Todo lo que haces, con fe, importa



Todo lo que haces, con fe, importa. Todo lo que haces, con fe, es importante y tiene valor eterno.


Como cristianas, a veces podemos segregar en nuestra mente lo que se considera de valor e importancia eterna. Creemos que solo aquellos que son misioneros en países del tercer mundo o aquellos que han escrito libros o tienen una plataforma pública para enseñar la Palabra de Dios están haciendo cosas que le importan a Dios; solo ellos están haciendo buenas obras. Creemos que no somos tan importantes a los ojos de Dios si vivimos una vida “normal y ordinaria", con un trabajo regular o si nos quedamos en casa y cuidamos de ella y de nuestros hijos.


Incluso en la normalidad de nuestra vida, clasificamos las cosas que consideramos buenas obras como aquellas que son de naturaleza más espiritual. Creemos que lo que hacemos los domingos en nuestra iglesia o el tiempo que pasamos en oración y leyendo la Palabra de Dios es de alguna manera mejor a los ojos de Dios que cuando estamos lavando los platos, limpiando desorden, doblando la ropa, barriendo el piso, respondiendo correos electrónicos y mensajes de texto, hablando con nuestros vecinos, cambiando pañales sucios, preparando la cena, yendo al súper y un sinfín de etc, etc.


Sin embargo, Dios nunca nos dice que las “buenas obras” son solo aquellas dónde hacemos “cosas espirituales” como leer la Biblia, orar, ir a la iglesia y servir en una capacidad formal. De hecho, Él dice que cualquier cosa que hagamos se puede y se debe hacer en Su Nombre (1 Corintios 10:31); que todo lo que hacemos en fe cuenta para Su gloria y le sirve a Jesús (Colosenses 3: 23-24; Romanos 14:23). Tenemos el ejemplo más grande de esta verdad en Jesús, el mismo Hijo de Dios.


Jesús vivió una vida muy "normal" durante la mayor parte de sus 33 años en esta tierra. Solo tuvo un ministerio formal y público durante los últimos tres años. Antes de llamar a los discípulos y hacer milagro tras milagro, culminando en morir por nuestros pecados y resucitar para que pudiéramos tener la vida eterna, vivió en un pueblo pequeño, aprendió cosas en la escuela, siguió los pasos de su padre terrenal y se convirtió en carpintero (Marcos 6: 3; Mateo 13:55). Estas cosas muy normales eran buenas obras que el Padre deseaba que hiciera. Jesús mismo dio testimonio de ello: “En verdad les digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera” (Juan 5:19). Entonces, incluso antes de comenzar Su ministerio formal y público, estaba haciendo la voluntad del Padre en todas las cosas ordinarias y diarias que hacía; todo lo que Él hizo fueron buenas obras.


Las cosas que consideramos ordinarias pueden ser buenas obras y tener un valor eterno si se hacen con fe en Él. Son estas cosas las que tienen valor en los ojos de Dios y por las cuales Él nos recompensará (Colosenses 3: 23-24). Fuimos creados para hacer buenas obras, incluyendo las cosas ordinarias hechas con fe. Efesios 2:10 dice: "Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas".


Estas buenas obras, en las que Dios planeó que caminemos, son cualquier cosa que hagas con fe. Por lo tanto, cuando haces las tareas del hogar, vas a trabajar, cuidas a los niños, cenas con tu esposo o tus padres, e incluso bebes y comes, estás haciendo buenas obras si las haces con fe. No tenemos que separar nuestras vidas de lo espiritual y lo no espiritual; las cosas que importan y las que no. No tenemos que ser misioneros para que nuestras vidas importen. Toda nuestra vida, cada componente y parte de lo que hacemos y cómo lo hacemos tiene el potencial de glorificar a Dios.


Tu vida puede y tiene sentido a los ojos de Dios, sin importar si tienes un trabajo o estás desempleado; eres soltera, casada o viuda; si estás con niños o sin ellos; si eres misionera o trabajas en una empresa secular.


Dios te ve y te está dando la oportunidad en cada momento del día para hacer un buen trabajo. Entonces, hermana, oro para que reconozcas la importancia de cada cosa que haces en un día cualquiera. Tienes esta increíble oportunidad de hacer que cada momento de tu vida sea importante y puedes hacerlo porque Jesús murió en la cruz por ti, ¡haciendo posible hacer cosas en Su Nombre y en fe! Toda la gloria sea para Él únicamente.