En la brecha: una oración por nuestras familias
- Laura Villalobos

- 29 may
- 3 min de lectura

Dios Todopoderoso, te alabamos. Santificamos tu Santo Nombre, te exaltamos como el único Dios verdadero, soberano, inmortal.
Estamos tan agradecidas por Tu misericordia, por Tu fiel y abundante amor, por inclinar Tu corazón y Tus oídos hacia los pecadores y concedernos salvación en Cristo Jesús. Te damos tantas gracias porque el día en que recibimos a Tu Hijo Amado en nuestros corazones nos diste la potestad de ser hechas hijas de Dios. Es por Tu gracia que somos parte de Tu familia, una familia eterna, perfecta, santa, pura y sin mancha. Es por la multitud de Tus misericordias que podemos llamarte: Abba Padre. ¡Gloria a Dios en las alturas!
¡Oh Señor! Nos has dejado un hermoso regalo aquí en la Tierra: la familia. Es a través del amor, del cuidado y de la enseñanza de nuestros padres terrenales que podemos conocer pinceladas de Tu amor, Tu cuidado y Tu enseñanza. Damos tantas gracias por los padres fieles que has puesto en nuestras vidas para cumplir Tus ordenanzas de enseñarnos a temerte a Ti durante toda la vida.
Con un corazón agradecido oramos por bendición sobre los padres y las madres que no ocultaron Tus verdades a sus hijos, sino que a la próxima generación le contaron de Tus gloriosas obras, de Tu poder y de Tus imponentes maravillas en Jesucristo. Gracias, Padre, por darles corazones que perseveraron en sus llamados, que no se dieron por vencidos, aunque se toparan con voluntades rebeldes y corazones distraídos. Gracias porque el poder del Espíritu Santo obró en ellos para salvación a su descendencia.
Y aun, Señor, en aquellas familias donde no se ha transmitido la fe de generación en generación, te bendecimos por Tu gracia. Porque has visto las lágrimas y has escuchado el clamor que te hizo descender en un acto soberano de amor y misericordia para rescatar corazones que te buscaban desesperadamente. Gracias, Padre, porque levantaste hijos Tuyos donde parecía que no había esperanza al no predicarse Tu Palabra en sus hogares. ¡Eres tan fiel!
Pero, Señor, también sabemos que hay muchos hijos que necesitan de esa fidelidad y valentía en sus padres y madres para darles a conocer el camino de salvación, y es nuestra súplica que levantes a estos padres con valor y denuedo. Que se paren en la brecha y respondan con un «¡Sí, Señor!» a Tu mandato de darte a conocer en sus familias, de modo que cada generación vuelva a poner su esperanza en Ti.
Amado Señor, concede que en todos los hogares cristianos haya padres que oren y trabajen para que, como dijo Josué, sus casas y ellos sirvan al Señor. Levanta mujeres como Rahab que por la fe cubrieron a sus familias con el hilo de la redención que es Cristo. Despierta más siervas como Rut que enseñen a sus familias a decir, con convicción y fe no fingida, «tu Dios será mi Dios».
Poderoso Padre Celestial, rogamos que, en muchas familias, al igual que lo hizo Tu siervo David, la oración por el legado familiar sea que le concedas a sus hijos el deseo de obedecer de todo corazón Tus mandatos, leyes y decretos. Que el Señor Jesucristo sea predicado, modelado y adornado en cada hogar. Que el Evangelio sea una conversación diaria entre padres e hijos en casa, y cuando vayan por el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten.
Rogamos por los corazones de los hijos que están siendo instruidos en la fe para que las buenas semillas de justicia que se planten en sus corazones y mentes levanten por Tu gracia una cosecha de amor. En Tu misericordia, ara la dura tierra de sus corazones. Que reconozcan que ahora es tiempo de buscarte para que vengas y hagas llover justicia sobre sus vidas. Señor, que sean semillas santas a partir de las cuales broten generaciones piadosas que vivan para darte gloria.
Padre, oramos por hijos que respondan como Samuel: «Habla, que tu siervo escucha», cuando les llames a creer en Ti y andar en Tus caminos. Que el Espíritu Santo les convenza de que han sido escogidos para conocerte, para creer en Ti y comprender que solo Tú eres Dios.
Que Tu reino venga a cada hogar, que Tu voluntad de que nadie se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento y a creer en la Verdad, que es Cristo, se cumpla en la tierra como en el cielo. Que por gracia divina podamos ver esta promesa en nuestra descendencia hasta el regreso del Señor Jesús: «Reconoce, por lo tanto, que el Señor tu Dios es verdaderamente Dios. Él es Dios fiel, quien cumple su pacto por mil generaciones y derrama su amor inagotable sobre quienes lo aman y obedecen sus mandatos» (Deut 7:9). Con acciones de gracias, en el Nombre de Jesús, amén.

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