Construyendo relaciones sanas para la gloria del SeƱor
- Alejandra Minton
- 3 ene 2024
- 3 min de lectura

Querida hermana, Āæanhelas tener relaciones que generen fruto para la gloria de Dios? Existen diferentes tipos de relaciones, cada una con sus alegrĆas y desafĆos, y tambiĆ©n quiero seƱalarte a JesĆŗs mientras buscas amar a los demĆ”s, porque eso es lo que implican los dos grandes mandamientos: amar a Dios y amar a nuestro prójimo.Ā
Ahora, como sabrĆ”s, las relaciones no son fĆ”ciles porque, como humanos, no somos fĆ”ciles. PodrĆamos decir que son nuestros amigos, nuestros cónyuges, nuestros jefes o los lĆderes de nuestra iglesia los que dificultan las relaciones. Podemos ser realmente buenas para seƱalar con el dedo a otras personas por el dolor y los desafĆos que conlleva cualquier tipo de relación. Pero, Āæte has puesto a pensar que tal vez tĆŗ tampoco seas fĆ”cil de tratar? Ā”porque tĆŗ tambiĆ©n juegas un papel en los desafĆos de las relaciones! Lo sĆ©, es difĆcil de admitir. Pero, a menos que seas perfecta, dĆ©jame decĆrtelo, no es fĆ”cil tratar contigo. TĆŗ pecas. Yo peco. Todos nosotros pecamos. Y el pecado no es fĆ”cil de tratar.
Cuando se trata de tener relaciones fructĆferas, la Ćŗnica parte sobre la que tienes control es tu parte de la relación. No puedes controlar a otras personas, sin importar cuĆ”nto quieras hacerlo. No somos responsables del comportamiento y las elecciones de otras personas. Por eso Pablo es claro cuando dice: Ā«Si es posible, en cuanto de ustedes dependa, estĆ©n en paz con todos los hombresĀ» (Ro 12:18). Ćl deja en claro que, si es posible, hagas todo lo que puedas para estar en paz con los demĆ”s porque sabe que en lo Ćŗnico que podemos trabajar es en nuestra parte de la relación. A veces no se puede tener paz, pero que no sea por falta de voluntad o de intento. AsĆ que, por favor, quiero que sepas que no estoy diciendo que tĆŗ seas la Ćŗnica razón por la cual tus relaciones con los demĆ”s son difĆciles. Ā”Las relaciones son difĆciles porque todas las partes involucradas son pecadoras!
Ahora, ¿qué es lo que hace nuestro pecado que dificulta las relaciones con los demÔs? Bueno, en realidad, el pecado aquà radica en nuestro constante deseo de estar centrados en nosotros mismos en lugar de estar centrados en Dios y en los demÔs, como nos instruye Filipenses 2. Cuando las cosas no salen como queremos, no salen como planeamos y las personas no actúan como esperamos, nuestros corazones pecaminosos se revelan. Entonces, podemos reaccionar con ira o celos. Podemos ser groseras, poco amables, gritar, ignorar, ser bruscas o poco cariñosas. A veces sentimos que podemos controlar nuestro comportamiento, pero puede haber momentos en los que sientas que eres tan egocéntrica que tus relaciones con los demÔs se sufren.
Nuestro pecado también se manifiesta en otras formas dañinas que afectan nuestras relaciones. Puede que no sean solo cosas que le estÔs haciendo directamente a la persona, sino que pueden ser formas indirectas en las que tus relaciones se ven afectadas. Tal vez es un pecado secreto que estÔ distorsionando tu visión de los demÔs y por eso comienzas a tratar a las personas de manera diferente. Tal vez tengas una relación poco saludable con la comida, el dinero o tus pasatiempos, y eso te estÔ causando problemas con tu familia, amigos y otros seres queridos. O tal vez, tienes un profundo anhelo y deseo de relacionarte con otros, pero estÔ consumiendo tu mente y privÔndote de la oportunidad de ver a quienes te rodean como algo mÔs que una forma de obtener lo que quieres.
DespuĆ©s de mis propias luchas con el pecado y, finalmente, cansarme de cómo sentĆa que estaba consumiendo mi vida y arruinando mis relaciones, busquĆ© consejerĆa bĆblica para saber cuĆ”l era la raĆz de mi pecado. HabĆa hecho todas las otras estrategias superficiales, como tratar de lidiar con mi ira, mis otras emociones pecaminosas y cambiar los malos hĆ”bitos con hĆ”bitos piadosos pero, tal vez despuĆ©s de unas pocas semanas de victoria, me encontraba nuevamente en el punto de partida. Ā”Estaba cansada de eso!Ā
DespuĆ©s de asistir a consejerĆa bĆblica por un tiempo, aprendĆ estrategias que me ayudaron a identificar cuĆ”l era la raĆz de mi comportamiento pecaminoso y aprendĆ a trabajar con el SeƱor para cambiar mi corazón, lo que a su vez cambió mi comportamiento. Mi esposo, incluso, adoptó las mismas estrategias en su propia vida y, junto con la ayuda del SeƱor, creamos estrategias y herramientas adicionales que nos han ayudado en nuestro viaje para identificar la raĆz de nuestro pecado.
Es mi oración que puedas aprender a relacionarte con los demĆ”s, asĆ como JesĆŗs lo hizo. Recuerda, Ćl es nuestro modelo perfecto a seguir.
Ā”Ćnimo, Dios contigo!

DiseƱos: Constanza Figueroa
