La Tentación Más Grande





Por Paola Guerra


Uno de los primeros términos con los que me familiarice al conocer a Dios fue “rendición”. Recuerdo haber leído el libro de Nancy DeMoss con este título, pero lo que más recuerdo fue mi primera reacción ante lo que ella planteaba, fue chocante para mí leer que, como creación debemos rendir ante Dios todas las áreas de nuestra vida, y con mi poco conocimiento de la Palabra yo argumentaba la contraparte, en base al libre albedrío que Dios mismos nos da. Me resultaba ilógico que Dios pudiera ser tan controlador y que no me dejara vivir mi vida, ese no era el Dios que pensaba estar empezando a conocer. Claramente yo estaba entendiendo todo mal y el mensaje de la autora estaba muy lejos de mi errónea interpretación.


Luego de un tiempo de relación con Dios y la re-lectura de este libro, entendí que la rendición no es un acta que firmamos renunciando a todo en nuestra vida, es más bien una carta remitida al Padre donde rogamos su intervención divina, entendiendo que al ser Él quien lo diseño todo con tal sabiduría, no hay nadie más capacitado y con más derecho para guiar nuestras decisiones según Él disponga, pero, sobre todo, teniendo la absoluta certeza que, al amarnos tanto, su voluntad para nosotros siempre será la mejor, mucho mejor que la nuestra.


A pesar de sonar tan lindo y de que como creyentes nos otorgue cierta paz poder rendir nuestras áreas a Dios (algunas más que otras), la verdad es que no es nada sencillo. A menudo, el entendimiento teórico llega primero e incluso podemos llegar a ponerlo en práctica en ciertas cosas, pero la realidad que he podido evidenciar tanto en mi vida, como en la de otros creyentes cercanos, es que constantemente luchamos por mantener el control, reservándonos áreas de dominio personal y negando la entrada de Dios allí.


Algo así veo en David, considerado de un corazón conforme al de Dios, quien, a pesar de consultar siempre sus decisiones con Dios; sobre sus batallas y la dirección del pueblo, cae en adulterio e incluso llega a cometer un homicidio a causa de ese mismo pecado. Tal parece que David no considero la opinión de Dios frente a sus relaciones personales. La mayoría de nosotras conocemos el desenlace y sabemos que David tuvo que ponerse a cuentas con Dios y pagar las consecuencias de su pecado.


EL MEJOR EJEMPLO

Afortunadamente para nosotras, en este tiempo contamos con el mejor ejemplo, el de Alguien cuya vida estaba totalmente rendida a Dios y a vivir bajo su soberana voluntad. Sí, hablo de Jesús.


Vemos registradas en la biblia varias ocasiones donde Jesús hace referencia a su rendición total al Padre, a Su voluntad. En Juan 6:38 nos encontramos con sus palabras “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”.


Qué gran ejemplo hallamos en Jesús, quien viniendo del cielo no actuó conforme a su parecer, ni quiso mantener el control, sino que se hizo obediente hasta la muerte, él mismo dijo “pase de mi esta copa, pero que se haga Tu voluntad” Mateo 26:36.

¡Esto sí que es rendición absoluta!


LA MEJOR AYUDA

Ahora, quizás te preguntes cómo puedes llegar a rendir tú voluntad a Dios. Déjame darte una buena noticia, Jesús no solo nos modeló el mejor ejemplo, Él además nos proveyó de Alguien, que nos ayuda a lograr todo aquello que no podemos en nuestras propias fuerzas, lo cual incluye, rendir el control de las áreas de nuestra vida a Dios.

“Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho’’ Juan 14:26.


Así que por duro que sea tener presente a Dios en cada cosa que hacemos y estar dispuestas a negar nuestros propios deseos por hacer los suyos, tenemos una esperanza en el Espíritu santo, a quien podemos clamar por ayuda y quien nos ayudará a ser mujeres rendidas al Padre.


JESÚS NOS DIO EL DISEÑO

Abrazar la voluntad de Dios y rendir la nuestra se puede ver de muchas maneras: quizá para algunas signifique romper con una relación que en el fondo de su corazón saben que no es lo que Dios quiere para sus vidas, continuar en un empleo donde no se sienten totalmente a gusto, perdonar a un esposo que ha faltado a su confianza, abandonar sus planes de independizarse para estar un año más con sus padres o simplemente servir a tiempo completo en el ministerio. Esto solo son ejemplos de cómo Dios puede estar llamándonos a rendirnos en ciertas áreas, lo cierto es que sea cual sea el caso, como hijas de Dios, solo tenemos una opción y esa es obedecer.


Mateo 26:36-42 narra el tiempo que Jesús tuvo con sus discípulos en el Getsemaní antes de ser apresado, y nos deja ver la manera en que justo antes de cumplirse su propósito final en la tierra el mismo Jesús afronta sentimientos de angustia y tristeza. Sabemos que Jesús conocía desde el principio su propósito, Él sabía que había venido a cargar con todos nuestros pecados y ser llevado a la cruz, sin embargo, su alma se sintió afligida. Pero hay algo maravilloso y es que en medio de su aflicción Jesús toma la decisión de orar.


Y adelantándose un poco, cayó sobre Su rostro, orando y diciendo: «Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras». Mateo 26:36

En el corazón de Jesús estaba el deseo reinante de hacer la voluntad de Su padre, pero ello no lo hizo exento de sentir angustia, es por esto que Jesús acude a la oración como el único medio a través del cual puede encontrar fuerzas suficientes y paz en medio de su rendición absoluta. Y es por esto que también alienta a sus discípulos a orar para que no cayeran en tentación, porque sabía que ellos también afrontarían el miedo y la tristeza de ver a su Maestro apresado y crucificado.


La invitación de Jesús sigue siendo la misma para nosotras, es necesario que nos mantengamos despiertas y estemos firmes en oración, para que no caigamos en la tentación, en este caso, de querer abrazar el control de nuestras vidas y actuar según nuestra voluntad, lejos de vivir en rendición.


Velen y oren para que no entren en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. Mateo 26:41


QUERIDA AMIGA

Puedo asegurarte que no hay mayor paz y gozo que el sabernos obrando según lo que Dios desea para nuestras vidas, no importando cuán difícil esto se pueda ver en principio. Tenemos seguridad y es que como lo dice Su palabra, la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Así que aun cuando de momento no logremos entenderla, podemos abrazarla con la seguridad de que al final habrá valido la pena.


Hoy vemos el sacrificio de Jesús en la cruz y le damos gracias por haberse hecho obediente hasta la muerte y por haberse rendido a la voluntad del Padre en esa oración, porque a través de ello, hemos sido liberadas de la muerte eterna a la cual estábamos condenadas por nuestros pecados, y tenemos la esperanza de un día ver cara a cara a Dios en la eternidad.


Te invito a orar y que experimentes la paz que necesita tu alma, esa que solo Dios provee, para vivir una vida de continua rendición a la voluntad del padre.