• María Daniela Gómez M.

Tengo buenas noticias para ti




En mi caminar como cristiana, muchas veces me he encontrado con personas que quieren acercarse a Dios y experimentar su plenitud en sus vidas, pero no quieren rendirse a Él. Al conversar con algunas de ellas, se encuentran constantemente con razones para mantener una distancia prudencial, para creer que Dios existe, pero no desprenderse de su pecado, y aquellas cosas que conocen les separan de Él. En ocasiones consideran que son demasiado “malos”, “pecadores”, que no pueden dejar una cosa u otra. A ti, que tal vez lidias con esto, que en algún momento has pensado que tu pecado es demasiado grande y que hay cosas en tu vida que no vas a poder cambiar, te digo en primer lugar que no subestimes a Dios, Él es soberano, y su Nombre es sobre todo Nombre. Para ti, tengo buenas noticias.


¿Qué hay escondido en esta mentira de que cierto pecado es demasiado grande y que existen cosas imposibles de cambiar? Una sola cosa: autosuficiencia. Pensamos que un pecado es demasiado grande porque estamos centradas en nosotras mismas, y no en Dios; creemos que es imposible cambiar una característica o rasgo particular nuestro porque tenemos nuestros ojos desenfocados. Nuestra mirada no está puesta en Él que sí puede cambiar, transformar, y dar vida a lo que estaba muerto, sino en lo que nosotros somos y lo que hacemos.

¡Qué buena noticia hay en el evangelio, para aquellos que luchamos con la autosuficiencia! Somos dependientes de Dios, y nos rendimos a Él para que se haga su buena, agradable y perfecta voluntad en nuestras vidas. En la palabra de Dios tenemos el mejor ejemplo. Hace más de dos mil años en el calendario gregoriano, un hombre caminó sobre la tierra en completa justicia, reflejando su naturaleza divina y experimentando la vida como nosotros, los humanos. Este hombre, llamado Jesús de Nazareth vinó al mundo para que todo aquel que en Él crea no se pierda más tenga vida eterna. Caminó en santidad sobre la tierra y vivió en rectitud mientras estuvo físicamente aquí. En este plano terrenal, sanaba y ayudaba a quienes estaban a su alrededor, y aún así fue juzgado y sentenciado a morir. Ese hombre que es el Hijo de Dios, murió en una cruz, donde cargo sobre sí mismo el peso del pecado, venció la muerte y resucito al tercer día vestido de gloria. Así como se menciona en Isaías 53:5 “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”


Cristo nos justifica, Él que caminó en completa justicia sobre la tierra, únicamente puede justificarnos. En Marcos 15:38 la biblia narra cómo al momento de la muerte de Jesucristo, el velo que separaba el lugar santo, del lugar santísimo fue roto. Ya no hay separación, nada puede separarnos de Él. Para ti, que lees esto, la buena noticia es que El Hijo de Dios vino al mundo, y llevó sobre sí mismo el peso de tu pecado, para que no tengas excusas, para que no sigas buscando razones, o cosas que consideras son imposibles de cambiar, sino que comprendas que si fijas tu mirada en Él, rendirse es posible, y su buena obra es hecha en ti. Hay esperanza en tu vida, hay promesa de vida eterna, a la que solamente tenemos acceso a través de Dios.


Por gracia hemos recibido la salvación y el amor de Dios, cuando pienses que hay demasiados obstáculos, que tienes demasiadas fallas, que no puedes cargar con tantas cosas, recuerda esta verdad: Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. (2 Corintios 12:9). Dios nos justifica, nos salva, nos ama y limpia; y nos recuerda en su palabra que en nuestra debilidad Él se glorifica.


Te invito a orar a Dios si has estado lidiando con la autosuficiencia, si has llevado algún pecado y crees que no puedes cambiarlo, para que sea el Espíritu de Dios libertándonos y revelándonos la gracia sobre nuestras vidas.