuestro amor por los demás.
También se mencionó que algunas personas neurodivergentes pueden mostrar ciertas vulnerabilidades de manera más evidente, pero eso no disminuye su valor ni su importancia dentro de la comunidad. De hecho, Pablo nos dice, en su segunda carta a los Corintios, que en la debilidad la gracia de Dios es suficiente y que es, precisamente ésta, la que permite que el poder de Dios more y se perfeccione en nosotras.
«Y Él me ha dicho: “Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad”» (2 Co 12:9).
Tristemente, esa no es la forma en que muchos cristianos ven las debilidades. Naturalmente, no solo rechazamos lo que es diferente a nosotras, sino que, también, rechazamos todo lo que puede parecer débil o frágil, tanto en otros, como en nosotras mismas. El mundo en el que vivimos es uno que lucha por sentirse empoderado y fuerte, no débil. Basta con mirar las grandes secciones dedicadas a los libros de autoayuda en las librerías, con toda una gama de temas. De hecho, estos suelen ser los libros más vendidos en comparación con otros géneros. Pero, en este pasaje, Pablo cambia esa perspectiva de debilidad.
Como lo expresa Jon Bloom: «La gente invierte activos para aumentar su valor. No invierte pasivos. Intenta eliminarlos, minimizarlos o incluso disimularlos. Es fácil ver nuestras fortalezas como activos. Pero la mayoría consideramos nuestras debilidades como pasivos: deficiencias que hay que minimizar o disimular. Pero Dios, en su providencia, nos da nuestras debilidades al igual que nos da nuestras fortalezas. En la economía de Dios […] las debilidades se convierten en activos […] Incluso puede ser que el activo más valioso que Dios te ha dado para administrar no sea una fortaleza, sino una debilidad».
Muchas personas neurodivergentes poseen tal vez debilidades más visibles (aunque no necesariamente), como aquellas con discapacidad física o intelectual, autismo, TDAH o dificultades de aprendizaje. Sin embargo, esas debilidades que al mundo le parecen obstáculos, para Dios son oportunidades para que se muestre y se aprecie de una forma más sorprendente Su infinito poder y valor.
Así que, si tú eres una persona neurodivergente —o no—, con una debilidad visible —o no—, somos invitadas a gloriarnos más bien en nuestras debilidades, para recibir algo infinitamente mejor: Él mismo. Y con ese poder que proviene de Él mismo, amar a los demás con amor sobrenatural, distinto a todos los demás.
Por esa razón, en este artículo te comparto tres consejos que pueden servirnos y ayudarnos al momento de amar a los demás, siendo «diferente».
Un corazón dispuesto
Aunque mi tendencia natural es encerrarme en mí misma, mi neurodivergencia también me hace propensa a actuar de esa forma. A menudo me cuesta estar con personas o en aglomeraciones, rodeada de muchos estímulos: como sonidos fuertes, el bullicio de los vehículos, luces intensas y olores fuertes. Es aún más difícil percibir mayores detalles y sutilezas en el entorno, etc.; todo esto hace que desee quedarme en casa, en la soledad de mi habitación y leyendo libros como un ratón de biblioteca. Pero, ni tú ni yo hemos sido llamadas a ser cristianas ermitañas. A pesar de cualquier neurodivergencia que podamos tener, hemos sido llamadas a crecer como parte de un cuerpo, una familia y disponer el corazón para servir a los demás en lo que necesiten.
Darme a mí misma a los demás es uno de los mayores placeres que encuentro hoy en día, pero eso ha sido posible únicamente por la gracia del Señor, que me ha llevado a deleitarme en hacerlo, a pesar de mí misma. Es algo que Él sigue trabajando en mí porque me es muy difícil. Así que, si esto también te cuesta, pídele al Señor que, por medio de Su Espíritu, te ayude a demostrar Su amor dándote a los demás de muchas maneras. Tal vez al participar de conversaciones al estar rodeada de personas diversas (aunque te resulte incómodo), o acercarte a alguien y preguntarle cómo se encuentra (aunque no sepas cómo hacerlo), etc.
