Vistas Por Dios

Por Selene Domínguez


¿Alguna vez te has sentido invisible?, te esfuerzas por ser la mejor de tu clase en la escuela, en la universidad o hasta en el trabajo, pero otras reciben elogios, premios y tú ni siquiera eres vista.

Ves a otras chicas de tu edad o incluso hasta más jóvenes que tú, quienes están en una relación, comprometidas, a punto de casarse o hasta con hijos y si bien te alegras por ellas, muy en el fondo también te preguntas…. ¿y yo? ¿Qué es lo que me hace falta para ser vista? ¿Qué tienen ellas que quizás yo no?


Sentirse “invisible” es una mezcla de emociones difíciles de describir, a veces estas al top con tus actividades en la iglesia, estudias y trabajas sin ninguna dificultad y te sientes “a gusto”; pero al ver a otras disfrutar precisamente de aquellas cosas que en esta temporada de vida al parecer “no tienes” quizás ello solo te lleva a echarte a llorar, a compararte insensatamente o hasta incluso reclamar. Mi querida amiga ¡no eres la única batallando con esto! Y quisiera decirte que si finalmente obtuvieses eso que tanto deseas, se acabará el desánimo, la insatisfacción, la comparación, pero esto no es así, no debe ser así. Si tu mirada y toda tu esperanza está puesta en lo que tienes o en lo que no tienes y en cómo te sientes respecto a ello, jamás terminarás de sentirte insuficiente, invisible y llena de desanimo.


Hoy me gustaría que juntas recordemos la historia de dos mujeres, quienes precisamente tenían lo que la otra deseaba, dos mujeres que se sentían invisibles e insatisfechas.


Las dos hermanas

Lea y Raquel eran hermanas, hijas de Laban, lo que se relata de Raquel es que ella sobresalía en belleza, lindo cabello, figura, una hermosa sonrisa que podría encantar a muchos y no solo era hermosa físicamente, era bastante atenta y servicial; en cambio de Lea, su hermana, solo se menciona que tenía los ojos delicados, es inevitable no pensar entonces, que quizá comparada con Raquel, ella era bastante invisible y aparentemente “insuficiente”. Quizás aquí recordemos a Jacob, cuando él llega, a quien primero observa es a la hermosa Raquel (como es de esperarse) y su deseo fue grande por ella, tanto así que aceptó trabajar 7 años para tenerla como esposa. Aquí es donde quizás todas digamos wow, qué romántico. Esto parece ser el típico cuento de hadas; donde Raquel es la princesa hermosa, vista por todos.


Pero Laban, el padre de las hermanas, era un hombre muy tramposo y en lugar de cumplir su palabra y dar por esposa a Raquel, engaña a Jacob y entrega a Lea. La pobre mujer fue utilizada por su propio padre. Imagínate la sorpresa que se llevó Jacob al ver a Lea en su lecho, y esto no se acaba aquí, Jacob fue a reclamarle a Laban que él no quería a esta mujer que se le había entregado, que él había trabajado por Raquel y no por Lea. ¿Puedes imaginar tan siquiera un instante cómo se habrá llegado a sentir Lea en esos momentos? ¿con todas esas palabras? Probablemente humillada. La nunca querida y ahora menospreciada Lea. Jacob aceptó quedarse con Lea pues le dijeron que era la hija mayor y correspondía que ella se casase primero, entonces, Jacob tuvo que trabajar otros 7 años por la hermosa Raquel. No puedo imaginar el dolor de Lea al ver a su marido, quien probablemente no la amaba, trabajando por el amor de otra mujer y no cualquier otra mujer, sino tu hermana, quien siempre fue muy elogiada y vista. Valorada.


Y esto no acaba aquí, con Jacob casándose con las hermanas, puesto que a lo largo de la historia conjunta, vemos la gran rivalidad que las hermanas se tenían por querer el amor del ahora esposo de ambas, ellas querían ser superior a la otra a como de lugar.

Dios bendijo a Lea con hijos e incluso ella reconoció que “Dios había visto su lamento y la había recompensado” mientras que Raquel por un largo tiempo fue estéril. ¡Qué difícil situación!


Raquel

Podríamos pensar que, aun con todo, Raquel podría estar satisfecha porque tenía el amor del hombre que amaba, pero vemos que esto no fue así. Raquel, aun con toda su belleza y el amor de su marido, no se tenía felicidad, se sentía desdichada al ver que su hermana tenía hijos cada año y ella no tenía ninguno.

