El escudo que necesito

Por Ana Cardenas




La definición que encontramos en el diccionario para “escudo” es: arma que sirve para defenderse o protegerse de algún tipo de ataque. Curiosamente, este elemento es considerado el arma de defensa más antigua en la historia.


A lo largo de los salmos podemos observar cómo sus autores se refieren a Dios como su escudo, su protección y defensa. Aunque no es la única forma de referirse a su Señor, es un hecho que la protección que viene del Señor es ese atributo de Dios que predomina en los Salmos. Ello nos muestra una hermosa realidad acerca de cuán bueno es Dios por nosotros.


En esta vida tendremos problemas, enormes dificultades, pruebas, situaciones que no podemos entender ni controlar y un sinfín de cosas que nos dolerán profundamente. No podemos evitarlo y no tenemos qué. El mismo Jesús dijo que en este mundo tendríamos aflicciones y tenía mucha razón, lo sabemos muy bien, lo hemos experimentado. Lo hermoso de esto es que él no terminó solo afirmando la realidad del sufrimiento, sino también la esperanza que encontramos en Él y su victoria.


Hay momentos que sobrepasan el límite de aquello para lo que creemos estar listas. El libro de Job nos muestra esto y lo más peculiar de todo es que Dios lo permitió. En ninguna parte de la biblia encontramos una promesa de vivir sin preocupaciones, una vida color rosa. Al mirar a profundidad a mi alrededor puedo encontrarme con situaciones inexplicables, dolorosas y una gran necesidad de redención. Aún si examino mi vida puedo ver muchos desaciertos, momentos dolorosos y de muchas lágrimas, sé que no puedo evitarlo o controlarlo. Ver cómo mi propio carácter afecta la paz de otros también es doloroso. Noto una cadena de dolor en todo lugar a cada segundo. Todas esas cosas hacen que al final te sientas bajo constante ataque.


El hecho de que necesitemos un escudo significa una cosa: Estamos en guerra.


Saber que todo a nuestro alrededor se puede poner mal no nos hace la vida más ligera, o naturaliza el dolor o tristeza, la costumbre no sirve para arreglar nuestras situaciones. Porque no está bien poner lo importante entre paréntesis y seguir como si nada. Nada de eso es correcto, pues nuestro corazón no fue diseñado para vivir ignorando las situaciones, ni para omitir el dolor y fingir.


¿Por qué Dios permitiría que pasaramos por tanto dolor? Esta es una pregunta que nos cuesta responder aún, pero, hay algo que tú y yo podemos aprender en el libro de Job y a largo de la escritura. Esto es: ver cómo Dios siempre es mucho más grande que el mayor de los dolores o tristezas que podamos enfrentar. Habacuc y Job nos enseñan que aunque todo parezca derrumbarse a nuestro alrededor, puedes seguir hallando gozo en el Dios que no cambia, que no se derrumba, en el Dios inconmovible, Aquel que se convierte en un escudo a tu alrededor.


Estamos en una guerra constantemente; eso es lo que nos enseña la Palabra. El apóstol Pedro habla de usar la armadura de Dios, el cual incluye el uso de un escudo.

“Sobre todo, tomen el escudo de la fe con el que podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno” Efesios 6:16


Pablo nos insta a usar el escudo de la fe para apagar los dardos (o flechas) encendidas del enemigo. Si veo un escudo, a veces, pienso que es la parte de la armadura que te deja en la posición más peligrosa de todas. Piensalo, un escudo nada más protege una pequeña parte de ti, es al extremo aterrador pensar que lo demás está desprotegido.


Aquí tengo un dato curioso para tí: lanzar flechas encendidas era una técnica en la guerra muy impresionante. Para mitigar el impacto de este ataque se diseñaron unos escudos enormes que podían proteger a más de un soldado; eso empieza a tener más sentido. Los escudos eran distintos y fueron evolucionando con cada civilización.


El rey David sabía lo importante que era contar con un escudo propicio en el campo de batalla. Podrías lanzar todos los ataques que quisieras pero si nada te protege ¿de qué sirve?,cuando estás en medio del ataque, no hay muchas formas de contraatacar. De nada serviría seguir peleando cuando no tienes un lugar seguro en el cual guardar tu vida mientras piensas cómo seguir luchando, ese lugar en el que planeas tus movimientos, más o menos, una pequeña tienda de campaña en medio del caos en una guerra.


