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Hablemos de libros


«Cuando vengas, tráeme el abrigo que dejé en la ciudad de Tróade, en casa de Carpo. Trae también los libros, especialmente los pergaminos» (2 Ti 4:13; énfasis añadido)


Ciertamente, el amor de Pablo por los libros es notable. Él pedía a Timoteo que traiga sus libros, por supuesto, especialmente los rollos,  que eran las porciones del Antiguo Testamento, la Palabra de Dios. Una de las pocas cosas que Pablo pidió, aun sabiendo que le quedaba poco tiempo antes de ser ejecutado, eran libros. 


Los cristianos sabemos que tenemos que leer la Biblia, pero, al mismo tiempo, nos surgen una serie de preguntas que tienen que ver con la lectura en general, como, por ejemplo: «¿realmente es tan importante la lectura de otros libros además de la Biblia?» «¿puedo leer libros “no cristianos”?».


Seguramente también ya sabes, porque  te lo han dicho o lo has escuchado muchas veces, que la lectura es importante y por eso tiene que tener un lugar considerable en tu vida como creyente. Quizá estés asintiendo con tu cabeza ante la afirmación de que la lectura es provechosa para cualquiera. O, tal vez, ni siquiera has meditado en la importancia de leer otros libros y esto de hacerlo te parezca algo tan ajeno que sólo debe ser asunto de los «más espirituales o intelectuales». Como sea, te animo a que me acompañes a intentar responder estas preguntas y a reflexionar en lo que significa la lectura.


Si otras personas te han hecho creer que sólo debemos leer la Biblia y no otros libros porque puede ser malo, déjame decirte que no tiene que ser así necesariamente. La Biblia sí es suficiente, es la Palabra de Dios y debe ser nuestra prioridad, ella debe ser la que nos guíe en todo, pues es perfecta, fiel, pura, limpia, recta; es la Verdad (Sal 19:7-10).


Todos los cristianos debemos leer la Biblia y meditar en ella de día y de noche (Sal 1: 2). Sabemos que «Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra» (2 Ti 3:16-17). Un cristiano que no lee la Biblia es un cristiano que simplemente no está trabajando en cultivar su comunión con Dios.


Entonces, está claro que debemos leer la Palabra de Dios, no es una opción, es un mandato, pero también podemos y debemos leer otros libros. Tal como dijo Charles Spurgeon: «visita muchos buenos libros, pero vive en la Biblia». A través de la historia Dios ha puesto en hombres y mujeres el don de la enseñanza para que lo manifiesten a través de libros; libros que sirven para la edificación de la iglesia y nos ayudan en nuestro crecimiento espiritual. Ciertamente, los seres humanos somos falibles, propensos a equivocarnos, sin embargo, rehusarnos a leer otros libros además de la Biblia, es como decir que Dios no puede usar a otras personas para enseñarnos y llevarnos a la verdad.


Charles Spurgeon también dijo: «Estaríamos llenos de maldad sí dijésemos: “No queremos los tesoros celestiales que se encuentran en vasos terrenales”. Si Dios nos diese sus tesoros celestiales de su propia mano, y no a través de vasos terrenales, los aceptaríamos. Creemos que somos demasiado sabios, demasiado elevados, demasiado espirituales para que no nos importen las joyas que pudiésemos encontrar en vasos de arcilla. No oiremos a nadie ni leeremos nada, excepto la Biblia; tampoco aceptaremos la luz que pudiera venir a través de un agujero en nuestro techo. Preferimos quedarnos a oscuras antes que ver por medio de la luz de la vela de otro hermano. Hermano, no caigamos en tal estupidez. Si la luz viene de Dios, y es un niño quien la trae, aceptémosla gozosamente. Si alguno de sus siervos (bien sea Pablo, o Apolos, o Cefas) ha recibido luz de Dios, he aquí, “todo es vuestro, y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios” (1 Co 3:22-23). Por tanto, aceptemos la luz que Dios ha encendido, y pidamos que por gracia podamos hacerla brillar sobre la Palabra de Dios para que, cuando la leamos, la entendamos».


¿Y qué de los libros que no son «cristianos»? Tal vez ya tienes claro que puedes leer libros de autores cristianos porque Dios los usa para nuestro crecimiento espiritual y para crecer en semejanza de Él, pero ¿qué hay de aquellos libros que no son cristianos? ¿vale la pena realmente leerlos?


Bueno, ciertamente, muchos de esos libros no valen la pena y no deberíamos leerlos porque, en efecto, no tienen el fin de ayudarnos en nuestro crecimiento espiritual ni ser más como Cristo. Sin embargo, la mayoría de ellos sí los necesitamos para darnos cuenta de cómo es el mundo allá afuera. Como dijo el pastor John Piper: «Los libros no cristianos nos dan una dosis de realidad».


Leer libros no cristianos nos ayudan a tener una identificación emocional e intelectual con aquellos que no conocen a Cristo; permitiéndonos ser sensibles ante sus necesidades y responder en compasión a un mundo que no conoce al Señor, llevando las buenas nuevas de salvación, cumpliendo así la gran comisión que se nos ha dado.


Leer a menudo duele


La lectura es la acción de leer,  y «leer», según el diccionario, significa: «Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados». Lo que sucede muchas veces es que pensamos que leer es aceptar todo lo que el autor de un libro dice, sin pensar, reflexionar o analizar lo que ha escrito. Sin embargo, leer no significa simplemente pasar tu vista por las páginas de un libro o cualquier escrito y decir a todo «sí, amén». Más bien, como dice Ana Ávila: «Leer es tener una conversación con el autor. Para el creyente, leer es escuchar las ideas de otra persona y reflexionar en ellas a la luz de la verdad eterna de Dios».


Leer implica pensar, y pensar a menudo duele. Conlleva un arduo trabajo, pero si nos resistimos a hacer este trabajo estaremos resistiéndonos a «examinarlo todo y retener lo bueno» (1 Tes 5:21) en todas las áreas de nuestra vida. Leer implica pensar, y Dios desea que pensemos cuidadosamente bajo el dominio del Espíritu Santo.


Para la gloria de Dios


Finalmente, propongamos en nuestro corazón leer para la gloria de Dios; mirando y examinando todo a la luz de la Palabra. Todo lo que leamos (ya sea libros de autores cristianos y no cristianos) debe pasar por el filtro de lo que dice la Escritura. 


Querida lectora, vivimos en un mundo caído. Dios no nos manda a salir de este mundo, nos manda a vivir en este mundo, no conforme a lo que éste propone sino más bien llevándole el evangelio de Cristo que tanto necesita. Vivir para Dios significa que todo lo que hagamos lo hagamos para Su gloria (1 Co 10:31), y ¿por qué no leer para Su gloria también? 


Te animo a que, si ya tienes este hábito cultivado o si has empezado a hacerlo, no te rindas, persevera y busca, cada día, darle un lugar en tu vida al hábito de la lectura. Te aseguro que, la verdadera riqueza de encontrar un buen libro y leerlo, está en cómo ese libro transforma tu pasividad en hechos que glorifiquen a Dios y reflejen tu amor por los demás.



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Diseños: Joselyn Amador

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