Y podemos ver en la Palabra que ella le exige a Jacob que le diera hijos o si no ella se moriría; a lo que Jacob preocupado y enojado le dice “¿Estoy yo en lugar de Dios, que te ha negado el fruto de tu vientre?”. Es así que ella desesperada le pide tener hijos por medio de su sierva.


Esta guerra de hermanas no terminó con los hijos que tuvo la sierva de Raquel, sino que Lea le da también su sierva a su esposo y ella le da hijos. Para pena de Raquel, su hermana pudo quedar tres veces embarazada de nuevo y ella aún no tenía ni un niño. ¿Cuántas veces hemos estado en una situación parecida, al sentirnos desdichadas, llenas de envidia y de celos por ver que otras mujeres tener lo que nosotras tanto deseamos? A pesar de que Raquel ya tenía el amor genuino de su esposo y hasta dos niños adoptivos, ella aún deseaba tener lo que Lea tenía.


Dio tuvo misericordia de Raquel y le dio un hijo, pero aún así ella continúo descontenta. Quería más de lo que ahora tenía, esto lo podemos ver en el significado del nombre que ella escogió para su primer hijo “José” el que significa “que el señor me añada otro hijo”; no pudo ver lo que ya tenia enfrente, ¡ya tenía un hijo de su vientre! Pero ella seguía insatisfecha. Podemos ver que en la vida de Raquel hubo mucha tristeza e insatisfacción, lo cual solo conduce a pecados más grandes y a tristes desenlaces. Antes de morir tuvo un hijo, a quien le puso por nombre “Benoni” que significa “hijo de mi tristeza”, gracias a Dios, Jacob le cambio el nombre a “Benjamín” que significa “hijo de mi diestra”.


Raquel nunca estuvo contenta y agradecida con lo que ya tenía, a lo largo de este año 2020 ¿cuántas veces hemos actuado igual a Raquel?


LEA

Lea y Raquel tenían dos opciones, vivir una vida llena de insatisfacción, tristeza, sintiéndose poco amadas e insuficientes; o refugiarse en el Dios de Jacob, el único que podía llenar esos vacíos tan profundos que ellas sentían. En cada uno de los nombres de los hijos de Lea vamos a ver el camino que Dios puso para que ella lo conociera y viera que solo Dios podría llenar y satisfacer su vida por completo.


Rubén “Ha mirado Jehová mi aflicción”.


Simeón “Oyo Jehová que yo era menospreciada”.


Leví “esta vez se unirá mi marido conmigo”.


Lea, poco a poco, pudo entender en dónde debía fijar su mirada, sus anhelos y todas sus esperanzas, ya no en su marido, ya no en que “si tan solo él la amará, sería feliz” Ahora ella solo tendría que poner toda su esperanza en Dios.


Juda “esta vez alabaré a Jehová”.


Isacar “DIOS ME HA DADO RECOMPENSA”.


Zabulón “Dios me ha dado buena dote”.


Dina “Justicia”.


Es hermoso poder ver la soberanía y bondad de Dios a pesar de los errores que cometemos. Lea fue amada, lo fue por el Dios de Israel, a través de Lea viene la tribu de Juda y con ella la descendencia de Cristo; Dios tuvo misericordia y gracia para con ella. No porque Dios hubiera previsto que Lea lo seguiría o lo amaría con todo su corazón o porque ella tuviera una virtud especial que Dios pudiera usar, de hecho, vemos en la Biblia que tenía contiendas con su hermana, pero aun con ello, Dios tan rico en misericordia, la amó y la bendijo. La aflicción de Lea la apuntó a fijar sus ojos en Dios, su único sustentador.


¿No es maravilloso el Señor? Querida amiga, me gustaría recordarte el Salmo 37:7 “Guarda silencio ante el Señor y espera en Él CON PACIENCIA, no te irrites ante el éxito de otros”. Hermana, cuando te vuelvas a sentir invisible, poco suficiente, poco amada o valorada, recuérdale a tu alma que si eres hija de Dios, eres amada, has sido escogida, tienes valor, eres Su hija y no porque el haya visto algo bueno en ti, no es por tus méritos, sino porque ahora reflejas la hermosura de Cristo, aquel que se dio a sí mismo por amor, para que ahora tú fueras vista por el Padre con agrado y seas parte de su familia.


Recuérdate el evangelio día a día, fuiste comprada por la sangre preciosa del Cordero, ahora DIOS TE VE y te ama. Y lo más maravilloso es que estás llamada a andar en las obras que Él ya preparó de antemano para ti, así que espera con paciencia en Él y en Su voluntad, gózate en el momento en que te encuentres; se agradecida con lo que Él ha provisto para ti ahora y sé fiel.