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¿Cómo cultivar la lectura cuando tengo tantas cosas que hacer?


Si eres como yo, seguramente una de tus resoluciones cada año es dedicarle más tiempo al hábito de la lectura y crecer cada día más en él. Lamentablemente, vivimos en un mundo que se mueve a mil por hora; todos corremos de aquí para allá con un intenso frenesí tratando de cumplir con una extensa lista de obligaciones que tenemos como hijas, estudiantes, amas de casa o trabajadoras de oficina. Pero, al final, terminamos fallando una y otra vez en invertir tiempo en leer y desarrollar este hábito. Olvidamos que, en realidad, tenemos el tiempo suficiente para hacer lo que Dios quiere que hagamos hoy.


Como dijo Ana Ávila: «Tenemos tiempo para hacer todo lo que deberíamos estar haciendo, pero no tenemos que hacer todas esas cosas hoy». Por eso, en este artículo me gustaría compartirte algunas recomendaciones para cultivar el hábito de la lectura en medio de una agenda ocupada:


  1. Comienza orando

El mandato del Señor es que presentemos nuestras peticiones en todo tiempo (Fil 4:6). Por lo tanto, debemos orar para que Dios, por medio del Espíritu Santo, nos dé diligencia para hacer lo que deberíamos estar haciendo, y nos ayude a aprovechar los recursos que tenemos a nuestro alcance, incluyendo los breves tiempos que tenemos para leer. Al fin y al cabo, esa diligencia nos conducirá a tener sabiduría y propósito para gloria Suya.


  1. No te olvides de leer el Libro principal

Antes de leer cualquier libro, debemos llenarnos del Gran Libro. Como cristianas, cultivar el hábito de leer la Biblia no es una opción. Por tanto, si queremos darle lugar a la lectura de buenos libros, tenemos que estar saturadas del mejor de los libros: la Palabra de Dios. Por medio de ella somos iluminadas, guiadas y equipadas con lo que necesitamos para tomar decisiones sabias y hacer Su voluntad en nuestras vidas cada día (Sal 119: 105; 2 Ti 3:16-17). No existe un sustituto para ella.


  1. Sé realista

No podemos hacerlo todo en un día (aunque quisiéramos). Tal vez, tu lista de obligaciones es muy larga dependiendo de la etapa en la que te encuentres. Aun así, no fuimos hechas para hacerlo todo, sino para ser fieles al Señor, incluso en lo que parece poco (Lc 16:10-13). Si pretendemos correr una maratón cuando no lo hemos hecho nunca, no podremos alcanzar la meta por más que nos esforcemos. Así también sucede con la lectura; por esa razón, debemos establecer un plan de lectura realista que se adapte a nuestras circunstancias actuales y seamos consistentes con ello.



  1. Recuerda que no se trata de cantidad sino de calidad

No se trata de cuántos libros podemos leer, se trata de cómo lo hacemos. Es decir, a veces nos preocupamos más por leer mucho en lugar de sacarle el mayor beneficio al tiempo que designamos para leer. Amada hermana, si tienes sólo 5 minutos para leer, sácale el máximo provecho a ese tiempo.


  1. No trates de acelerar

Tal vez, por querer cumplir con todos los pendientes de nuestra lista de tareas terminamos cayendo en el error de leer rápido para poder terminar lo más pronto posible. Sin embargo, si presionas el acelerador, al final te darás cuenta que el tiempo que tenías fue desperdiciado. Te animo a que te detengas y disfrutes de tus pequeños momentos de lectura. Además, te recomiendo que lo hagas después de avanzar con las tareas más importantes de tu lista. 


Escucha y examina con cuidado todo lo que el autor tiene para decirte. Sé pronta para escuchar y lenta para hablar. Recuerda, como dice el libro de Proverbios, que las cosas bien pensadas tienen un resultado provechoso, pero cuando se hacen a la ligera, el resultado es desastroso (Pr 21:5).


  1. Empieza por libros cortos

Para poder cultivar este hábito, y cualquier otro hábito piadoso, te sugiero que comiences de a poco. Puedes elegir libros cortos y de pocas páginas que te ayuden a adaptarte a la lectura. Así, conforme vayas tomando el ritmo, podrás leer libros de mayor volumen o de más páginas y terminarlos en menos tiempo.


  1. Organízate mejor

Si tienes tiempo para revisar tus redes sociales de manera constante, estoy segura de que puedes hacer un espacio para la lectura. Si tienes una apretada agenda, si eres ama de casa o tienes un trabajo agotador, aun así, puedes leer. Nada impide que desarrolles el hábito de lectura, que es tan importante, pero debes considerar organizarte mejor. Por ejemplo: escribe todo lo que tengas que hacer durante el día, elige las actividades que no puedes dejar de lado y determina cuándo y cuánto tiempo leerás, teniendo en cuenta esas prioridades de la lista. 


Algo que también puedes intentar es apilar un hábito a otro. Esto es, por ejemplo, si en las mañanas tomas un café para desayunar, intenta leer en ese momento; o, cuándo ya estés lista para dormir, toma un libro asignado y lee un par de líneas. Esto te ayudará a ser constante.


  1. Lee donde puedas

Puedes llevar tu libro a cualquier lugar. Así que, cada vez que salgas de tu casa, puedes aprovechar para leer. Ya sea que estés esperando tu turno para hacer una compra, en la fila del banco, en una sala de espera, o en el baño. Sea donde sea, siempre es un buen lugar para leer.


  1. Sé parte de un club de lectura

Por último, algo que puede ser de mucha ayuda es participar de un club de lectura entre creyentes. Este es un espacio donde varias personas se reúnen para hacer algo tan sencillo como leer libros que edifican y ayudan a desarrollar este hábito tan importante en la vida de un cristiano: la lectura. 


Si no encuentras un club de lectura o uno que prospere en el tiempo, puedes iniciar uno con amigas que también quieran desarrollar el hábito pero sienten que no pueden, ya sea por su agenda o por falta de constancia. Te recomiendo que lo hagan ajustándose a sus propias circunstancias. De hecho, pueden reunirse y leer en ese tiempo en que estén reunidas porque, aunque sólo lo hagan en ese momento, leer y compartir juntas será de mucha bendición. Además, ésta puede ser una forma de rendir cuentas las unas a las otras, lo cual también es importante.


Amada hermana, agradezco el tiempo que te has tomado para leer este artículo y agradezco al Señor por el anhelo que tienes de seguir cultivando este hábito. Sé que no es fácil desarrollarlo en medio de una agenda ocupada, pero espero que estas recomendaciones te puedan ayudar. Recuerda que, sobre todo, tenemos la ayuda del Espíritu de Cristo para hacerlo. Mi deseo es que sigas perseverando un paso a la vez, ya que:


Un buen libro te confronta,

incomoda,

desafía,

anima.


Un buen libro te hace reflexionar

y te invita a regresar a sus páginas

una vez más.


La verdadera riqueza de encontrar un buen libro y leerlo, 

aunque mi agenda esté llena, 

es que me lleva a pensar y contemplar

la belleza de las palabras escritas en tinta.


La verdadera riqueza de un libro

se disfruta interactuando con él, 

como si estuvieras tomando un café con su autor.


Un buen libro te enseña,

te ayuda a tener distintas perspectivas,

te invita a conocer.


Un buen libro te recuerda

que la mente que Dios te ha dado 

es para glorificar y exaltar Su grandeza.


Ama leer, y hazlo porque

te permite leer mejor el mejor Libro:

La Biblia, la Palabra del Gran Autor.




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