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La verdadera conexión se ha perdido


«Y ahí vamos por la vida, revisando el teléfono cada cinco minutos. Viendo si hay amor, o si hay WiFi. Lo que aparezca primero».

«Vivimos en la era de las cabezas agachadas buscando “conexión”, mirando la pantalla, hipnotizadas por falsos corazones y las manos con pulgares arriba».


Frases como éstas ponen de manifiesto la realidad que podemos observar en cada rincón de este mundo del siglo XXI, incluyendo el menos pensado. Hoy en día, la tecnología es muy común en las personas. La usamos para facilitar algunas cosas, ya que, innovaciones, invenciones y descubrimientos importantes, surgen cada día. De hecho, puedes leer esta revista gracias a la tecnología. En fin, vivimos en una era tecnológica que avanza cada vez más, a una velocidad impresionante. Como dice John Dyer: «La única cosa que trasciende todas las fronteras culturales, religiosas, y de edad; la única cosa que es común a los ricos y a los pobres, a los jóvenes y los viejos es que compartimos un estilo de vida que está completamente saturado de tecnología».


Este tema es de vital importancia para nosotras como iglesia, por eso, mi anhelo es que podamos abordarlo con humildad y reverencia. Ya que, considerar a la tecnología como algo tan ordinario y normal al punto de no detenernos a pensar en el impacto que causa en nuestras vidas, nos convierte en presa fácil del enemigo, quien es el príncipe de este mundo (Jn 12:31) porque, sin duda, él usa la tecnología para desviarnos con facilidad de la Verdad y de aquello que es realmente bueno.


Pedro lo dijo en su primera carta: «Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar» (1 P 5:8).


Los pros de la tecnología


Ciertamente, la tecnología ofrece grandes beneficios. Esto es algo que no podemos negar. Tenemos muchas facilidades, como medios de transporte, la oportunidad de poder comunicarnos a grandes distancias y a través distintas plataformas que reúnen a una gran cantidad de personas. En casa podemos tener estufas, microondas, lavadoras, neveras. Tenemos acceso a una gran cantidad de contenido como: libros, blogs, artículos, películas, la oportunidad de hacer una maestría online, etc. Para los cristianos, también tenemos acceso a una gran cantidad de recursos como: la Biblia digital, en audio, libros, sermones, comentarios, videos, ministerios. Además de oportunidades para el discipulado como nunca antes. Todo esto, gracias a la tecnología. ¡Bendito sea Dios por eso! Sin embargo, aún lo que es bueno, puede no serlo si no hacemos uso de todo eso con sabiduría.


Un gran ejemplo de sabiduría tecnológica era el apóstol Juan, quien sabía darle buen uso a la tecnología de aquella época, como el papel y la tinta para escribir sus cartas a la iglesia, reconociendo sus limitaciones y que lo que daba más gozo en realidad era estar cara a cara con las demás personas (2 Jn 1:12; 3 Jn 1:13).


Los contras de la tecnología


Paradójicamente hoy, que estamos mejor comunicados que antes y que podemos ver y hablar con quien está al otro lado del mundo, nos comunicamos menos con nuestros seres cercanos que antes. De hecho, podemos ver que, en un restaurante, lo que antes era una comida familiar con la animada conversación de padres e hijos, ahora el papá está con un Ipad viendo las noticias, la mamá con un Iphone conversando con una amiga, y los hijos chateando o jugando con un pequeño videojuego; no hay comunicación, sólo un espantoso silencio. La verdadera conexión se ha perdido.


Sé que muchos dirán que es una exageración, que las ventajas son más que las desventajas y que si usamos bien la tecnología entonces no pasará nada. No obstante, aunque los beneficios sean muchos y se puedan poner ciertos límites, la verdad es que si ponemos en una balanza los pros y los contras ¿hacia dónde se inclinaría la balanza? Me temo que, a pesar de que hay personas que dicen que la tecnología les ha ayudado, hay estudios que demuestran lo contrario.


Así que no se trata de decir que la tecnología no es buena y que no tiene beneficios porque gracias a Dios, nos ofrece múltiples ventajas en distintas áreas. Y tampoco se trata de decir: «yo lo puedo controlar, no pasa nada». Entonces, ¿de qué se trata? de sabiduría, y de saber y entender que Dios está más que encantado de dárnosla en abundancia si la pedimos (Stg 1:5). Se trata de examinar nuestros corazones y meditar en qué es lo que realmente queremos.


Al final «lo que contemplas te transforma»


Ana Ávila es quien nos anima a pensar en que todo aquello que contemplamos es lo que nos transforma. Por esa razón, deberíamos evaluar si aquello a lo que nos entregamos en una pantalla vale el precio de nuestra atención.


Creo que Escrutopo sí tenía razón, y duele reconocerlo. Pero, en la novela sátira «Cartas del Diablo a su Sobrino» de C. S. Lewis, Escrutopo es el personaje principal, un demonio experimentado, y ya anciano, que da consejos a su sobrino, Orugario, sobre cómo tentar y corromper a un joven hombre. En una de sus cartas le dice: «Mientras estén pendientes del Enemigo (Dios), estamos vencidos, pero hay formas de evitar que se ocupen de Él. La más sencilla consiste en desviar su mirada de Él hacia ellos mismos (y una pantalla)».


Doloroso, pero cierto. Aún puedo ver esta realidad en las cosas más insignificantes en mi vida, como la incomodidad que siento al no saber cómo darle sentido a mis ideas para escribir este artículo. Siento la tentación de huir a YouTube para que el silencio desaparezca; acudir a Chat Gpt para que me ayude con mi escrito; teniendo mi Biblia al lado, busco la cita en Google, o tal vez leer artículos que me den ideas y ayuden a escribir, pero eso sigue siendo una excusa más para escapar, no de la tiranía digital, sino de aquello que Dios me ha llamado hacer y lo que Él usa para cambiar mi corazón. Lo reconozco, a menudo me molesta ver a otras personas hipnotizadas por ese brillo azul de una pantalla, pero veo que yo misma tiendo a eso, aunque sea en micro.


Lo que la sociedad y las personas inmersas en esta cultura tecnológica esperan, es que nos adaptemos a esto, a la IA, a la revolución de las máquinas. Esperan que estemos conectados todo el tiempo, que tengamos una cuenta en todas las redes sociales, que alcancemos a miles de personas a través de la redes para sentir que estamos haciendo un buen trabajo, que estemos al tanto de las últimas noticias y novedades. Pero, ¿podremos ser diferentes?


La Biblia es clara cuando dice: «no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno […]» (Ro 12:2).


Amada hermana, sólo en Cristo, y por Su Espíritu, podemos ser libres de la tiranía digital, podemos ser diferentes. Porque, como dice John Dyer: «El centro de nuestra fe es nuestro Salvador Jesucristo, crucificado en una cruz, la peor de las distorsiones tecnológicas, construida al transformar un árbol del mundo natural en una herramienta de muerte. Pero en Su resurrección, Cristo redimió aún esa herramienta, transformándola en un símbolo de nuestra fe, que muestra eternamente Su poder sobre el pecado y la muerte».



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Diseños: Wendy Balboa


 
 
 

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