La Navidad y los nombres de Dios. Cómo conocer y confiar más en el Señor en esta Navidad (parte 1)
- Yeimy de Robainas

- 5 dic 2025
- 6 Min. de lectura

Ya casi finaliza este año, pero lo que nunca debe acabar, es nuestra búsqueda del Señor. En todo tiempo necesitamos conocerlo a través de Su Palabra y cultivar una íntima comunión con Él en oración y adoración. De hecho, tenemos maravillosas oportunidades de buscar y meditar en el Señor de forma especial durante la temporada de Navidad. A través de toda la narrativa bíblica el Señor se ha revelado a Su pueblo a través de sus nombres y atributos. Estos nos muestran quién es Dios y sus maravillosas obras. Pero, en Navidad, me encanta aprovechar la ocasión para recordarlos porque encontramos hermosos aspectos del carácter, el corazón y los caminos de Dios a través de los nombres que vemos en los relatos bíblicos del nacimiento de nuestro Señor Jesús, o en los que apuntaban a éste desde el Antiguo Testamento.
En el Salmo 9:10 leemos: «En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste a los que te buscaron» (RVR1960).
Si estamos en Cristo, conocer el nombre del Señor es esencial en nuestras vidas. El resultado de esto será, sin lugar a dudas, confiar más en Dios. Nuestra relación con Él será fortalecida. Podremos descansar y aprender a esperar en Él con libertad y gozo, rindiendo en paz todo nuestro ser. Nuestro carácter será transformado al contemplar la gloria de Dios y reflejarla en nuestras vidas (2 Co 3:18). Es por eso que, en esta Navidad y por medio de este Blog, quiero proponerte que medites en los nombres de Dios que aprendemos desde Su Palabra. Le pido al Señor que use este recurso para que le busquemos intencionalmente en este tiempo y nos acerquemos más a Él. Que más que un tiempo de decoraciones, cenas, regalos y celebraciones, nuestros corazones sean llenos de Él y seamos impactadas profundamente para vivir en Él y para Él (Ro 11:36).
«Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (Is 9:6 RVR1960).
Admirable
Nuestro Dios es Admirable. ¡Qué hermoso celebrar la Navidad con esto en mente! El Dios que se hizo un niño y nació siendo semejante a nosotros para venir a redimirnos, es el Gran y Admirable Dios; Rey de Reyes y Señor de Señores; Creador de los cielos y de la tierra. Él es el Sabio, el Omnisciente, Omnipresente y Omnipotente Dios y tres veces Santo. Él es el Majestuoso, el Soberano, el Altísimo, El Excelso y el Anciano de días; a quién pertenecen el imperio, el honor y la gloria por siempre (Dn 4: 34-35; 37; Mt 6:13).
Es por eso que Su humillación por nosotros es más gloriosa aún, y digna de toda adoración y reverencia por siempre. Mientras más meditamos en la grandeza y la santidad de Su Nombre, más nos asombramos y menos comprendemos el misterio de la piedad del Dios que se hizo carne y se convirtió en una criatura por amor a nosotros: «E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria» (1 Ti 3:16 RVR1960).
Él no consideró que el hecho de ser Dios fuera algo que le impidiera sacrificarse por nosotros. No se apegó a todos Sus derechos y privilegios. Más bien, los rechazó y abandonó. Dejó Su trono y corona para venir a respirar del polvo de esta tierra, humillándose hasta la muerte por quienes vino a salvar (Fil 2:4-8). Siendo rico se hizo pobre para que nosotros, con Su pobreza, fuésemos enriquecidas (2 Co 8:9). ¡Oh, Señor, tu grandeza es infinita e incomparable! ¿Quién como Tú, Admirable Dios?
Que en esta Navidad, al mirar las luces del árbol, los brillos y los colores de los adornos, podamos pensar en el brillo reluciente y puro de Su santidad y grandeza; en todo lo que estuvo dispuesto a dejar para venir a acercarnos otra vez a Él. Que nuestro asombro y gratitud crezcan y que nuestro deseo de vivir para Su gloria, y en obediencia gozosa a Él, sean avivados. Porque ¿qué sacrificio nuestro pudiera compararse con el Admirable Dios y la admirable obra que hizo al nacer, vivir, morir y resucitar en nuestro lugar? Ninguno. No. No hay ni habrá otro sacrificio y amor igual.
Señor, en esta Navidad, enciende como fuego una pasión que nunca se apague por Ti, Admirable Dios.
Consejero
