El Gran Mensaje de Esperanza: 66 obras, una única historia

Por Anabel Vargas


Todos disfrutamos que nos cuenten una buena historia. Recuerdo cuánto me maravillaba cuando en la escuela bíblica para niños nos contaban acerca de las grandes hazañas de los hombres y mujeres que “protagonizan” las historias de la biblia. Daniel en el foso de los leones, David derrotando un gigante, tres hombres que sobreviven a un horno de fuego, un enorme barco que preservó la raza humana en medio de un gran diluvio y cómo todo el universo que conozco fue creado por Dios en seis días y luego uno de descanso.


Me impactó aún más cuando me detuve por primera vez a estudiar la Biblia por mí misma. Ya no simplemente escuchaba las historias, ahora podía leerlas. Creo que no exagero al contarles que, a medida que iba leyendo cada página, me surgían preguntas, algunas me eran muy difíciles de contestar, sobre todo, cuando se trataban de las guerras, los castigos, los sacrificios, las ciudades destruidas y un Dios celoso de su nombre y airado por el pecado. Mi corazón temblaba y se asombraba, aún lo hace. Algunas de esas preguntas eran: ¿Es Dios el mismo en el Antiguo y el Nuevo Testamento? ¿Tienen ambos el mismo valor? ¿Cómo puede el mismo Dios de amor que envió a su hijo a morir por nosotros ser tan severo en el castigo a la humanidad? ¿Es cruel su castigo?


Aunque creo que es un poco atrevido y difícil intentar contestar aquí estas preguntas (de manera clara, profunda y sin dejar escapar nada); sí quiero recordarles que, al acercarnos a las Escrituras, venimos a un libro que ocupa un único gran mensaje: el mensaje de cómo la creación perfecta de Dios, con la entrada del pecado, le dio la espalda a Su creador, convirtiéndose así en sus enemigos; pero, la buena noticia es que mediante Jesucristo hay perdón de pecados, Él es la promesa de redención y el único y perfecto camino para volver al Padre otra vez (Efesios 2:4,5). El mismo Jesús, en múltiples ocasiones hizo referencia a las Escrituras, demostrando que Él es el Mesías que había de venir, el que Dios prometió. En Juan 5:38-39, Jesús les dice a los fariseos que la palabra de Dios (ellos solo poseían el canon del Antiguo Testamento) no moraba en ellos, pues a quien Dios mismo envió, ellos no habían podido reconocer ni creer. En el versículo 46 les dice “porque si creyeran a Moisés, me creerían a Mí, porque de Mí escribió él. Las palabras de Jesús nos ayudan a comprender que toda la biblia narra una sola historia y cada palabra que Dios ha revelado y está escrita allí, nos apunta a la gloria de Su gracia manifestada en Su Hijo. (Lucas 24:27)


Otro pasaje que me asombra, es el capítulo 15 de Éxodo, cuando Moisés y los israelitas cantan al Señor luego de cruzar el Mar Rojo. Te invito a leer el capítulo completo para que te maravilles conmigo del gran Dios que adoramos, un Dios Glorioso, Fuerte, Guerrero, Majestuoso, Poderoso, Justo, Santo, Hacedor de Maravillas, un Dios ante el cual se turban y tiemblan los habitantes de la tierra, un Dios tan bueno que acababa de abrir el mar en dos para salvar a un pueblo titubeante e inmerecedor de gracia. Tan inmerecedor como tú y como yo.


Dios es el mismo en toda la biblia y en todos los tiempos (Salmo 90:2), tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, en las guerras y la escasez, como en la provisión y la paz reinante; cuando juzgó, así como cuando dio vida y nuevas oportunidades. Dios es el mismo y sigue siendo bueno, es soberano y sigue reinando. Solemos separar la justicia de Dios del entendimiento de su santidad, pero la realidad es que no podemos separarlas. La justicia y la santidad de Dios tampoco son excluyentes de su amor inagotable, pues son precisamente todos esos atributos que lo hacen merecedor de alabanza y nos dan la esperanza de que, aunque toda la creación se corrompió, Dios tiene control sobre ella, y aun cuando no alcanzamos a comprender completamente su idea de justicia y santidad, nos amó tanto que proveyó el medio para nuestra salvación: Jesús.