Volvamos al punto principal y preguntémonos: ¿Por qué Dios es descrito cómo nuestro escudo?


David atravesó por momentos profundamente oscuros y él estuvo solo en el desierto. Fue buscado por su propio hijo para asesinarlo, es más , tal vez, David pensó que Dios lo había abandonado y para él ser abandonado por Dios era lo peor ¿Estar completamente solo mientras eres perseguido para que acaben contigo? ¡Qué complicado!


Ahora imagina eso: Estás sola en medio del desierto. No puedes estar tranquilo porque sabes perfectamente que en cualquier lugar está tu enemigo esperando para matarte. Tienes miedo, angustia, desesperación, hambre, sed, calor y te sientes desprotegida ¿En quien podías confiar tu vida? (Porque es tu vida la que está en juego) y es ahí donde me remonto a otra historia en un desierto; el capítulo 33 del libro de Deuteronomio nos describe una serie de bendiciones que el Señor declara a su pueblo por medio de Moises. Es hermoso leer esta serie de bendiciones porque más allá de que es una bendición, nos muestra el corazón de nuestro Dios.


En los últimos versículos encontramos un resumen de todas esa abundancia que hay en ÉL y quiero invitarte a que los leas:


“Dichoso tú, Israel.

¿Quién como tú, pueblo salvado por el Señor?

Él es escudo de tu ayuda,

Y espada de tu gloria.

Tus enemigos simularán someterse ante ti,

Y tú pisotearás sus lugares altos».”


Él fue el escudo de ayuda para Israel y David muchos años atrás, y eso no cambia para nosotras. Una parte importante de entender a Dios cómo escudo significa que debemos aprender a confiar en ÉL. ¿Cómo podrías creer que estás segura con alguien a quien no conoces? y es ahí donde quiero que nos quedemos por un momento.


Conocer ciertos atributos de Dios va a demandar algo de nosotros. Por ejemplo, no descubriste la honestidad en esa amiga tuya hasta que se vieron inmersos en una situación que reveló esa cualidad en ella. La razón por la que David conoció a Dios cómo un escudo fue porque CONFIÓ en Él. La mayoría de Salmos que hablan de esto nos dicen que confiemos, que no tememos, que aprendamos a refugiarnos en Sus brazos.


A veces olvidamos la lógica en muchos asuntos, creemos que entre más místico se ponga todo; más cerca de conocer a Dios vamos a estar. Me ha sucedido, por eso puedo decir que es una terrible manera de intentarlo.


Yo soy porque Él es. El creo mi corazón para las relaciones y cada paso para CONSTRUIRLAS tiene un sentido (un propósito).


No puedes conocer ningún atributo de Él si no te acercas. Prueba y mira, si es que estás interesada en verlo como escudo. Solo debes acercarte y eso requiere que tomes una decisión.


No vas a conocer a Dios como tu protección si cuando estás en la guerra recurres a las armas, a tus estrategias, si omites tus sentimientos y cansancio solo para continuar luchando, si te quejas y das rienda suelta a tu enojo...Solo terminas conociendo mucho de ti y podría ser aún más triste porque necesitamos de constante auxilio que no encontraremos en nosotras.



Necesitamos recordar nuestros desiertos para entender que Dios ha sido nuestra protección. Aquel que nos da la fe,el que nos renueva. No dependas de ti y aprende a confiar en quien creo lo más delicado de tí.


Confiar no es fácil. Acércate cada día a conocer pues, la mejor manera de confiar en alguien es cuando lo conoces y sabes cómo se comporta. Cuando sabes quien es esa persona puedes decidir si confiar en Él o no.


Tenerlo a ÉL no te exime de días difíciles, no te hace más invencible en tus propios esfuerzos pero vas a tener algo que te hace inmune a ser arrasada por el huracán de la vida...Eso es la paz.


David encontró PAZ en Dios y pudo gozarse. Y el mismo Habacuc concluye expresando estas hermosas palabras.

“Aunque la higuera no eche brotes,

Ni haya fruto en las viñas;

Aunque falte el producto del olivo,

Y los campos no produzcan alimento;

Aunque falten las ovejas del redil,

Y no haya vacas en los establos,


Con todo yo me alegraré en el Señor,

Me regocijaré en el Dios de mi salvación.


El Señor Dios es mi fortaleza;

Él ha hecho mis pies como los de las ciervas,

Y por las alturas me hace caminar.” Habacuc 3:17-19