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No se trata de tus cualidades


Comenzaremos en breve un nuevo año y con ello ideas para comenzar cosas nuevas y aventuras nuevas. ¿Tienes algún sueño de algo que quieras hacer este año?


Tal vez quieras conseguir un ascenso o un nuevo trabajo. Es posible que desees ir a la universidad y obtener el título que has estado esperando durante años. Tal vez quieras escribir un libro, comenzar un ministerio, ir al extranjero o servir en una nueva área dentro de la iglesia. Tienes estos sueños de hacer cosas para el Señor y para Su gloria, pero también tienes preguntas y dudas sobre si serás capaz de hacerlo porque te sientes muy poco calificada.


Hermana, si esta eres tú, no estás sola. Yo también estuve allí y me pregunté las mismas cosas cuando comencé a perseguir un sueño que Dios puso en mi corazón. Ese sueño es lo que ahora conoces como «Ella Florece». Quiero tomarme el tiempo en este artículo para animarte, mientras consideras en oración esos grandes sueños que Dios ha puesto en tu corazón y dejas en Sus manos el «cómo empezar» si es que el Señor quiere eso para ti.


Estoy escribiendo estas palabras entre lágrimas de gozo, agradecimiento y en completo asombro de que Dios me permita ser parte de lo que está haciendo a través de «Ella Florece». Este año estaremos celebrando tres años desde que comencé este ministerio y estoy alabando al Señor por lo que ha hecho con lo poco que tengo para dar. Si alguna vez has querido hacer algo, comenzar algo y avanzar hacia lo que el Señor ha puesto en tu corazón, puede que hayas sentido que no estás calificada para hacerlo, como si fueras la última opción que Dios elegiría intencionalmente para seguirlo y servirlo.


Así es como me sentí, y honestamente es como me siento casi todos los días, pero me alienta mucho ver cómo Dios usa «aún a los más pequeños» para Sus planes, Sus propósitos y Su gloria.


Cuando piensas en las personas que Dios eligió para compartir Su mensaje y servirle, probablemente tú no las elegirías si tuvieras la potestad de hacerlo. Piénsalo. ¿Escogerías a David, el más joven de sus hermanos y un humilde pastor, para ser el rey de Israel? ¿Hubieras escogido a Tomás, que dudaba constantemente para proclamar el Evangelio? ¿Qué hay de Pedro? Que era impulsivo y hablaba cuando probablemente no debía hacerlo ¿lo elegirías para tener un papel importante en la difusión del mensaje de Jesús? No olvidemos a Pablo, quien fue un perseguidor y asesino de cristianos, ¿lo elegirías para escribir la mayor cantidad de cartas que tenemos en la Biblia, para instruir y animar a millones de creyentes?


No sé ¡pero yo no lo haría! Y no somos los únicos que se negarían a hacerlo. Tenemos un vistazo de cómo Samuel habría pasado por alto a David para elegir a uno de sus hermanos, si hubiera dependido de él, elegir al rey de Israel. Sin embargo, Dios instruyó a Samuel diciéndole: «No mires a su apariencia, ni a lo alto de su estatura, porque lo he desechado; porque Dios no ve como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón» (1 S 16:7).

Agradezco inmensamente que Dios no mira lo que otras personas miran para determinar si estamos «calificados» para hacer Su trabajo. De hecho, si no fuera así, este artículo de esta revista no estaría en tus manos en este momento.


Cuando pienso en cómo Dios me estaba llamando a comenzar este ministerio, a menudo me río entre dientes de que Dios me eligiera a mí para hacer esto. Soy introvertida, no me siento cómoda con mi español y no sabía nada sobre cómo comenzar un ministerio o estar en un liderazgo de ningún tipo. Ah, y si eso por sí solo no me descalifica ya, entonces no debemos olvidar lo pecadora que soy y las cosas que he hecho y dicho. Seguramente Dios nunca me hubiera elegido para hacer algo por Su Reino. Pero un día me senté en mi sala y sentí que Dios me estaba llamando para comenzar un ministerio en línea, hispanohablante. Más tarde, y casi sin darme cuenta, me encontraría escribiendo y hablando en español, dirigiendo a más de 40 voluntarias, haciendo video podcasts y ¡enseñando en YouTube! ¡¿Qué?! Todavía estoy impactada y expectante en el Señor. Nunca dejará de maravillarme Su gracia que me permite hacer estas cosas a pesar de lo poco calificada que estoy para hacerlas.


