¡Ya tengo una biblia!




Imagina ver algún objeto que deseas con tantas ganas, pero, por desgracia, no puedes tenerlo, pues no puedes pagarlo porque es realmente caro (ni siquiera podrías pagarlo con una tarjeta de crédito); entonces, te propones trabajar mucho para que centavo a centavo puedas ahorrar y conseguir lo que tanto anhelas. Después de varios AÑOS, logras conseguir el dinero y cuando vas a la tienda para comprarlo… ¡oh sorpresa! Ya no se encuentra eso que tanto deseabas… ¡Qué decepción!


Creo que todas hemos anhelado alguna cosa de esa forma y deseábamos tenerla cuanto antes. Pero, déjame hacerte una pregunta que puede causarte un sinfín de pensamientos o dejarte sin palabras, ¿te pasa lo mismo con la Biblia? ¿Así la has anhelado?

El Salmista declara: “¡Cuán dulces son a mi paladar Tus palabras!,Sí, más que la miel a mi boca” Salmos 119:103. Al leer este salmo, solo queda preguntarnos ¿Anhelo tanto las Palabras de mi Señor? ¿Anhelo tanto tener una Biblia y leerla día a día?, ¿es una delicia a mi paladar, incluso mucho más que la miel?


Todo eso que dice el salmista parece tan lejano, pareciera difícil pensar ello sobre nuestras biblias, más aun en nuestros tiempos, ya que es tan fácil conseguir una, de hecho, a veces tenemos tantas biblias; por ejemplo, yo tengo 5 y no quiero contar las que hay en toda mi casa. ¡Hasta nos pueden regalar una biblia en alguna campaña evangelistica! ¿Será que conseguir biblias tan fácilmente nos está impidiendo verlas como aquello que nuestras almas tanto anhelan?


Pensar en ello me recuerda mi niñez, cuando era pequeña, mis maestras de escuela me leyeron el libro titulado “María Jones y la Biblia”. Un libro que recuerdo con entusiasmo y me gustaría contarte a ti esa historia, la de una pequeña niña que anhelaba profundamente tener una Biblia y cómo es que ese anhelo personal, posteriormente, se convirtió en un anhelo general, que comenzó un proyecto, cuyo único propósito era que cada persona pudiera tener este preciado libro en sus manos.

La barca hundida

Fue en la noche del 20 de enero de 1953 cuando ocurrió un accidente, un trasatlántico que tenía ruta por el Canal de Suez provocó un impetuoso oleaje que hundió a una pequeña embarcación, estrellándola contra el muelle; los daños se consideraron irreparables y se dio por perdida la embarcación.


No obstante, cuando los empresarios del buque se enteraron del nombre y la misión que tenía esta pequeña lancha, se apresuraron a dar generosamente todo cuanto fuese necesario para comprar una nueva, a fin de que se siguiese realizando su hermosa labor. El nombre de la pequeña embarcación hundida era “María Jones” y su misión consistía en distribuir Biblias. Durante más de 150 años la bahía de Port-Said ha sido el centro de distribución de las Escrituras.


En aquel lugar, miles de barcos de todas las naciones esperan entrar o salir del Canal de Suez, con destino a todos los rincones del globo, por ello, es fácil comprender que sea un lugar estratégico para comunicar a todos los hombres la historia de salvación escrita por Dios en su Palabra: la Biblia. Allí, durante 20 años, la lancha “María Jones” había servido a los buenos propósitos de la Sociedad Bíblica de Londres, de llevar la Santa Palabra a almas sedientas.


El 28 de septiembre de 1955, dos años después del naufragio, un buen número de personas se reunieron para dedicar oficialmente la nueva embarcación “María Jones” a su hermosa tarea. En el muelle se celebró un acto religioso, se leyeron partes de la Biblia que hacían referencia al mar en inglés, árabe, armenio, griego, italiano, etc. seguidamente, se dejó oír una voz infantil que dijo: “en este solemne día vengo a representar a la niña galesa María Jones cuyo anhelo por la Biblia impulsó la fundación de nuestra Sociedad Bíblica, hace ya más de 150 años” (José Flores 1958)

¿Quién es esta pequeña María Jones?

María Jones nunca imaginó lo que iba a provocar en todo Londres, una pequeña niña galesa que vivía en las montañas, en una comunidad insignificante a la vista de las personas, pero vista detenidamente por Dios. En el libro vemos a una niña que tenía un objetivo: poder tener una Biblia y leerla. María se privó de diversiones para poder aprender a leer y trabajar para ganar cada centavo e ir apartando dinero para su tan deseada Biblia.


