Carta para la mujer trabajadora: «Mujer virtuosa, ¿Quién la hallará?»
- Alejandra Jerónimo

- hace 1 hora
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Querida amiga:
Hace algunos años alguien me dijo lo siguiente: «Cuando te conviertas en mamá, vas a tener que sacrificar algo, ya sea tu maternidad o tu trabajo». De inmediato pensé, ¿Por qué debo soltar uno? ¿Acaso no puedo hacer las dos cosas? Y, si no fuera posible, no tendría que pensar mucho, pues para mí, la maternidad estaría primero.
Ese era el pensamiento de una joven que no sabía lo que implicaba tener dos hijos. Pero, cuando pasó el tiempo, me choqué con esta realidad.
No todas tenemos las mismas oportunidades. Algunas mujeres pueden quedarse en casa cuidando a sus hijos sin ninguna preocupación, sabiendo que su esposo es el proveedor. Otras, podemos tener un trabajo donde debemos ajustar nuestros horarios. Pero, por otro lado, también hay mujeres que, por diferentes razones, son el sostén de su hogar y, aunque quisieran quedarse en casa cuidando a sus hijos, tienen que salir cada mañana a traer el sustento.
También hay quienes piensan que el tener hijos las limitará profesionalmente y serán un estorbo para su crecimiento laboral. Tristemente, este es el pensamiento que el mundo quiere introducir en la mente de las mujeres, pero nosotras, como cristianas, debemos abrazar el diseño de Dios para nuestras vidas.
Según la Biblia, los hijos son una bendición (Sal 127:3) y en ella encontramos consejos que nos permiten vivir en plenitud, sea que nos quedemos a trabajar en casa o que seamos mamás que trabajen también fuera.
Déjame compartirte el modelo de mujer trabajadora que nos da el libro de Proverbios.
«Mujer virtuosa, ¿Quién la hallará?»
En Proverbios 31 encontramos las cualidades y características de la mujer virtuosa. Al leer este pasaje tendrás dos formas diferentes de reaccionar. La primera será de asombro y pesar, al sentir que sería imposible llegar a ese nivel. La segunda será de ánimo, y pedirás a Dios sabiduría para poder ser un poco más como la mujer virtuosa.
Karla de Fernández, en su libro «Hogar bajo su Gracia», nos dice: «Somos mujeres que buscan agradar a Dios y vivir para su gloria, mujeres que no se someten a la cultura imperante porque han decidido decir no a las enseñanzas del mundo y sí a la palabra de Dios, mujeres que no son perfectas pero que sí anhelan ser perfeccionadas por y para Dios».
Como podemos leer en Proverbios, la mujer virtuosa no sólo se ocupaba del cuidado de sus hijos y de su esposo, también usaba sus talentos para trabajar y obtener una ganancia económica para el bien de su familia.
«Busca lana y lino, y con agrado trabaja con sus manos» ( Pr 31:13).
«Hace telas de lino y las vende, y provee cinturones a los mercaderes» (Pr 31:24).
Ella estaba atenta a las necesidades de su hogar y se esforzaba para ser de ayuda para su esposo. Dios conoce las intenciones de nuestro corazón y Él sabe el motivo principal por el que decidimos salir a trabajar. Así que si tus motivaciones son las correctas, no te sientas mal por no poder quedarte en casa.
Querida amiga, sea cual sea tu situación, déjame recordarte que Dios cuida de ti y Él es el proveedor de tu familia, Él mira el esfuerzo que haces todos los días al salir de casa.
Tus hijos te llamarán bienaventurada
«Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada, También su marido, y la alaba [...]» ( Pr 31:28).
Esta mujer mantenía un sabio equilibrio entre su hogar y el trabajo que realizaba porque sabía cuál era la voluntad de Dios y sus motivaciones giraban en torno a eso. Por eso, es importante que tengamos presente cuál es el rol que Dios diseñó para nosotras. Según Génesis 1:26-28 y 2:18, Dios nos creó para ser ayuda idónea del hombre a fin de que juntos sometamos la tierra, seamos fecundos y nos multipliquemos, y así le demos gloria. Si salimos de casa a trabajar o nos quedamos con nuestros hijos, debemos ser intencionales para estar presentes en su cuidado y crianza.
Debemos responder al llamado de la maternidad con gozo y no esquivar la responsabilidad que tenemos con la excusa de que el trabajo nos ha agotado. Porque, claro que hay días demasiado agotadores en donde no quisiéramos hacer nada más que llegar a casa y dormir. Yo he tenido días así, donde estoy cansada y de mal humor y me pesa mucho el tener que atender a mi familia. Pero ahí es donde recuerdo que en el hogar es donde primeramente sirvo a Dios.