No digo esto de forma simplista, porque sé que representa todo un desafío. Sin embargo, como una persona neurodivergente, te aseguro que la clave está en abrazar exactamente eso: que no podemos en nuestras fuerzas sino que es el Señor en nosotras, Él sí puede hacerlo a través de nuestras debilidades. Y, por supuesto, un paso a la vez. Al mismo tiempo, recordemos que necesitamos precisamente de una comunidad que sea nuestro sostén y apoyo; y nos anime en nuestro andar.
Mirarnos con los lentes del Evangelio
Es fácil caer en los extremos: o usamos nuestra neurodivergencia para manipular situaciones o personas y pecamos en su nombre, o llegamos a sentirnos tan inseguras que pensamos que nuestra condición es un castigo de Dios. Muchas veces vemos nuestra debilidad como algo que tenemos que cambiar y permitimos que nos defina, en lugar de abrazarla y vernos como Dios nos ve: de la misma manera que mira al Hijo Amado, en quien se complace supremamente.
«Cuando no permitimos que nada más que el evangelio nos defina, nos liberamos de la vergüenza o el orgullo que nos impiden amar a los demás practicando la vulnerabilidad, asumiendo riesgos sociales, pidiendo ayuda o enmendando nuestros errores cuando fallamos» (Laura Spaulding).
Nos miramos con los ojos del Evangelio cuando somos capaces de contemplar la hermosura de esa gloriosa realidad que Dios dice sobre quiénes somos verdaderamente. No somos lo que otros dicen de nosotras a causa de nuestras debilidades o neurodivergencia, ni lo que a veces pensamos de nosotras mismas. Somos lo que Dios dice que somos y eso debería ser suficiente (Ef 1).
El Evangelio revela nuestra fragilidad, con o sin neurodivergencias, pero al mismo tiempo tiempo revela el gran amor que fue derramado en nuestros corazones a pesar de nosotras mismas.
«Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, carácter probado; y el carácter probado, esperanza. Y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado. Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos» (Ro 5:3-6).
Su amor se derrama por los débiles e indignos en abundancia ¡y te aseguro que es toda una catarata de amor sin fin! Como dice un comentario: «Pablo describe la grandeza del amor de Dios. Es amor dado a los indignos, a los débiles, a los impíos, a los pecadores. Esto enfatiza que las razones del amor de Dios se encuentran en Él, no en nosotros».
Mirarnos a través de los ojos del Evangelio es difícil, imposible para nuestros ojos que son ciegos por naturaleza. Pero, cuando nos veamos, cada día, a cada instante, por Su Espíritu, encontraremos en el Evangelio, que el Señor nos susurra tiernamente: «Te quiero débil, amada hija, porque es tu debilidad la que hace que mi gracia se derrame sobre ti abundantemente».
Anhelar amar a los demás
Independientemente de nuestra neurodiversidad o neurodivergencia, hemos sido llamadas a amar a otros como Jesús quiere que lo hagamos. Lo que hacen nuestras debilidades es quitarnos toda autonomía o autosuficiencia y nos permiten depender únicamente de Aquel que nos capacita para reflejar un amor que ponga en evidencia que Él, que es amor en Sí mismo, nos habita.
Amada hermana, que nuestro anhelo cada día sea llegar a amar con un amor no normal a los demás, como un resultado de estar experimentando el amor divino en nuestro ser y, así, reflejar las excelencias del amor que nos fue mostrado en la cruz. Porque: «Y ahora permanecen la fe, la esperanza, el amor: estos tres; pero el mayor de ellos es el amor» (1 Co 13:13).

Lee aquí la primera parte:
Descarga este documento para colorear, lo imprimes y listo. ¡Es gratis!

Diseño: Vianela Valerio / @vianela_valerio
