¿Y cómo oraba el apóstol Pablo?

Por Anabel Vargas



Si me preguntas si lloro fácil con las películas, probablemente piense un poco antes de decirte que no. Pero esta que voy a contarte, sí que me hizo llorar: Una joven pareja de arquitectos está trabajando en el proyecto de construcción del templo de su iglesia, ella es una chica muy dulce, muy enérgica, con mucho amor por el Señor y muchas ganas de servirle. Planean casarse pronto y ella está tan entusiasmada por vivir la vida que siempre ha soñado, al lado de un hombre piadoso que ella ama y la apunta a Cristo, servir juntos a Dios y tener la familia que siempre han anhelado.


Sin embargo, de repente, todo se nubla: a ella le detectan un cáncer en una etapa tan avanzada que lo único que los médicos pueden decirle es que disfrute el tiempo que le queda, pues solo un milagro podría sanarla. No hay ningún tipo de tratamiento que se le pueda ofrecer en este momento.


Ella experimentó una negación total. Se preguntaba: ¿Por qué a mí? ¡Si siempre había amado a Dios y siempre le había servido! Dios conocía sus sueños, los anhelos más profundos de su corazón, y parecía no importarle. Iba a dejar que ella muriera joven, sin poder cumplir nada de lo que había planeado. Le pidió a su prometido que no orara, pues Dios no escuchaba.


¿Dios escucha? ¿Sirve de algo nuestra oración? ¿Cambia las cosas? Bueno, ciertamente nos cambia a nosotros. Como dijo, R.C. Sproul, en su libro ¿Puede la oración cambiar las cosas?: “Lo que la oración más a menudo cambia, es la maldad y la dureza de nuestros propios corazones”.


Puede que a veces oremos mal. Yo me atrevería a decir que muchas veces. Sin embargo, en Romanos 8:26-27, el apóstol Pablo nos dice: “De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Y Aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque Él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios” ni siquiera en la oración Dios nos deja a nuestra suerte. Mira lo que dice: no sabemos orar, pero lo hacemos porque Dios nos manda y lo hacemos confiados sabiendo que el Espíritu intercede por nosotros conforme a la voluntad de Dios ¡y qué mejor cosa puede pasarnos que la voluntad de Dios!


En la película, a pesar de que ella cuestionó a Dios por lo que le pasaba, Dios tuvo misericordia al recordarle que Él es Soberano, le dio la fortaleza y el deseo de usar sus últimos días para trabajar alegremente y a pesar del dolor, en los planos para la construcción del templo de su iglesia. Ella pudo descansar en la voluntad del Señor, orando y permitiendo que los demás también oren por ella. No fue fácil, fue triste, solo imagina planear tu boda sabiendo que los médicos dicen que estás muriendo. Imagina las emociones difíciles y los pensamientos engañosos que le pasarían a cualquier ser humano en esta circunstancia, y todo esto acompañado del dolor físico causado por una enfermedad que no puede tratarse.


La oración no es una píldora mágica que nos ayuda a conseguir lo que sea que queramos, tampoco es un simple espacio en mi agenda en el que inclino mi rostro y repito algunas palabras vacías una y otra vez. La oración es un medio poderoso que el Señor nos ha dado para estar en comunión con Él, a través de ella nos enseña a entregarle nuestros deseos y depender de su voluntad. A través de la comunión en oración Dios dirige nuestros afectos hacia Él. Aun así, es tan fácil que nos descuidemos de ella. Es tan fácil que la tomemos con ligereza. Es tan fácil que olvidemos que al orar podemos ser completamente reverentes a la vez que somos completamente transparentes. No oramos porque Dios no conozca nuestro corazón, oramos porque Dios así nos lo demanda, para gloria de Él y bendición de nosotras.


En la biblia encontramos muchas enseñanzas sobre la oración que hoy podemos imitar o ser alentadas a replicar. Veamos un poco qué podemos aprender sobre la oración en las epístolas de Pablo:


1-Orar con alabanzas y acción de gracias: En las distintas epístolas del apóstol Pablo, podemos encontrar una estructura muy similar, pues mayormente inician con una oración de acción de gracias. Pablo, da gracias a Dios por la fe de los hermanos (Rom.1:8), por su obediencia (Rom.6:17) por la gracia de Dios que hallamos en Cristo (1Cor.1:4) y por el triunfo que encontramos por medio de Él (2Cor.2:14). Pablo, alaba a Dios por sus bendiciones espirituales (Ef.1:3) y por su consolación (2Cor1:3).


2- Orar por los hermanos: Pablo, oraba por la iglesia pidiendo salvación (Rom.10:1), unidad, gozo, paz y esperanza (Rom.15:5-6,13), perfección (2Cor.13:9), sabiduría y conocimiento de Dios (Ef.1:17-18), fortaleza, comprensión del amor de Cristo y plenitud de Dios (Ef.3:14-19), por comunión (Fil.1:3-6), por discernimiento, un carácter irreprensible y frutos de justicia (Fil.1:9-11). También, oraba por crecimiento y una vida que honre a Dios (Col.1:10), abundancia de amor entre su pueblo, santidad (1Tes.3:12-13) y protección (2Tes.3:1-3).


3-Pedir oración: Pablo, nos enseña la importancia de pedir oración, reconociendo nuestra debilidad, dependencia del Señor y necesidad de apoyo de su iglesia. (Rom.15:30-32) (Ef.6:18-20) (1Tes.5:25)


4-Orar para que el Señor se glorifique a través de su pueblo: Cada cosa que hacemos como cristianos la hacemos por obediencia a Dios y para gloria de su nombre. Pablo, nos enseña a orar pidiendo que el Señor nos ayude a vivir como Él quiere para traer gloria y honra a su nombre. (2 Tes.1:11-12)


5-Orar sin cesar: Simplemente eso, tan simple y corto, pero tan profundo y necesario, debemos permanecer en oración, y lo necesitamos porque somos débiles, porque es de bendición para nosotros y, sobre todo, porque es la voluntad de Dios que oremos (1 Tes.5:17, Ef.6:18).


Muchas cosas me impactan cuando leo las oraciones de Pablo, sobre todo, porque mis ojos son abiertos para entender lo vanidosas y superficiales que pueden llegar a ser las mías y cuán vacilante puede ser mi corazón. No siempre deseamos orar y no siempre sabemos qué decir o cómo hacerlo; sin embargo, necesitamos orar, cuando todo va bien y cuando sentimos que apenas podemos articular las palabras. Cuando las cosas van, como muestra de un genuino agradecimiento y reconocimiento de que esa bondad proviene de Dios, y cuando las cosas parecen ir mal, clamándole al Señor por misericordia, entregarle nuestros miedos y preocupaciones y hallar descanso en Él.


Amadas, cambiemos nuestras oraciones superficiales y empecemos a pedir al Señor por más hambre de Él, crecimiento, santidad y sabiduría. No tengamos miedo o vergüenza de pedir oración a nuestras hermanas, justo como lo hacía Pablo. Recordemos orar sin cesar, por obediencia y como deleite. Especialmente, alabemos a nuestro Dios y clamemos que Él sea glorificado a través nuestro.



Acerca de la autora: Anabel anhela vivir Coram Deo, haciendo a Cristo su tesoro en cada área de su vida. Tiene una gran pasión por plasmar en papel lo que Dios va moldeando en su alma y compartirlo para gloria de Dios y bendición de su iglesia. Le encanta ver fotos viejas en días de lluvia y tomarse un buen café mientras conversa con amigos. Actualmente, sirve en su iglesia local en Mao, Valverde, República Dominicana.