¡PERMANECER ES LA CLAVE!

Por Paola Guerra





¿Por qué estás orando últimamente? ¿Estás lidiando con baja autoestima, rechazo, autosuficiencia, pérdida de identidad o pecados que parecen imposibles de dejar? Si eso es así ¿cómo le haces frente?


Siendo mujeres, estamos expuestas a muchas mentiras y presiones. Cualquiera que sea nuestro entorno, sea nuestra familia, colegio, universidad o empleo, constantemente nos encontramos luchando con estándares e imposiciones cada vez más altas que seguir e imitar y, a menudo, cargamos, innecesariamente, con el peso de lo que la sociedad espera de nosotras. Tristemente, a veces, en la comunidad cristiana también podemos toparnos con estas realidades.


En mi experiencia personal, una de las mentiras que me oprimió por años y contra la que me encontré luchando mucho tiempo, fue el creer que debía esforzarme por ser mejor cada día para poder agradar a Dios y a los demás. Creía que debía dejar mis viejas costumbres y ser una mujer totalmente santa, esa era la razón por la que, con regularidad, tomaba decisiones drásticas que de poco servían realmente, pues me era tan difícil cumplir esos estándares que yo establecía, fallaba tanto que solo lograba sentirme cansada, frustrada e insuficiente.


Llevé sobre mis hombros el peso de creer que Dios esperaba que me convirtiera en una mujer piadosa, lo cual no es falso desde todo punto de vista, pero yo cometía un grave error, todo lo intentaba en mis fuerzas porque pensaba que era lo que Dios esperaba de mí y quería que Él se sintiera orgulloso. ¡Quería agradarle con mis obras! Yo caí en esta trampa, creí por mucho tiempo esta mentira y estaba exhausta peleando una batalla que nunca ganaría.

¡Pero Dios es rico en misericordia!

Me llevó a Su palabra, la mayor fuente de conocimiento, sabiduría, paz, fe y esperanza. Y fue a través de su lectura que entendí que no tenía que santificarme en mis fuerzas porque eso lo haría Dios mismo, era Su obra, yo necesitaba exponer mi corazón a Él para ser restaurada, tal como lo expresa su palabra: “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia” Salmos 127:1 (NBLA).


La fuerza que necesité estuvo siempre junto a mí, pero no era yo la fuente de esa fuerza, mi desconocimiento de lo que pensaba o esperaba Dios de mí, me mantuvo enfrascada.


Amiga, ten la certeza de que no estás sola en tus luchas, creemos estarlo, pero Jesús sabe por lo que atraviesas y cómo te sientes, Él está siempre dispuesto a guiarte hacia la salida, para Su gloria y tu bien. Él puede mostrarte Su verdad de libertad si es que estas siendo presa de una mentira. Él no espera que actúes por tu cuenta, Él ya pagó, recuerda que Jesús dijo: ‘’Permanezcan en Mí, y Yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en Mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de Mí nada pueden hacer’’ Juan 15:4-5 (NBLA).


Jesús nos da la clave, PERMANECER. ¿Pero cómo podemos permanecer en Jesús?

La palabra permanecer es una de las más usadas por el apóstol Juan en su evangelio y juega un papel fundamental en el capítulo 15, porque allí nuestro señor Jesús la utiliza como aquel mandato, través del cual nosotras podemos mantenernos conectadas a la fuente de vida. Esta es la analogía que Él mismo usa de la unión que hay entre la vid verdadera (Él) y los sarmientos (nosotras). De modo que de la misma manera en que un sarmientos necesita estar conectado al tronco para vivir y dar fruto, es necesario que nosotras nos mantengamos profundamente arraigadas a Jesús.


Lo más asombroso de esto es que el mismo Jesús nos dice cómo hacerlo, vemos que más adelante en el verso diez del mismo capítulo, Jesús les dice a sus apóstoles <<Si guardan Mis mandamientos, permanecerán en Mi amor, así como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en Su amor>>.


Ahora bien, sabemos que la clave para mantenernos llenas de vida, para tener verdadera identidad, para llevar fruto abundante, para ser libres de las presiones y mentiras del mundo es permanecer en Jesús. ¿Por qué en Jesús? Me preguntaría cualquier persona, entonces yo, me tengo que detener a pensar y decir, porque anhelo conocerle y estar unida a Él todo el tiempo.


Jesús aquí nos está apuntando claramente a Su Palabra, a aquel registro de Su historia. La palabra es la revelación al mundo de que hoy tenemos esperanza en Jesús, tenemos libertad en Él, pudimos dejar de ser enemigas de Dios y ahora ser adoptadas como hijas. Solo leyendo su palabra podremos entender quiénes fuimos, quiénes somos ahora, por qué cambió nuestra identidad y qué nos esperaba en la eternidad. Su Palabra es el medio que Dios pensó para que tú y yo le conozcamos. Asimismo, a través de la palabra Él nos da a conocer sus mandamientos y además nos otorga la gracia para que los obedezcamos y logremos permanecer unidas en amor con él; Y es a través de esta unión con Jesús que podemos ser libres. ¡Cuán maravilloso es esto!

Como cristianas no podemos vivir una vida separadas de la palabra de Dios, no es posible

Es necesario que nos alimentemos de esa fuente de verdad cada día de nuestras vidas,necesitamos escuchar la verdad todo el tiempo, los labios del enemigo solo pronuncian y producen mentiras y nosotras necesitamos día a día ser expuestas a la verdad gloriosa de Su palabra.


Amiga, no sé cuál es el área con la que luchas, que mentira quizá el enemigo te ha llevado a creer o cual es la presión que el mundo hoy está ejerciendo sobre ti. Sólo puedo decirte, abraza tu biblia y no te sueltes de ella, porque esta es el arma que Dios nos ha dejado para pelear todas nuestras batallas, es esta la fuente de vida, es este el medio a través del cual Dios declara sus verdades a nuestros oídos y es también esa lámpara que nos alumbra el camino.

Llega cada día a los pies del señor en oración y déjate instruir por su palabra.

LÁMPARA ES A MIS PIES TÚ PALABRA

Por mucho tiempo estuve confundida

Con la mente entenebrecida

Así como Pablo, queriendo hacer el bien, menos lo hacía

Pero la verdad era que no le conocía

Me había limitado a escuchar quien era

Y a conocer lo que Él esperaba

Pero nunca a saber cómo llegaría

Hasta el punto donde Él se encontraba

Me encontré luchando en contra de mis defectos

Tratando tanto como fallaba

Fue así como perdí mis fuerzas

Y fui hasta Él para saber que pasaba

En su palabra encontré la luz

Esa dispuesta a alumbrar mi camino

Entendí que sola nada podía hacer

Y en sus manos entregue mi destino

Hoy busco cada día ese alimento

Me refugió en los brazos de su verdad

Para que ninguna mentira del mundo

A mi corazón pueda engañar

Paola Guerra