No obstante, mi respuesta al llamado inicial de Dios para comenzar este ministerio fue: «¿Estás seguro, Dios? Hay otras personas que serían mucho mejores en esto. Elígelos a ellos, no a mí». Si has leído el relato de Moisés y la manera en que Dios lo escogió para sacar a Su pueblo de Egipto, sabes que Moisés no sabía por qué Dios lo estaba eligiendo, y le pidió, al igual que yo, que eligiera a otra persona. Moisés no pensó que la gente le creería, y tampoco pensó que él era lo suficientemente elocuente para comunicar el mensaje de Dios. Sin embargo, la respuesta de Dios a Moisés fue: «¿Quién ha hecho la boca del hombre? ¿O quién hace al hombre mudo o sordo, con vista o ciego? ¿No soy Yo, el Señor? Ahora pues, ve, y Yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que has de hablar» (Ex 4:11-12). La respuesta de Dios a Moisés no fue alentarlo con recordatorios de todas las buenas cualidades que poseía y que lo convertían en un buen candidato para sacar al pueblo de Egipto. No. Más bien, Dios animó a Moisés recordándole que el Dios del universo y Creador de todas las cosas, estaría con él. Dios mismo caminaría junto a él en este llamado a hacer Su obra.


El Señor llama a Gedeón para ser profeta y salvar al pueblo de la opresión de los madianitas. Gedeón responde al llamado de Dios diciéndole: «¿cómo libraré a Israel? Mi familia es la más pobre en Manasés, y yo el menor de la casa de mi padre» (Jue 6:15).


Tanto Gedeón, como Moisés, como yo, y probablemente como tú, dudaban de la elección de Dios para servirlo. Nuevamente, la respuesta de Dios no es alentar a Gedeón recordando el maravilloso talento, discernimiento y conocimiento que tenía, sino que Dios le dice que estaría con él. «Pero el Señor le dijo: “Ciertamente Yo estaré contigo, y derrotarás a Madián como a un solo hombre”» (Jue 6:16).


Si has leído mucho de la Biblia, sabrás que así es como Dios trata con Su Pueblo en todos los relatos. Dios elige al menor de todos y al más desordenado de los pecadores para transformarlo en santos (por ejempo: David, que cometió adulterio; Pedro, que negó a Jesús; y Rahab, que era una prostituta), para servirle y proclamar Su mensaje a los demás. ¿Por qué? Porque no se trata de ellos o de nosotros. Se trata de Él.

Él nos equipa consigo mismo; Él camina con nosotros y nos da todo lo que necesitamos para hacer lo que Él nos ha llamado a hacer (2 P 1:3).


Así que, hermana, si tienes un llamado en el Señor para hacer o comenzar algo nuevo, recuerda que si has creído en Cristo como tu Señor y Salvador, entonces Él estará contigo. No se trata de tus talentos, habilidades, recursos o falta de ellos. Tampoco se trata de tu historial de aciertos y errores, sino de Dios y Su poder, Su gracia, Su fuerza, Sus habilidades, Sus recursos y Su gloria.


Una vez que hayas orado, buscado consejo y calculado los costos (Lc 14:28-30), si decides seguir adelante, quiero que sepas que Dios estará contigo y que eso es toda la cualidad que necesitas. Comienza este nuevo trabajo, negocio, estudio bíblico, blog, libro, podcast, proyecto de voluntariado, programa o lo que sea que Dios te llame a hacer, con fe. Has sido calificada para hacerlo por la obra de Jesús en la cruz y por Su Espíritu que te permite decir «sí» en obediencia a Él.



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Diseños: Berenice Souza

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