Cambio de planes




Por Anabel Vargas


¿En serio ya estamos finalizando agosto? ¡Qué año tan distinto! Ahora nuestras aventuras son los viajes al supermercado… Es muy probable que tus planes para este 2020 hayan cambiado mucho. Estos últimos meses han sido una caja de sorpresas, lo que iniciamos viendo como algo muy lejos de nosotras, en el otro lado del mundo, llegó a formar parte de nuestras vidas más rápido de lo que pudimos imaginar. El tan temido coronavirus es ahora parte de nuestra cotidianidad (o deberíamos llamarle, nuestra covidianidad) esa que ninguna de nosotras desearía que permaneciera allí.


Definitivamente, aunque aún no se han terminado estos días grises y turbulentos, estoy segura que algo que podremos decir con total firmeza al final de esta larga jornada es: “Bendita sea la crisis que nos hace acercarnos más a Dios”.

La pausa involuntaria de nuestras agendas apretadas y la quizás no tan gigante pero sí presente sensación de miedo y ansiedad, nos han hecho reconocer que no estamos en control. Podemos decidir nuestras carreras, donde vivir y qué hábitos tener, incluso podemos hacer un plan perfecto de año nuevo a finales de diciembre. Aun así, el curso de nuestras vidas y el destino de todo el mundo están en las manos de Dios. (Salmos 24:1)


No conozco qué tanto ha afectado la pandemia tus planes para este año, tampoco sé si aún estás en cuarentena o si, como la mayoría, ya tienes que salir todos los días al trabajo usando una mascarilla que probablemente no deseas usar y siguiendo unos estrictos protocolos que quisieras evitar. Quizás estás tomando clases virtuales y eso te abruma. Seguro que extrañas las reuniones de tu iglesia, con tus hermanos, tu familia. Cual sea la forma en la que tus planes han cambiado, lo que sí puedo decirte es que, aunque nuestra vista limitada y nuestro corazón tambaleante nos hacen olvidar constantemente al gran Dios eterno e inmutable que tenemos, en tiempos como estos podemos redireccionar nuestros corazones y recordarnos cuán necesitadas estamos de Él, en cualquier circunstancia de nuestras vidas, en los días más soleados como en los más grises.


Cuando iniciaron estos meses y tuvimos que permanecer en casa en contra de nuestra voluntad por un virus desconocido, el que aún los científicos y los especialistas de la salud están aprendiendo, me encantaba vernos compartir versículos bíblicos, cambiar la música de letra vacía y sin causa, por alabanzas y volver nuestra vista a Dios en un momento de crisis e incertidumbre. Sin embargo, mi corazón se entristecía al reconocer cuánto pecado hay en nosotros que clamamos ferviente a Dios cuando las cosas parecen ir mal, y lo fácil que es para nosotros olvidarnos de Él cuando todo va bien.

Hermanita, hoy quiero invitarte a que como hijas de Dios, quienes hemos conocido Su amor hacia nosotras y hemos rendido nuestras vidas a Él, podamos ser diferentes a los demás habitantes del mundo ¡seamos intencionales al hacer que la luz de Cristo brille en nosotras sea la temporada que sea! Sé que puedes estar triste porque este año no salió como pensabas, quizás has visto con un corazón angustiado y ojos llorosos cómo la pandemia ha afectado a tus seres queridos, has visto personas enfermarse, a otros perder sus trabajos, incluso muchos han perdido personas muy amadas, pero quiero que recordemos quién es nuestro refugio y nuestra esperanza. Dios está en control y eso es suficiente, eso basta.

Hoy, prediquemos a nuestras almas: “Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios; Exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra” (Salmos 46:10) Y recordemos que, tal como repitió numerosas veces, John Piper, en su libro “Coronavirus y Cristo”: “La soberanía que puede detener el coronavirus, y no lo ha hecho, es la misma soberanía que sostiene el alma en medio de la pandemia”

Es mi oración que alabemos a Dios en todo tiempo, cuando nuestros planes van perfectamente y cuando no. Cuando tenemos miedo y cuando estamos tranquilos. Es mi oración que aunque se rompieron la mayoría de nuestros planes de este año, Dios se glorifique en nuestras vidas como solo Él sabe hacerlo.


Dios permita que después de que pase completamente el caos, si es que así lo quiere Dios, podamos decir que hemos crecido en nuestra confianza plena en Su soberanía y que Él nos ha hecho más humildes, menos egoístas y más asombradas para reconocer lo pequeñas que somos en un mundo tan asombrosamente grande, sostenido por el Gran Dios de nuestras vidas.


Dios permita que podamos darnos cuenta de lo bueno que es Dios en recibirnos con brazos abiertos cada vez que venimos ante Él, aun cuando sabemos lo cabeza dura que hemos sido creyéndonos autosuficientes, importantes y que tenemos nuestros planes "bajo control".


Dios permita que al ver incluso a las naciones más grandes sucumbir ante lo desconocido, seamos conscientes de que al final de todo, el aliento de Dios es lo que nos da vida y nos recuerda que solo somos polvo.


Dios permita que amemos más, que aprendamos a darle valor a lo que realmente tiene valor eterno.


Dios permita que le recordemos constantemente a nuestras almas que pueden estar quietas porque Dios está en control.


Seamos sal y luz para un mundo sediento de Verdad y esperanza.


¡Qué dichosas somos de que la bondad de Dios no depende de nada de lo que hemos hecho, ni siquiera de aquello que hubiésemos planeado, sino de Él, de Su amor por nosotras, a pesar de nosotras!



Conoce a la autora Anabel Vargas:


Anabel anhela vivir Coram Deo, haciendo a Cristo su tesoro en cada área de su vida. Tiene una gran pasión por plasmar en papel lo que Dios va moldeando en su alma y compartirlo para gloria de Dios y bendición de su iglesia. Le encanta ver fotos viejas en días de lluvia y tomarse un buen café mientras conversa con amigos. Actualmente, sirve en su iglesia local en Mao,Valverde, República Dominicana".