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Todo el tiempo estamos decidiendo


Te comento un poco mi historia para que puedas entender el contexto de la situación.


Soy Eliana Marcano, actualmente tengo 22 años. Hace 4 años y 2 meses emigré de San Juan de los Morros, Venezuela, a Buenos Aires, Argentina. Vinimos primero mi padre y yo, para poder establecernos un poco, y después salieron mi madre y mi hermano.


Para nadie es un secreto la situación que se vive en Venezuela. De hecho, el 2017 y el 2018 a mi parecer, fueron los años más difíciles desde que el país se hundió en el sistema socialista.


El plan “A” que teníamos se desmoronó. Fue un golpe duro para nosotros. Era momento de tomar una decisión que claramente, afectaría nuestra vida entera.


Si bien, desde que tenía 13 años quería mudarme a otro país, las condiciones del momento no eran las mismas. Fue una salida a la fuerza.


La situación nos llevó a tomar una decisión crucial. ¿Nos quedamos? ¿Nos vamos?


Después surgieron más preguntas, que nos llevarían a tomar más decisiones: ¿A dónde? ¿Por qué? ¿Qué hacemos con el auto y el apartamento? ¿Qué pasará con los estudios? ¿Cómo hacemos para lograr obtener los papeles a tiempo? Y la lista puede seguir. Añadido a todo eso, hay un proceso emocional muy fuerte involucrado.


Las personas que han tenido que dejar el país en el que nacieron y vivieron saben lo doloroso que es atravesar el momento de las despedidas y la incertidumbre, por nombrar solo dos ejemplos.


Mi papá fue un hombre que desde el principio de toda esta travesía confió en que todo iba a ayudar para bien. Él tenía 59 años en ese momento. Una edad complicada para empezar una vida desde 0. Sin embargo, él era consciente de que su primer ministerio era su familia, y descansaba en que el Señor tendría misericordia de nosotros y que lo que sucediera no iba a pasar desapercibido para Dios.


Hoy en día, puedo asegurar que Dios ha sido bueno en todo momento, que Su gracia ha sido suficiente, Su mano ha estado sobre nosotros, que, en medio de las aflicciones y circunstancias, Él ha estado presente, ha sido quien adiestra nuestras manos, y nos ha hecho ver que, si estamos en Su voluntad, nuestras decisiones serán acertadas.


Todo el tiempo estamos decidiendo. Desde a qué hora nos levantamos, qué carrera estudiar, si tomamos o no un trabajo, en qué colegio inscribir a los niños, etc. Son muchísimas las decisiones que tenemos que tomar y de vez en cuando nos corresponde elegir una de las opciones en un momento complicado.


Quizás no estás por emigrar, no tienes que cambiar tu vida por completo, no tienes que pensar acerca de si es prudente vender tu auto o no, pero, a lo mejor estás en un proceso en el que debes tomar una decisión.


No es para nada fácil. A eso le agregamos que la mayoría de las decisiones no nos afectan solo a nosotras, si no a familiares, amigos, e incluso, compañeros de trabajo. Pero, tranquila, podemos ser personas sabias que tomen decisiones firmes (como mi papá), y que al final vean que Dios siempre estuvo pendiente y cuidando de nosotras (así como les comentaba acerca de mi vida en la linda Argentina).


Lo mejor que podemos hacer es llevar una vida cristiana práctica en la que sometamos nuestra mente y corazón a Dios, con toda humildad para parecernos más a Cristo. De modo que, en medio de nuestra humanidad, podemos tomar decisiones prudentes.


Además, en Santiago 1:5 se nos indica que, si estamos faltas de sabiduría, vayamos al Señor y la pidamos. Así que, si se te hace muy difícil tomar una decisión determinante, acércate a Dios, y confía en que todas las cosas ayudan para bien.



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Diseños: Joselyn Amador


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