Ya tenía 17 años cuando, por fin, pudo juntar todo el dinero para comprar su Biblia y aquí llegó el problema. ¡Era muy difícil conseguir una Biblia en Gales! Así que, con la ayuda de sus amigos pudo conocer a un famoso pastor de la época llamado Thomas Charles, quien vendía Biblias a pedido. El pastor Charles le mencionó que, en efecto, era difícil conseguir una Biblia en Gales y las que tenía estaban separadas por sus dueños desde hace un año. María se desanimó mucho, pero ella le contó su historia deseando una biblia, esto hizo que Charles se conmoviera en gran manera y le prometió conseguirle una Biblia. Esto lo llevó a pensar que más personas podían tener el mismo anhelo que María y esa necesidad de conocer una Biblia tenía que tomarse en cuenta. Así que, con la ayuda de empresarios cristianos y más pastores empezó la fundación de la Sociedad Bíblica.


Me gustaría contarte más, pero sería mucho mejor que buscaras este libro y leyeras todas las maravillas que tiene por contarte. Pero, descuida ¡María Jones consiguió su biblia! (por si estabas preocupada). Es increíble ver el papel que esta pequeña niña galesa tuvo en esta historia que conmocionó a un gran país. Y no fue porque María fuera una gran mujer, llena de estudios, con un gran nivel económico o gran influencia; sino, aun siendo pequeña, sus ojos estaban puestos en Cristo, ella comprendió el precioso contenido de la Biblia y era lo único que deseaba, conocer al Dios de la Biblia más y más.

Lo cierto es que…. no todos tienen BibliasTodos hemos anhelado algo específico y buscamos la forma de alcanzarlo a como de lugar.

Podríamos pensar que después de 200 años, este problema: no tener una biblia se ha terminado; tristemente, te digo que no. Hay muchos lugares en el mundo, muchos rincones, muchos países y etnias en los cuales aún la Biblia no está traducida a su idioma, o, peor aún, están prohibidas.


¿Saben? Hace años vi un video titulado “Voces de los Mártires” que conmovió mi corazón; observé a un grupo de personas cantando y orando, tan pronto llegaron unas avionetas, toda la comunidad salió saltando y llorando, las avionetas arrojaban unos grandes paquetes y rápidamente las personas se acercan a abrirlas. En esas cajas había cientos de libros negros; las personas lloraban y alababan a Dios, pasaban los libros de uno en uno para que todos tuviesen un ejemplar. Era la primera vez que todos tenían las Santas Escrituras en sus manos y estaban sumamente agradecidos al Señor.

Estas dos historias que te he compartido me recuerdan al coro del hermoso himno “pon tus ojos en Cristo”-


Pon tus ojos en Cristo

Tan lleno de gracia y amor

Y lo terrenal sin valor será

A la luz del glorioso Señor


Estos hombres vieron que todo lo que podrían tener en esta tierra era vano y se terminaría. Ellos contemplaron con los ojos puestos en Cristo lo eterno, lo verdadero y lo que sus almas, como hijos de Dios, realmente anhelan y necesitan: Su Palabra, el conocimiento del Señor que los alcanzó y los amó.. Y a eso te invito, mi querida lectora, a valorar lo eterno y lo que llenará tu alma, no solo en esta vida terrena y pasajero, sino lo que tiene peso eterno.


Mi amiga, esa pequeña niña, Maria Jones, anhelaba una Biblia, anhelaba conocer a Dios en sus páginas. Esos hombres y mujeres del video no podían hacer más que llorar de gratitud al recibir por primera vez en sus manos una biblia, una gloriosa biblia.


Hoy, yo te invito a orar por aquellas asociaciones que se encargan de distribuir Biblias de manera gratuita a todos aquellos países que no pueden acceder con facilidad o donde hay penas severas por la distribución y lectura de las Escrituras ¡Te animo a investigar formas de apoyar estos ministerios!

Cada vez que abras tu Biblia, inclina tu cabeza y da gracias. Tienes la oportunidad de contemplar las Sagradas Escrituras, estudiarla y comprenderla. Dios, tan lleno de gracia y bondad, te ha permitido tener una biblia y, siendo su hija, cuentas con la guía del Espíritu Santo, el que abre tus ojos a la verdad de la Escritura.

¡Que Dios nos ayude a anhelar día a día Su palabra!