¿Soy salva? ¡Que alguien me explique!




Por Rosa Isela Ibarra


Seguramente hay muchas de nosotras que, mientras vamos leyendo un libro, vamos revisando algunos posts en nuestras redes sociales o si hemos estado presentes en alguna conferencia bíblica donde se expone la Palabra, nos hemos topado con algunos términos bíblicos difíciles de digerir, que no habíamos escuchado antes y que quisiéramos entender, pero no hemos tenido oportunidad de preguntar, indagar o investigar.

El día de hoy, quisiera compartir con ustedes, algunas de esas palabras que sabemos de oídas, pero que es necesario que atendamos de corazón, pues en su significado podremos encontrar hermosura y gran asombro.


¿Qué es la justificación?

La justificación no significa que cambiamos de estado natural para convertirnos en una persona sin pecado, lo que si significa es que somos declaradas justas delante de Dios, únicamente por medio de creer en Cristo como el único y suficiente Salvador.

Mira lo que dice Romanos 5:1 “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” La justificación que recibimos delante de Dios nos es por nuestras buenas obras, no es por tratar de ser mejores personas, no es por hacer ciertos sacrificios o rituales, la justificación verdadera la obtenemos solo por la fe en Cristo.


Ryrie menciona que la palabra justificar “Consiste en un término judicial que indica un veredicto [juicio] de absolución que ha sido anunciado, excluyendo así toda posibilidad de condenación… no se da porque se hayan pasado por alto, se hayan suspendido, o se hayan alterado algunas de las justas demandas de Dios, sino porque en Cristo todas las demandas han sido cumplidas.”


¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.


¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Rom 8:33-39)

Querida señorita, recuerda que, si somos justificadas por Cristo, ya no hay nadie más que nos condene, ya no hay más condenación. Tal vez haya algo en tu vida que te causa vergüenza y que está acusándote constantemente, pero recuerda que, si en Cristo has sido justificada, ya no hay más acusación, no des lugar a tus propios pensamientos de auto condenación, llénate de Su palabra y vacíate de ti misma.

¿Y el perdón?

El perdón se refiere al hecho de que no recibimos el castigo que merecemos por nuestro comportamiento pecaminoso, porque Dios elimina o pasa por alto toda maldad hecha. No que lo olvide, éste perdón glorioso se basa únicamente en el sacrificio que Cristo hizo al morir en la cruz, cargando el pecado de todas nosotras.


Dios no clasifica los pecados para decidir perdonarnos o no, Él no mira un pecado más grave que otro, para Él el pecado es de la misma magnitud, así sea matar, robar o mentir. Él aborrece todo tipo de pecado porque le ofende. El perdón de Dios no radica en el mal que hemos hecho sino en quién es Él.


“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9)


Este perdón se obtiene solo por nuestra “confesión” de pecados y esto significa reconocer, estar de acuerdo, admitir la culpa y declararla abiertamente delante de Dios, sí, solo delante de Dios, no se obtiene en lo que hagas o no hagas, sino en que Cristo ha pagado el precio del pecado.


Entonces, si ya has obtenido el perdón de pecados una vez y para siempre, ahora puedes vivir con la plena seguridad que Dios nunca más te acusará de algo que ya perdonó, Él ha decidido pasar por alto todos nuestros pecados para no traerlos más a la memoria.

¿Reconciliadas?

¿Sabías que entre nosotras y Dios había una enemistad que necesitaba ser restaurada? Sabes, por medio de la muerte de Cristo somos reconciliadas con Dios. “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” (Rom. 5:10)


Somos reconciliadas con Dios cuando hemos creído en Cristo. Esta reconciliación no comenzó con nosotras, Dios tuvo la iniciativa de proveernos el medio para reconciliarnos con Él, el medio es Su Hijo unigénito.


¡Recuerda, tenemos paz para con Dios por medio de Su Hijo!

Me dijeron que soy adoptada…

¡Ahora somos hijas de Dios! Sí, la Biblia dice que cuando hemos creído en Cristo, ahora somos adoptadas como hijas de Dios, somos declaradas Sus hijas y nunca dejamos de pertenecer a Su familia.


“Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”(Juan 1:12) La Biblia dice que todos los que hemos creído en Cristo somos hijos de Dios, si tú no has creído en Cristo, ¿de quién eres hija? ¿quién es tu padre?


Mira, Evans dice que la adopción “significa que un hombre toma el hijo de otro para que sea su hijo, de modo que tiene la misma posición y las mismas ventajas que un hijo por nacimiento…” Sabes, así como obtenemos los mismos privilegios, también obtenemos las mismas responsabilidades, así que ahora debemos vivir como verdaderas hijas de Dios. Debemos reflejar en todo a nuestro Padre celestial.

Querida hermana…

¿Puedes pensar en cuántos libros has leído a lo largo de tu vida? ¿Puedes pensar cuál de todos ellos te ha enseñado algo que no has olvidado a pesar del tiempo? Sabes, muchas veces dedicamos tiempo a leer cosas que son importantes para nosotras. Pueden ser libros, post en Facebook, Instagram, Twitter o cualquier otra red social, blogs, noticias y nos acordamos perfectamente de lo que leímos. Nos acordamos de fechas, nombres de personajes importantes, de lo bueno o lo malo que hicieron y si alguien nos pregunta por algo que nos impactó, parece como si recién lo hubiésemos leído, lo explicamos tal cual está escrito.

Ahora déjame preguntarte, ¿cuántas veces has leído tu Biblia de principio a fin? ¿Cuál ha sido el pasaje que Dios ha usado estos últimos días para animarte, exhortarte o consolarte? ¿Cuál es esa historia que ha impactado tu vida y de la que pudieras hablar una y otra vez? ¿Cuánto tiempo dedicas cada día a leerla, estudiarla y memorizarla? Wooow, espero que todas podamos decir que dedicamos buen tiempo a esto.

Querida amiga, es muy importante que conozcas la Palabra de Dios, que conozcas a Dios por medio del registro escrito que Él nos ha dejado. No la tenemos para usarla de amuleto, para tenerla guardada llena de polvo ¡no! Es para que tú y yo conozcamos al Dios verdadero. ¿Sabes? el tiempo diario que tomamos leyendo las Escrituras no será en vano, será un tiempo bien invertido, de beneficio para tu alma. Todas estas palabras que hoy hemos visto y aprendido, son palabras que encontramos en nuestras biblias. Palabras con que se describe quién es Dios, quienes nosotras, nuestra condición caída ante Él y su poder redentor.

Te animo a que ores a Dios por sabiduría y por amor a Su Palabra.