El tesoro que demandó sangre, sudor y lágrimas



Cada vez que abres tu Biblia, la lees, te maravillas y meditas en ella, alguna vez… ¿Has dado gracias a Dios por tener una Biblia en tus manos?, ¿te has puesto a pensar lo difícil que fue lograr que hoy puedas disfrutar con facilidad de tener una biblia en tus manos? ¿Alguna vez has meditado en la importancia de tener una Biblia en tu propio idioma o de poder leer, en un dispositivo electrónico, decenas de traducciones de esta misma Biblia?


Muchas veces damos por sentado la presencia de una Biblia en nuestras casas; es tan fácil ahora adquirir una, puedes simplemente entrar a Amazon y pedir una del color que tú quieras, con letra mediana o una muy grande, con un diseño especial, con una columna, con dos, con espacios para dibujar y más. También podemos ver Biblias de estudio, que tienen los comentarios bíblicos de grandes maestros y pastores, encontramos Biblias con devocionales para la mujer, para jóvenes y hombres; hay Biblias para niños y hasta tenemos la oportunidad de escoger que traducción al español nos sirve más ¡Qué lujo!

Y, si nos da flojera cargar con la Biblia es que “¡es tan pesada! o no queda con mi bolso”, ¡ta-da! hay aplicaciones en el celular que nos permiten tener acceso a muchas biblias con un sinfín de traducciones y hasta en diferentes idiomas.


Al tener todas estas facilidades, resulta muy fácil que podamos olvidar el precio que costó que hoy tengamos estas comodidades. Y no solo me refiero al costo monetario de tener una Biblia en casa, sino al costo humano. A veces creo que esta comodidad no nos permite contemplar la hermosura de la Palabra de Dios. La gran historia de Redención a través de Cristo. La Biblia dice lo siguiente:


Así será Mi palabra que sale de Mi boca, No volverá a Mi vacía sin haber realizado lo que deseo, Y logrado el propósito para el cual la envié.

Isaías 55:11


Gracias a Dios tenemos consuelo en que Su Palabra no vuelve vacía y que cumplirá el propósito para la cual Él la envió. Hoy me gustaría contarte parte de la historia de cómo la Biblia llegó a nuestras manos, cómo Dios permitió que este tesoro de gran valor esté a disposición de todas nosotras, en nuestros propios idiomas.

Una traducción “única”

En el año de 382 d.C., se le encargó a Jerónimo de Estridón, la realización de una traducción de la Biblia, en sus idiomas originales, al latín, ésta fue conocida como “La Vulgata”. En esta época el Latín era el idioma más importante, por ello, el objetivo de esta traducción era que las Escrituras fueran más accesibles y universales.


Sin embargo, en lugar de permitir que todos pudiesen acceder a las Escrituras, la Iglesia Católica Romana limitó drásticamente el acceso. ¿Sabías que en la época en la que la iglesia Romana estaba en su apogeo y tenían poder político y eclesiástico, solo las personas estudiadas y con un estatus económico elevado, podían acceder a la Biblia? Yo no puedo imaginar una vida así, en la que solo un grupo privilegiado podía acceder a las verdades universales y eternas de Cristo. No puedo imaginar a mucha de la gente del pueblo, hombres y mujeres, siendo privados de conocer quién era Dios y la esperanza que había en Cristo. De hecho, se consideraba que la gente “del vulgo” no podría entender las cosas celestiales, que no eran capaces de ello. Se consideraba prohibido mencionar citas de la Biblia en lengua común. Las misas en la iglesia eran siempre en latín y muchos no podían entenderlas.

Lucha y sangre por la Palabra

Dios dice que Su palabra cumplirá el propósito para la cual Él mismo la envía. Es así como Dios preservó Su verdad, la Palabra inspirada impactó a muchos hombres que hoy conocemos por ser parte de La Reforma Protestante en sus respectivos países (ésta era la lucha por volver a la base de las Escrituras, que la “Sola Scriptura” rigiera a la iglesia y no las tradiciones humanas impuestas y no bíblicas).


Pero también hubo algunos hombres de Dios, quienes, en periodos anteriores a la Gran Reforma protestante, sentaron las bases necesarias para “el regreso a las Escrituras”. Tal es, John Wycliffe, quien veía que la gente de menos recursos solo aprendía lo que le decía el clero y la mayoría de estas enseñanzas se centraban en el miedo al fuego del infierno, en la importancia del purgatorio y la única esperanza que podían encontrar era en el pago de las indulgencias. Así que, durante un periodo de 13 años, a partir de 1382 tradujo la Biblia al inglés. Esto no fue bien visto por el clero ni por el papado, por lo que fue acusado de herejía y expulsado de su puesto como maestro en Oxford. 40 años más tarde, después de su muerte, el papa Martin V ordenó que los huesos de Wycliffe fueran exhumados, quemados y arrojados al rio, ya que la furia que causó por oponerse al papado y traducir la Biblia seguía viva.

