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¿Cómo lidiar con los malos tratos?


En este nuevo blog, intentaré responder a la luz de la Palabra este tema tan delicado. Realmente, es algo que yo también me he preguntado en múltiples ocasiones; y Dios, en Su infinita gracia y bondad, me ha ido enseñando la respuesta, y aún sigo aprendiendo.


Quisiera empezar mencionando la primera lección valiosa que Dios me ha enseñado cuando he lidiado con los malos tratos de alguien. Si no fuera por esa circunstancia y por esa persona, no habría otra manera en la que yo pudiera aprender a obedecer lo que Cristo nos manda a hacer: amar como Él ama. Recordemos cuáles son los dos grandes mandamientos: amar a Dios con todo nuestro ser, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mt 22:37-38), aún a aquellos que son difíciles de amar. Jesús nos dice en Su Palabra: «Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué mérito tienen? Porque también los pecadores hacen lo mismo» (Lc 6:32- 33). 


Por supuesto, esto es algo que nunca lograremos hacer con nuestras propias fuerzas. El orden de los mandatos de Dios es que, primero lo amemos a Él, para que luego podamos amar a nuestro prójimo. Claramente, el amor divino, es un amor que no es de este mundo. El amor de Cristo es un amor sacrificial, así nos lo demostró Él en una Cruz; y nosotras debemos también tomar nuestra Cruz si decidimos ser Sus seguidoras (Mt 16:24).


Comprendo que no es nada fácil, pero tampoco es imposible. Colosenses 3:12-14 nos anima y aconseja sobre cómo podemos llevar nuestra cruz, así como Cristo lo hizo: «Entonces, ustedes como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes. Sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad».


Analicemos un poco lo que dice Pablo:


«Revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia[...]» (v. 12): Aquí nos está hablando de revestirnos con el fruto del Espíritu Santo. Ese fruto que no podremos producir si no permanecemos en la vid, en Jesús (Jn 15:5). Permanecer en comunión con Dios mediante el estudio de la Palabra y la oración es vital para reflejar el carácter de Jesús, para vivir según el Espíritu, y no nuestra carne.


«[...] soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes» (v. 13): Cuando pienses que tal vez no mereces lidiar ni perdonar ninguna injusticia, recuerda que la gracia y el perdón de Dios es un regalo inmerecido. Debemos dar, de gracia, lo que de gracia también hemos recibido (Mt 10:8). 


«Sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad» (v. 14). Hermana, Dios nos llama a ser fervientes en el amor los unos por los otros, ya que el amor es lo único que puede cubrir multitud de pecados (1 Pe 4:8).


Espero que la luz de la Palabra, te ayude cuando enfrentes situaciones dificiles, a raíz de otras personas.


Recuerda no estás sola, Dios contigo siempre.



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Diseños: Constanza Figueroa

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