top of page

La sumisión: Una batalla espiritual y la esperanza del Evangelio


La sumisión es una batalla espiritual constante, es una lucha sin consideraciones, entre nuestra carne y el EspĆ­ritu Santo queĀ  habita en nosotras. Por esa razón, debemos tener las expectativas correctas de que no va a ser fĆ”cil. Esto no se va a dar forma natural. Desde este lado del cielo, nuestra sumisión no serĆ” perfecta, tendremos caĆ­das, pero recordemos que no luchamos en nuestras fuerzas, sino en las de Ɖl.Ā 


La sumisión se trata de un proceso en el cual podemos crecer y madurar progresivamente, igual que en el resto de las Ôreas de nuestro caminar en Cristo. Y para que eso suceda, necesitamos del poder de Dios en nosotras. 


En un estudio que tuvimos en mi iglesia, una de mis hermanas me preguntó cómo era para mi vivir este aspecto en mi matrimonio. Mi respuesta fue: «Aún estoy en ese proceso, a veces con altas y otras con bajas». 


Para ser sincera, me he encontrado en dos extremos. En un principio confundĆ­ la sumisión. CreĆ­a esta mentira de que se trataba de estar de acuerdo en todo: Ā«SĆ­, lo que tĆŗ digas mi amorĀ», Ā«Lo que tĆŗ quieras cariƱo.Ā» Pero el SeƱor poco a poco me ha ido enseƱando que, no se trata de anular mi personalidad, mis opiniones, gustos, dones y habilidades. MĆ”s bien se trata de, como dice Laura GonzĆ”lez: "fuerza bajo control"; de poner todo eso que Dios me ha confiado y la "posición estratĆ©gica" donde Ɖl me ha colocado, al servicio de mi esposo y familia, para el avance de Su ReinoĀ».


Por otra parte, muchas veces caigo en la excesiva firmeza de defender lo que pienso y de querer Ā«ayudarĀ» demasiado a mi esposo. En ocasiones soy impaciente para esperar el momento oportuno, y usar la forma adecuada para acercarme a Ć©l y tratar sobre un tema determinado. En estos casos, sĆ© que soy un obstĆ”culo para el obrar de Dios en el corazón de mi esposo, sin dejar el suficiente espacio para que Ɖl pueda intervenir en todo lo que ya tiene planificado hacer. Confieso que necesito crecer en confianza y valor en Dios, y soltar toda mi ilusión de control.


Estoy aprendiendo a desear obedecer y glorificar cada vez mĆ”s a Dios en esta Ć”rea. A veces veo que muchos de estos patrones de pecado salen incluso inconscientemente, y que si no velo, pueden hacerse habituales. Por esa razón, ruego a Dios que me siga dando luz y revelando mis pecados ocultos; que desarraigue estos hĆ”bitos y me ayude a sustituirlos por otros nuevos y piadosos; que me haga cada vez mĆ”s mansa, humilde, prudente, sabia, paciente, pacĆ­fica, enseƱable y una verdadera ayuda idónea; que a la vez sea firme en mis convicciones y temor a Ɖl; para que pueda decir la verdad en amor y ser de bien y no mal para mi esposo siempre.


Si eres mujer, sĆ© que igual que yo estarĆ”s en tu propio proceso y luchaĀ en cuanto a la sumisión. No sólo en el matrimonio, sino en cualquiera de las otras Ć”reas a las que se extiende. Pero quiero que todas, nos sintamos animadas y exhortadas a no colgar los guantes en esta carrera. En el Evangelio tenemos esperanza. Si hemos fallado otra vez, no nos quedemos en la derrota. No nos hundamos en un pantano de vergüenza, condenación y culpa. Alcemos los ojos a Cristo, al Salvador, a Su cruz, a AquĆ©l quien es la sumisión perfecta. Su sumisión y obediencia son tambiĆ©n nuestras por la fe. En Ɖl hallamos perdón, gracia, misericordia y paciencia para continuar y seguir intentando otra vez.


El pecado ha distorsionado esta Ôrea, como todas las demÔs del diseño de Dios. Muchos han ejercido inadecuadamente la sumisión, y se han aprovechado de su autoridad; pero esto no lo hace un concepto anticuado ni abusivo, siempre y cuando se ejerza dentro de los límites de Dios.


Finalmente, como dijo tambiĆ©n en nuestro estudio mi hermana Luisa: Ā«No podemos tener miedo a la palabra sumisión. Al contrario, debemos decir: ā€œSĆ­, somos mujeres sumisas porque la sumisión es necesariaā€.» Estoy completamente de acuerdo con esa declaración. La sumisión es tan importante porque es idea del Dios Bueno y de orden, que creó todas las cosas y sabe cómo gobernar Su creación. Necesitamos confiar en Ɖl y no en el mundo.Ā 


Oremos juntas: ”Oh! Señor, por favor, ayúdanos a ser mujeres sumisas, que podamos reflejar a nuestro Salvador Jesús que se sometió a ti hasta la muerte, para darnos perdón y vida eterna. Que Su sumisión, al igual que Su amor, nos deje sin salida y nos impulse a la sumisión que te honra y agrada (2 Cor 5:14-15). En el nombre de Jesús, Amén.




Descarga a continuación el documento para que puedas colorear, es gratis.



DiseƱos: Constanza Figueroa


Ā 
Ā 
Ā 
  • Facebook
  • White Instagram Icon
Ā© 2024 Ella Florece Internacional
bottom of page