No se trata de salir a trabajar para acumular riquezas mientras nuestros hijos se quedan en casa sin recibir aquello que Dios nos ha encomendado darles.
Cuando estaba por tener a mi primer bebé, alguien me comentó lo siguiente: «Acabas de truncar tu carrera. Tenías más potencial para hacer una especialidad, pero con un hijo ya no lo vas a poder lograr».
En ese momento, esas palabras produjeron una serie de sentimientos encontrados. Pero fue cuando tuve a mi segundo bebé que empecé a sentirme insuficiente. Dejé que, poco a poco, lo que el mundo llama «mujer empoderada», fuera haciendo eco en mi cabeza.
Me sentía estancada profesionalmente y hundida en una casa con dos pequeños. Sentía que lo que estaba haciendo tenía menos valor que los logros profesionales de mis compañeras de generación.
Y fue ahí donde el Señor me hizo entender que el trabajo que estaba haciendo en casa con mis hijos y mi esposo era el más importante. Así que no te dejes seducir por las mentiras del feminismo. Tu mejor labor está en casa con tus hijos.
«Madres, necesitamos recordar la asombrosa responsabilidad que Dios nos ha dado. Cuando respondemos al alto llamado de la maternidad con pasión, las recompensas son mucho mayores que cualquier otra cosa que pudiéramos ganar fuera de ese llamado. Los gozos de la maternidad son tesoros preciados y hermosos que podemos pasar por alto si no aprovechamos la oportunidad» (Ginger Hubbard, «¡No me hagas contar hasta tres!», p. 13).
Vive una vida Coram Deo
Según el teólogo R.C. Sproul, «Vivir Coram Deo es vivir toda la vida en la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios y para la gloria de Dios».
¿Nuestra vida está glorificando a Dios en cada área?
Regresemos a mirar a la mujer virtuosa. Quiero imaginar que ella vivía una vida «Coram Deo». Es decir, todo lo hacía para la gloria de Dios: el trabajo que realizaba lo hacía con agrado y por voluntad propia y, aunque su marido era el proveedor, ella cumplía su rol de ayuda idónea.
Cuando salimos a trabajar y por la tarde regresamos a casa cansadas, estresadas y con hambre, no olvides llegar con una sonrisa y servir con amor a tus hijos. Ellos nos esperan con mucha ilusión, así que te animo a buscar en el Señor el contentamiento de tu labor como madre.
He trabajado durante 8 años, estoy segura que mi empleo es una bendición de Dios. A veces lo veo como un pasatiempo y a veces me absorbe demasiado, pero me ha dado la oportunidad de tener a mis hijos cerca y poder estar con ellos en momentos especiales o de enfermedad.
Sin embargo, el trabajar fuera de casa, no debe anteponerse en nuestro rol como madres y esposas. En primer lugar, sería bueno preguntarnos: ¿por qué quiero trabajar fuera de casa o por qué no? ¿Cuál es mi motivación? Y, en segundo lugar, si lo hago o no, ¿qué implicancias positivas o negativas traería? En todo esto, debemos ser intencionales en tratar de imitar a la mujer virtuosa. Quizá pensamos que puede ser imposible, pero te animo a esforzarte en cada área de tu vida. Imagínate la honra y alegría que sentirás cuando tus hijos te llamen «bienaventurada». No olvides que todo lo que hacemos debe ser para Su gloria, nuestra vida como ama de casa, madre o esposa no está separada de lo que somos fuera del hogar, en la iglesia, etc.
Un pasaje que memoricé hace muchos años es Colosenses 3:23-24: «Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibirán la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien sirven». En este momento, ese texto tiene otro sentido en mi vida.
Por eso, quiero animarte a que, cuando tu día esté lleno de presión y cansancio, recuerda que lo que estás haciendo es para el Señor; cuando estés en casa alimentando a tus hijos o lavando trastes, recuerda que es para gloria de Dios, ten en mente siempre este pasaje.
Querida amiga, es mi oración que puedas encontrar en Dios la plenitud para poder responder con gozo al rol que Dios diseñó para ti como esposa, madre y mujer trabajadora.
¡Vive una vida Coram Deo!

Extracto del ebook "Cartas de gracia: de corazón a corazón" escrito por el equipo de escritoras del ministerio.
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Diseño: Frida García / @sobre_mi_corazon




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