Por la influencia de los escritos de Wycliffe, un joven sacerdote checo llamado Jan Hus se hizo parte de este movimiento que buscaba revalorar la Escritura, en 1416, junto a un equipo de eruditos tradujeran la Biblia al checo. Por ello fue acusado y arrestado, considerándolo un hereje que fue quemado en la hoguera.

Martin Lutero, conocido como el padre de la Reforma, un monje católico, al ver la misma corrupción de la iglesia Romana, buscó que se vuelva a las Escrituras como la verdadera autoridad y así reformar las prácticas no bíblicas de la Iglesia Romana. Escribió sus famosas 95 tesis el 31 de octubre de 1517 exponiendo ello. Debido al apogeo de la imprenta en esa misma época, las tesis fueron copiadas y enviadas por toda Europa. Esto le costó la total excomulgación de la iglesia Romana y en ese periodo en el que estuvo escondido porque lo querían matar, pudo hacer la traducción del Nuevo Testamento al alemán, ya que, a la luz de la Biblia, creía que cualquier hombre podía leer la Palabra e interpretarla porque era el Espíritu Santo quien lo iluminaba para entender que la salvación era por fe.

En este mismo periodo William Tyndale buscó mejorar los escritos de Wycliffe, los que estaban en venta en los mercados negros, ya que eran prohibidos, solo se podía leer la Biblia en latín y solo los del clero podían hacerlo. Así, la imprenta inundo de Biblias en ingles toda Inglaterra, enviándolas a través de barcos y escondidas en mercancía. Al ser descubierto, fue quemado en la hoguera, aun con ello, sus últimas palabras mientras era quemado fueron: “Dios ábrele los ojos al rey de Inglaterra”.

Y, en español, nuestro idioma, Casiodoro de Reina, un monje Jerónimo, tras partir al exilio perseguido por la inquisición española por convertirse al protestantismo, gracias a la lectura de libros escritos por Martin Lutero; trabajó durante doce años para traducir la Biblia al castellano y fue llamada la Biblia del Oso, ya que en su portada tenia a un oso que intentaba alcanzar un panal de miel colgado de un árbol. Se intentó prohibir y quemar las Biblias en España, pero no fue posible detener lo que Dios estaba haciendo a través de estos hombres.

La lucha sigue

Como hemos podido ver, a lo largo del tiempo, la traducción de las Escrituras ha sido manchada con la sangre de hombres de Dios, debido a que siempre quisieron terminar con la obra de proliferación del libro que contiene la verdad de Dios hacia la humanidad. El único libro que podía y puede traer verdadera libertad a las personas y apuntar sus miradas a Cristo.


Y no pensemos que solo fueron estas muertes, en 1990, no muy lejos, Edmundo Fabian fue asesinado en Papua Nueva Guinea por un hombre local que lo estaba ayudando a traducir la Biblia. En el 2016, cuatro traductores de la Biblia que trabajaban en una organización evangélica estadounidenses fueron asesinados por militares del Medio Oriente. Y sabemos que, en países árabes, China, Corea del Norte, etc., está prohibida la tenencia y la lectura de la Biblia, hay pena de muerte.


En un artículo que leí decía lo siguiente “Traducir de la Biblia puede parecer una actividad inofensiva, pero la historia muestra que es cualquier cosa menos que eso”.

¿Qué hacer ahora?

Mi hermosa amiga y hermana, recuerda que esa Biblia que tienes en casa, esa que lees diariamente, costó sangre, la sangre de esos hombres y mujeres que entendieron lo que dijo el apóstol Pablo en Filipenses 3:8 “Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por Él lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo”. Ellos atesoraron lo más importante, vieron esa pequeña perla como lo más preciado que podían tener en sus manos y que podían compartir.


Y no olvides lo más importante, el Verbo es Uno, la Palabra se encarnó, Cristo pagó con su sangre preciosa el pecado que nos separaba del Padre. Esas palabras están escritas en nuestras Biblias, fueron dichas en la Cruz: “CONSUMADO ES” y en Él hoy somos salvas. Nuestras biblias importan, tenerlas hoy es pura gracia.

Al leer todo esto, quiero invitarte a lo siguiente:

1. Orar y dar gracias a Dios por la hermosa oportunidad de tener este tesoro en tus manos y leer libremente.

2. Medita, Memoriza, Estudia y Lee la palabra.

3. Ora por aquellos países que no tienen la libertad de poder abrir este libro.

4. Ora por aquellos países y comunidades las cuales aún no tienen en sus idiomas este precioso libro, que ellos puedan gozar de esta bendición.

5. Ora por las organizaciones cristianas encargadas de traducir la Biblia y llevarla a los lugares más remotos tales como “Wycliffe Bible Traslators” (www.wycliffe.org) y si tienes la posibilidad de apoyarlos económica mente seria fabuloso.

6. Y, sobre todo, da muchas gracias a Dios por que tus ojos y oídos están prestos a la verdad del evangelio, que Cristo ha sido revelado en tu vida.