Nuestro Dios es nuestro Consejero por excelencia, y me gozo de que podamos recordar esto al terminar y estar a punto de empezar otro año. En todo momento y temporada de nuestras vidas, debemos recordar que somos personas necesitadas de consejo y dirección. Pero es bueno mirar atrás, a lo vivido en este año, y ver todas las formas en que el Señor nos guió a través de Su Palabra y gracia. Y, al comenzar un nuevo año, encomendarnos al cuidado del Buen Pastor de nuestras almas; suplicando que Sus testimonios sean nuestras delicias y consejeros (Sal 119:24).
Le doy gracias a Dios por el ministerio de la Palabra en Consejería Bíblica en nuestras iglesias porque ha puesto en nosotros el llamado de llevar el consuelo y el aliento de Su Verdad para acompañar a los que sufren y para discipularnos unos a otros en el camino de la fe. Sin embargo, no podemos hacerlo solos. Necesitamos del Consejero Perfecto para poder hacerlo. Solo Él nos da la sabiduría necesaria (Stg 1:5). Solo Él nos capacita con Su Espíritu de inteligencia, Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor de Jehová (Is 11:2). Solo Él transforma los corazones con el poder del Evangelio para salvar a todo el que cree (Ro 1:16).
Aunque la Navidad debiera ser una temporada de gozo y celebración, sabemos que no borra ni nos libra de las aflicciones y pruebas por las que estemos pasando. Entonces, es especial y útil recordar que ese niño que nació en el pesebre es nuestro Consejero. Tenemos a Alguien a quien acudir en busca de Refugio y ayuda. El que nació en Belén lo hizo para ser un varón de dolores, experimentado en quebrantos (Is 53:3). El que llegó a este mundo en pobreza y debilidad se compadece de los pobres en espíritu y de los débiles (Mt 5:3). Él vino para ser el Médico divino de aquellos que se reconocen enfermos y necesitados de Él (Mr 2:17). Él sabe sanar corazones y vendar sus heridas (Sal 147:3); porque aunque Él también puede hacer llagas Él mismo las cura (Job 5:18).
Si en esta Navidad estás triste, frustrada, confundida o desilusionada. Si tienes incertidumbre sobre el futuro o ni siquiera sabes qué hacer el próximo día o el siguiente paso, no demores. Corre al Consejero. En Su Palabra hay ayuda y gracia abundante para ti.
Dios Fuerte
Durante todo el año sabemos que somos débiles, pero, al terminar otro año y al hacer un balance de todas las situaciones que hemos tenido que enfrentar, tal vez nos sentimos desanimadas y con muy pocas fuerzas. Sumando a eso, la lista de pendientes de Navidad, actividades por celebrar o comidas que preparar, te abruman más de lo que te alegran y ni siquiera has pensado con mucho gozo y energías en el siguiente año. Pero ¿qué mejor momento que en Navidad para recordar que nuestro Dios es el Dios Fuerte? Nosotros somos débiles y mucho. Pero Él Fuerte y Su fuerza no tiene límites. Él es la fuente insaciable de fortaleza y de poder (Is 40:12-28).
Sin embargo, Él conoce nuestras muchas limitaciones y así ha dispuesto que sea. Él nos ha escogido a nosotras: lo más necio del mundo, lo más débil, lo vil y menospreciado y lo que no es nada para avergonzar a todo el que se cree sabio, fuerte y que es algo. Esto lo hizo para que nadie se jacte en Su presencia y para que el que se gloría, que se gloríe en el Señor, en Aquel en quien lo más débil de Él es más fuerte que los hombres (1 Co 1:25-29; 31).
Hermana, se acaba el año pero no las fuerzas que tenemos en Dios. Su poder se perfecciona mejor incluso en nuestras debilidades (2 Co 12:7-10) porque así le damos toda la oportunidad de que sólo Su gracia y fortaleza nos sostengan. No temamos a nuestra debilidad ni a nuestras pocas fuerzas si esperamos en el Señor. Sí. Repite eso. Nuestro Dios es fuerte y los que esperan en Él tendrán nuevas fuerzas. Correrán y no se cansarán. Caminarán y no se fatigarán (Is 40:29-31). Cuando creías que ya no podías más, el Evangelio es la buena noticia de que en Cristo hay fuerzas para ti en esta Navidad y para empezar un año más. «Diga el débil: Fuerte soy» (Jl 3:10b RVR1960).
Descarga a continuación esta infografía con los nombre de Dios:

Diseño: Gabriela Rodríguez / @dinohaurio16






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