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¿Qué significa ser mujer?


¿Qué significa ser una mujer? Algunos podrían pensar en ciertos atributos positivos de una mujer, como tener un espíritu apacible y tranquilo o como alguien que mantiene el orden y puede realizar múltiples tareas. Quizá podrían pensar en atributos negativos, como que las mujeres son demasiado emocionales, malas conductoras e irracionales. Otros pueden pensar en lo que es ser una mujer basado en sus diferentes roles: hija, hermana, esposa, madre, abuela. O una mujer puede ser definida por su carrera de ama de casa o por su carrera profesional


Sin embargo, ¿ser mujer debería estar realmente definido por emociones, tareas, carreras o incluso roles?


Para entender lo que significa ser mujer, primero debemos entender lo que significa ser humano. Es solo a partir de sentar las bases de la comprensión de nuestra humanidad, que nosotras, como mujeres, seremos verdaderamente capaces de comprender y caminar en la feminidad bíblica. Para ello, debemos volver al principio.


En Génesis 1:26-28 encontramos el relato sobre la creación de la humanidad:


«Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra”. Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Dios los bendijo y les dijo: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra”». 


Dios nos hizo a Su imagen, tanto hombres como mujeres, nos hizo a Su semejanza. Esto significa que la humanidad es capaz de demostrar los diferentes atributos comunicables de Dios. Estos son aquellos que pueden mostrarse a través de nosotros, como la bondad, el amor, la mansedumbre, la paciencia, etc. Y Él nos hizo capaces de mostrar algunos de Sus atributos que ninguna otra cosa creada puede mostrar. Ten en cuenta que hay atributos de Dios que los humanos no pueden mostrar, ya que pertenecen solo a Dios por lo que Él es, como por ejemplo: Su omnisciencia, Su omnipresencia, que es Todopoderoso, etc.


Dios nos creó para Su gloria. Vemos esto en Isaías 43:7, «A todo el que es llamado por Mi nombre y a quien he creado para Mi gloria, a quien he formado y a quien he hecho». Cada vez que nos preguntamos cuál es nuestro propósito en este mundo, debemos saber que es glorificar a Dios. Y sabemos que después de que Dios terminó de crear todas las cosas, declaró que era «bueno» (Gn 1:31). La creación de la humanidad y de cada individuo se reitera cuando el salmista dice: «Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien» (Sal 139:14). Aquí vemos que cada persona que es formada en el vientre de su madre, es hermosa y maravillosamente hecha por Dios, Su Creador, diseñada para glorificarlo y mostrar Sus atributos. 


Pero el pecado entró en el mundo y lo cambió absolutamente todo. Lo que una vez fue el propósito de la humanidad, se volvió imposible de realizar a causa del pecado. Pablo explica esto en Romanos 3:23, «por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios». Debido al pecado, no podemos glorificar a Dios por nosotros mismos. No podemos mostrar Sus atributos y, en esencia, debido al pecado, nos volvemos menos humanos, menos como Dios nos diseñó para ser. Porque, ¿cómo podemos glorificar a Dios y mostrar Sus atributos cuando mentimos, engañamos, robamos, nos enojamos y odiamos a los demás? 


No podemos hacer aquello para lo que fuimos creados, sin un Salvador, sin la ayuda de Aquel que cumple perfectamente lo que nosotros no podemos cumplir. Necesitamos a Jesús, quien es la gloria de Dios y vivió una vida perfecta y sin pecado, murió en nuestro lugar y resucitó al tercer día, para que todos los que crean en Él nazcan de nuevo, sean hechos una nueva criatura capaz de cumplir el propósito que se vio interrumpido a causa del pecado. Pablo escribe sobre esto en 2 Corintios 5:17, «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas». Cuando ponemos nuestra fe en Él, la verdadera humanidad que debemos mostrar, se nos es restaurada a través de Cristo. Vemos esto en Efesios 4:24, «y se vistan del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad». El nuevo yo ha sido creado a semejanza de Dios, lo cual perdimos a causa de la caída, y nos ha sido restaurada en Cristo.


Ahora, no caminamos en este nuevo yo todo el tiempo. No siempre mostramos amor, gozo, paz, paciencia y todos los demás frutos del Espíritu como deberíamos, porque todavía estamos en nuestra carne caída y pecaminosa. Sin embargo, a través de nuestra unión con el Espíritu Santo, y a través de Su obra en nuestras vidas, que nos capacita, podemos ser más y más como Jesús. Vemos esta esperanza en 2 Corintios 3:18 donde Pablo dice, «Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu». Aunque no caminamos completamente en nuestro propósito de glorificar a Dios, sabemos que, a través del proceso de santificación, cada día nos acercamos más y más.


Escribo todo esto porque necesitamos entender nuestro propósito fundamental como seres humanos antes de tratar de entender qué es la feminidad bíblica y cómo se manifiesta en el papel de una mujer dentro los diferentes contextos del hogar, el trabajo, la iglesia y la comunidad. Debemos entender que Él nos ha hecho un género específico, nos ha dado ese género. Ambos géneros, tanto masculino como femenino, están llamados a mostrar a Cristo al mundo y esto ha sido posible para cumplir nuestro propósito de glorificarlo por la obra de Jesús en la Cruz y Su resurrección al tercer día. 


Una vez que entendemos esta verdad fundamental, podemos pasar a comprender y aprender más sobre las formas maravillosas en que Dios nos instruye y nos permite mostrar Su gloria a través de la manera única que Él ha diseñado para nosotras al hacernos mujeres. Por lo tanto, mientras lees los siguientes artículos, ten en cuenta estas verdades fundamentales cubiertas aquí, para que puedas comprender mejor y cumplir el rol único de ser una mujer, destinada a glorificar a Dios, hecha a Su imagen y salvada para poder cumplir este propósito sólo por Cristo. 


«Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios» (1 Co 10:31). 




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Diseños: Joselyn Amador

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