Hermana, la Biblia es más que una simple historia. Daniel no es el protagonista, tampoco David, ni Sadrac, Mesac y Abed-nego, ni los discípulos. Dios lo es, su hijo Jesús, su obra en la cruz y la manera gloriosa en la que podemos ver el poder de Dios en cada una de las historias bíblicas que narran la Gran historia de Redención y nos apuntan solo a Cristo. No es cualquier libro, es la palabra Santa de Dios y así debe ser leída. Nosotros solos somos incapaces de comprender la grandeza de Su carácter y de su obra en beneficio nuestro, pero ¡glorias sean dadas a Dios por el regalo del Espíritu Santo que mora en nosotros y abre nuestros ojos a la luz de la verdad! (Efesios 1:17)


Quiero invitarte, que cuando leas la palabra de Dios lo hagas tomando en cuenta lo siguiente:


1- Lee la biblia reconociendo tu dependencia del Espíritu Santo

Pero el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque son cosas que se disciernen espiritualmente. En cambio, el que es espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado por nadie. Porque ¿Quién ha conocido la mente del señor, para que lo instruya? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo. (1 Corintios 2: 14-16)


2- Lee la biblia a la luz de la biblia

Cuando estudies la Biblia, cuídate de entender el contexto de lo que estás leyendo y tomar en cuenta el mensaje general del Evangelio. Usa concordancias, biblias de estudio y acude a tu pastor o un maestro de tu iglesia que pueda ayudarte a comprender mejor cuando tengas preguntas. ¡Dios nos libre de caer en la trampa de sacar textos de su contexto e interpretarlos a nuestra conveniencia!

3- Lee la biblia con reverencia y detenimiento

Otra vez, amada hermana, la biblia es la palabra de Dios, no debemos leerla como a cualquier otro libro. Desmenúzala, respétala, obedécela.


4- Lee con las motivaciones correctas (para conocerle a Él)

Ora antes de exponerte a las Escrituras y pide al Señor que abra tus ojos a Su verdad y prepare tu corazón para aprender y comprender lo que Él quiera enseñarte. Reconoce que, sin importar si es la primera o la cuarta vez que estás exponiéndote a un pasaje, estás leyendo Su palabra inspirada y Dios puede seguir abriendo tus ojos tan gloriosamente como la primera vez.


5- Lee la biblia reconociendo su Suficiencia (Salmo 19:7-14, 2 Pedro 1:21)

La Biblia es suficiente y ningún otro libro puede igualarla ni sustituirla. Está bien si quieres leer otros libros de hombres que Dios ha usado a través de la historia para bendecir su iglesia, o quizás seas más contemporánea y prefieras los blogs como este. Sin embargo, aunque damos gracias a Dios por todos estos recursos y el uso increíble que le está dando su pueblo, no olvidemos que solo Su palabra, y toda ella, es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia. (2 Timoteo 3:16).


Finalmente, amada hermana, hoy mi oración por ti es la oración de Pablo a los Efesios:

No ceso de dar gracias por ustedes, mencionándolos en mis oraciones, pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, les dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él. Mi oración es que los ojos de su corazón les sean iluminados, para que sepan cuál es la esperanza de Su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de Su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de Su poder. (Efesios 1:16-19)


¡Dios nos ayude a leer Su palabra con absoluta reverencia, absoluto recelo por |la verdad, absoluto amor por Él y absoluta dependencia del Espíritu Santo!


Anabel anhela vivir Coram Deo, haciendo a Cristo su tesoro en cada área de su vida. Tiene una gran pasión por plasmar en papel lo que Dios va moldeando en su alma y compartirlo para gloria de Dios y bendición de su iglesia. Le encanta ver fotos viejas en días de lluvia y tomarse un buen café mientras conversa con amigos. Actualmente, sirve en su iglesia local en Mao, Valverde, República Dominicana.